España, 18-12-2017

Historial de agosto de 2007

Biblioteca y Hemeroteca Nacional: entre Don Marcelino y Doña Rosa

José Manuel González Torga (25/8/2007)
Hay una legión de españoles que, en los últimos tiempos, han sido prejubilados en torno a los 50 años. En cambio Rosa Regás, que presume de pelirroja y de republicana, fue nombrada, pasados los 70 años, en 2004, directora general de la Biblioteca Nacional (nacional de España).

Era como una excepción a destiempo, ya que no solo carecía de antecedentes ad hoc, sino que, en 2001, había obtenido el Premio Planeta de Novela que alcanzaba entonces la nada despreciable cifra de cien millones de pesetas a la mayor gloria de tan conspicua representante de la gauche divina.

Con tales premisas, la labor de Rosa Regás al frente de la Biblioteca Nacional ensarta un despropósito tras otro.

Lo más sorprendente son sus manifestaciones asegurando que hace meses que no lee la Prensa y que “afortunadamente cada vez se venden menos periódicos”.

Desde el deseo, atribuido a Carrero Blanco, de que los periódicos se deberían dispensar en las farmacias y con receta, los más ancianos del lugar no recuerdan otra boutade tan semejante. Con el agravante de que la antigua Hemeroteca Nacional es -por decisión del último Gobierno de Felipe González– un departamento de la Biblioteca Nacional.

Algo después, el 16 de enero de 1998, este mismo periodista que hoy escribe, firmaba un artículo en “Abc”, titulado “Sin Hemeroteca Nacional”. La realidad es que nunca hemos estado tan sin Hemeroteca Nacional, como ahora, con el sustitutivo de aquel organismo, deglutida por una Biblioteca Nacional, en manos de alguien que ni aprecia ni lee nuestros periódicos.

A la disyuntiva entre un país sin periódicos o sin Gobierno  cabría parangonar, en caricatura, la alternativa entre un país sin periódicos o sin Rosa Regás. Por críticos que seamos con la Prensa, y debemos serlo, todavía hay clases en este terreno.

Editora, traductora y autora con alguna novela estimable, a juicio de opinantes ajenos a los círculos de bombos mutuos, tampoco es una primera firma. Entre los críticos del Círculo de Fuencarral, a la sombra satírica de “La Fiera Literaria”, ha sido clasificada entre los tremendistas folklóricos, subdivisión de los costumbristas actuales, paralela a los castizoplastas y los pornocasposos. Como se ve, por ahí no sale mal librada del todo.

Con otro toque de humor, para alguno de sus libros de no ficción, han trastocado sus apellidos –Regás Pagés– para aludir al corta y pega, con el juego “Ragés Pegás”. Combinado, en el fondo inocente, con su dosis de broma.

Peor humor tiene ella y lo puso de manifiesto cuando calificó de delincuentes a los funcionaros de la Biblioteca Nacional que la critican. Además no solo les calificó de delincuentes sino que los amenazó en sede parlamentaria: “Lo van a pagar” dijo, tal y como hubiera podido hablar un anacrónico señor de horca y cuchillo. En tres meses ya había liquidado a tres gerentes de la institución.

De hecho, no ha cesado a Don Marcelino Menéndez y Pelayo porque no llegó a tiempo. De ahí que la tomara con la estatua del polígrafo, a la que quiso desplazar y postergar.

Lo que pasa es que Don Marcelino y su estatua pesan mucho. Sus obras completas en la Edición Nacional (CSIC) son 67 volúmenes de grueso calibre.

Cuando Menéndez y Pelayo contaba 37 años, Leopoldo Alas “Clarín” debió de pedirle unos datos autobiográficos, que aquel le remitió. Entre otros figuraban los siguientes párrafos:

“Me gradué de Doctor en 1875 con la tesis que usted conoce “De la novela entre los latinos”; obtuve aquel año el premio extraordinario del Doctorado en oposiciones con Joaquín Costa, uno de los mejores estudiantes que he conocido en mi vida…”.

“En los años que van  desde el 76 al 78, en que hice oposiciones a la cátedra, viajé por Italia, Francia, Países Bajos y algo de Alemania, con una subvención que me dieron, primero el Ayuntamiento y la Diputación de Santander, y luego el Ministerio de Fomento. Vi muchas Bibliotecas, asistí a muchas clases, trabajé de firme”.

Basándose en la comunicación de Menéndez y Pelayo, “Clarín” comentó con garbo su trayectoria en  un artículo publicado en el periódico “La Publicidad”, de Barcelona, el 19 de febrero de 1894.

Aquel director santanderino de la Biblioteca Nacional fue catedrático universitario, académico de la Lengua, de la Historia, de Ciencias Morales y Políticas y de Bellas Artes. Consejero de Instrucción Pública, Diputado en dos etapas, Senador… una personalidad que podía glosar con buen talante “Clarín”, pero que pone de los nervios a Rosa Regás.

Hasta cuando el acerado escritor abomina del lado negro del Periodismo, que lo tiene, como eterno “incitador de rencores y miserias” o cuando bufa contra periodistas con la descalificación de “mala y diabólica ralea”, hay una grandeza en sus diatribas. No vienen dadas, como en el caso de Rosa Regás, por algo tan circunstancial como las informaciones u opiniones sobre el Gobierno de turno, al cual ella debe el cargo.

El célebre escritor portugués José María Eça de Queiroz tampoco regateó acusaciones a la Prensa, que conocía bien por dentro, ya que practicó el oficio; pero, en sus “Cartas de Fadrique Mendes”, remata el duro cuestionamiento en una de las misivas con un quiebro de despedida al amigo: “Perdona, tengo que ir a leer los periódicos”. Resulta compatible.

En definitiva, Don Marcelino, estudioso de los heterodoxos, tampoco dejaba de leer los periódicos en bloque. Lo  cortés no quita lo valiente.

Una conclusión final, salvada la frontera del tiempo: para pastorear los tomos de le Hemeroteca, mejor Don Marcelino que “Doña Rosa”.

N. de la R.
El autor, José Manuel González Torga, es periodista, Profesor de “Redacción Periodística” en la Universidad San Pablo CEU y Presidente de la Asociación Española de Hemerografía.

 

 



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La semana pasada, el Gobierno aprobó una asignación financiera de 82.003.395,80 de



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Los Presidentes de Gabón, Congo, Chad, República Centroafricana y Sao Tomé y Príncipe celebran con Obiang Nguema el Golpe de Estado. 28 años de una cruel dictadura

Abaha (3/8/2007)
Hoy, 3 de agosto de 2007, se cumplen 28 años del Golpe de Estado que Teodoro Obiang Nguema dio contra su tío Francisco Macías, entonces Presidente de la República de Guinea Ecuatorial. Cinco presidentes africanos le acompañan celebrando con regocijo las “bendiciones” de la dictadura.

Omar Bongo Ondima (Gabón); Denis Sassou Nguesso (Congo); Idris Deby (Chad); Francois Bozizé (República Centroafricana); Fradique de Menezes (Sao Tomé y Príncipe); y el primer ministro de Camerún, en representación de Paul Biya, llegaron ayer a Malabo para participar en los actos conmemorativos del Golpe de Estado del 3 de agosto de 1979.

Obiang va a celebrar estos fastos con la preocupación metida en el cuerpo de que puedan intentar acabar con él.  Y quizás no anda descaminado. Por eso, en su Palacio de Mongomo se encuentran acuartelados, en dos recintos, algo más de una decena de “profesionales” israelitas que velan por su seguridad. La labor de estos “expertos” en seguridad es muy amplia: obtener información, protección y asistencia en casos extremos, y un largo etcétera.

Junto a la aparición de miles de “panfletos” distribuidos en Malabo y Bata, principalmente, criticando al dictador, se une el descontento de los militares profesionales, lo cual aumenta la preocupación de las autoridades guineanas.

Por otro lado, el dictador debe estar al tanto de que el DECAM (Demócratas por el Cambio), y el Partido del Progreso, se encuentran en sus mejores momentos, a pesar de que su actividad se desarrolla ahora, más que nunca, con cierto sigilo. Parece que Severo Moto ha vuelto a recuperar la relación con sus amigos ingleses y que las andanzas de Pedro Germán Tomo Mangue por Europa y África, están poniendo más que nervioso a Teodoro Obiang Nguema.

De la ¿muerte? del italiano Igor Cellotti, acaecida cuando volaba en un “ultralijero”, en compañía del español Juan Cruz, Obispo de los Testigos de Jehová en Guinea Ecuatorial, no sabemos mucho más. Eso sí, según parece, pocos días antes, había tenido que desplazarse en varias ocasiones de forma urgente a Palacio, para entrevistarse con el presidente de Guinea Ecuatorial.

Según nuestras fuentes, el Primer Ministro, Ricardo Mangue la habría mandando un “Oficio” al italiano Igor Cellotti, en el que se le indicaba que sus “salidas” del país quedaban reducidas, ya que -eso no figuraba en el Oficio-  las autoridades guineanas especulaban con que se solía reunir con la oposición fuera de Guinea Ecuatorial.

El cadáver de Igor Cellotti fue encontrado totalmente calcinado, así como el aparato en el que, Juan Cruz y él, volaban, pero no así su maletín y algunas otras pertenencias, que aparecieron a los pies de su cadáver, intactas. Y otro dato curioso, el anillo de bodas, no estaba en su mano derecha, razón por la que la familia ha solicitado la prueba de ADN.

Pero, ¿dónde está Juan Cruz? Totalmente ileso del “grave accidente”, nadie sabe donde se encuentra. Unos creen que en Canarias; otros, estiman que sigue en Guinea Ecuatorial. El caso, es que después del “accidente” nadie sabe nada de su paradero…

De lo que si se tienen noticias es de un talón por valor  de 500 millones de Francos Cfas., que firmó el italiano fallecido y que alguien cobró…




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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826