España, 25-09-2016

El Papa, Obiang y el pueblo de Guinea Ecuatorial

plaza-del-relojespacioseuropeos.com (8/4/2005)
La Iglesia Católica de Bata -la jerarquía-, vive desde hace algunos años una auténtica “luna de miel” con el Gobierno de Teodoro Obiang Nguema. No son pocos los que opinan que, aparte de intereses comunes, el Vaticano no quiere problemas en una zona donde las “otras” religiones están dando pasos agigantados en su expansión, especialmente las iglesias norteamericanas.

Pues bien, con este panorama a la vista, la Iglesia Católica de Guinea Ecuatorial y Obiang vieron la necesidad de tomar parte y quizás, también, competir en lo mediático. A tal efecto, y con motivo de la muerte del Papa, acordaron la celebración de una misa en la Plaza del Reloj de Bata, también conocida como Avenida de Juan Pablo II. Aunque otros, los más viejos del lugar, la conocen como la Plaza de Mocache. El sobrenombre le viene por un suceso macabro que tuvo lugar allí: el ndowe Mocache y su hermano, fueron ahorcados en esa plaza.

Ahora, con motivo del fallecimiento del Papa, el presidente de la República de Guinea Ecuatorial decretó tres días de luto, provocando aún un caos mayor del habitual. Todas las dependencias oficiales han cerrado durante estos tres días. El panorama es indescriptible.

El pasado lunes, día 4, fue la fecha acordada para la celebración de la misa. El Obispo de Bata junto a más de 30 sacerdotes iba a concelebrar esa Misa ante centenares de fieles y curiosos.

La hora prevista era para las 16 horas. Llegada la hora de la celebración y ya todo preparado, el nerviosismo del Obispo y los sacerdotes era visible: el presidente Teodoro Obiang no aparecía.

El público esperó impaciente y enfadado. Después de una hora y quince minutos apareció Obiang rodeado de militares, policías y su seguridad personal, integrada por marroquíes y ecuatoguineanos. La Plaza del Reloj fue tomada literalmente.

Por lo que respecta a la Misa, fue muy emotiva, con coros de Ntomobe, Fang, Ndowe y en español.

Ya a punto de finalizar el acto, y antes de que el Obispo pronunciase el “podéis ir en paz”, éste comunicó que el Presidente Obiang iba a dirigir unas palabras a los congregados.

Como si los allí reunidos se hubiesen puesto de acuerdo, fueron abandonando lentamente la plaza, ante el estupor de las fuerzas de Seguridad, que miraban atónitos a uno y otro lado.

En menos de diez minutos, los alrededores de la Plaza del Reloj se quedaron vacíos…

El comentario generalizado de los asistentes era el siguiente: “quien le ha llamado a este para que venga aquí”.

Todo un síntoma que casi nadie quiere ver y otros, encima, apoyan.


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826