España, 11-12-2017

Condenadas a muerte por lapidación en Irán. La violencia y la discriminación contra las mujeres continúa

Yolanda Alba (12/4/2008)

LOS JUECES IRANÍES CONTINÚAN imponiendo condenas de muerte regularmente, a pesar de las insistentes protestas local e internacional por parte de la ciudadanía, de activistas de derechos humanos, de los medios de comunicación y de la comunidad internacional.

A pesar de la moratoria que declaró sobre la lapidación en 2002 el ayatolá Shahroudi (jefe de la magistratura iraní), “El adulterio es el único delito en Irán que puede conllevar la pena de muerte por lapidación, pero todas las relaciones sexuales fuera del matrimonio son ilegales”, los jueces continúan imponiendo condenas de lapidación de modo particular y desproporcionado a las mujeres por el delito de adulterio. Y lo grave es que estas condenas a muerte por lapidación están siendo ejecutadas, cuando los jueces iraníes deberían respetar el Derecho Internacional en lugar de violar las obligaciones que ha asumido Irán en relación con los derechos humanos.

El adulterio es el único delito en Irán que puede conllevar la pena de muerte por lapidación, pero todas las relaciones sexuales fuera del matrimonio son ilegales. Además, no debería ser castigado por la vía penal, ya que se produce una violación del derecho a la intimidad.

La lapidación constituye, en cualquier caso, una violación de los derechos humanos fundamentales y la ONU condena su práctica por considerarla una forma prolongada de tortura.

EL (TRISTE) CASO DE LAS HERMANAS KABIRI

“Tras la ejecución de la pena, en lugar de ser liberadas, las Kabiri fueron reenviadas sin explicación alguna a prisión”. En uno de sus últimos ataques contra los derechos de las mujeres iraníes, los jueces de ese país han condenado a dos hermanas (Zohreh y Azar Kabiri) a morir lapidadas. En este momento, y después de las acusaciones de adulterio formuladas por el marido de una de ellas, están detenidas. Tras el primer juicio (celebrado sin presencia de un abogado defensor) el Tribunal General de Ferdis las declaró culpables condenándolas a 99 latigazos.

Tras la ejecución de la pena, en lugar de ser liberadas, las Kabiri fueron reenviadas sin explicación alguna a prisión, donde se las citó para un nuevo juicio en el Tribunal Penal de Teheran. En agosto fueron condenadas a muerte por lapidación, decisión autorizada por el Tribunal Supremo.

“Aunque pocos casos como éste salen a la luz, tristemente esta es la situación de la mayoría de las mujeres que viven bajo leyes musulmanas”. Este caso ha movilizado de nuevo a la oposición en el exilio, las redes de acción, las asociaciones internacionales de apoyo a mujeres (Equality Now, Forum de Mujeres Periodistas del Mediterráneo) y a otras organizaciones que promueven el desarrollo de la democracia para las mujeres en situación precaria de desigualdad en muchos de los países musulmanes.

Aunque pocos casos como éste salen a la luz, tristemente esta es la situación de la mayoría de las mujeres que viven bajo leyes musulmanas. El abogado de las hermanas, Jabar Solati, ha presentado un recurso de apelación ante el Tribunal Supremo para exigir que la condena de lapidación sea revisada. Sostiene que es inconstitucional haber juzgado una segunda vez a las hermanas por un delito por el cual ya fueron condenadas y castigadas.

OTRA FORMA DE DISCRIMINACIÓN

Ciertamente, la muerte por lapidación viola el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (ICCPR) ratificado por Irán. Éste prohíbe claramente la tortura y el trato y castigo crueles, inhumanos y degradantes. “Una de las consecuencias del fracaso del gobierno iraní por defender la igualdad de géneros es que las mujeres son acusadas de un modo desproporcionado por los delitos sexuales”. También limita la imposición de la pena de muerte únicamente en los delitos más graves.

Además el adulterio es un acto privado y no debería conllevar sanciones penales. El Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas ha declarado que la protección frente a interferencias arbitrarias o ilegales que establece la ICCPR incluye la relación sexual consentida entre adultos dentro de la esfera privada. Según el Comité de derechos Humanos de la ONU, que vigila el cumplimiento del pacto por parte de los Estados partes, la lapidación resulta incompatible con las obligaciones del país persa.

Específicamente, una de las consecuencias del fracaso del gobierno iraní por defender y hacer cumplir la igualdad de géneros es que las mujeres son acusadas de un modo desproporcionado por los delitos sexuales. La condena por adulterio a las mujeres es una de las numerosas formas de discriminación contra las mujeres en Irán. Y esas leyes discriminatorias contra las mujeres que se consagran en los Códigos Civil y Penal de Irán desempeñan un papel fundamental en la perpetuación de la violencia contra las mujeres.

UNA DESIGUALDAD OFENSIVA

“El testimonio de una mujer vale la mitad del de un hombre, y además debe ser corroborado por el testimonio de un hombre”. Es obligatorio recordar hoy algunas alienaciones que padecen: para las niñas es posible casarse legalmente a los 13 años, ya que la ley establece que son adultas a los 8 años y 9 meses (esto implica que pueden ser castigadas con penas como flagelación, lapidación y horca por adulterio).

Para los hombres existen la poligamia y los matrimonios temporales en cambio, las mujeres pueden obtener el divorcio sólo con gran dificultad, y la posibilidad de que sea el padre o el abuelo paterno quien obtenga la custodia de los hijos mayores de 7 años es elemento disuasorio que obliga a muchas mujeres a continuar casadas aunque sufran malos tratos.

El testimonio de una mujer vale solamente la mitad del de un hombre en todos los casos civiles y penales, y además debe ser corroborado por el testimonio de un hombre para demostrar una violación, de acuerdo con la ley Hudood. Esto hace que sea extremadamente difícil procesar a alguien por delito de violación. Etcétera, etcétera, etcétera, etcétera…

N. de la R.

Yolanda Alba es periodista, escritora y editora. Es fundadora del “Forum Femmes Journalistes de la Méditerranée”.

Este artículo se publica gracias a la gentileza de Safe Democracy.

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826