España, 25-06-2018

La India pide ayuda para reforzar sus fuerzas armadas y de seguridad, mientras se gasta ingentes cantidades de dinero en armamento

Mi Columna
eugenio1Eugenio Pordomingo (29/11/2008)
Esta misma mañana hemos podido escuchar con asombro al jefe de la Policía de Bombay, Hasan Gafoor, responsable de las operaciones llevadas a cabo en la ciudad, la más conocida, la del hotel Taj Mahal. Veamos.

Las operaciones militares que las fuerzas de seguridad indias estaban desarrollando contra los últimos focos de resistencia de los atacantes, terminaron sobre las cuatro de la madrugada de hoy (hora española), de acuerdo con lo comunicado por el aludido jefe de la policía de Bombay.

“El Taj está bajo control”, indicó el jefe de la Policía, en una meditada rueda de prensa, para continuar explicando la carencia de medios que tienen las fuerzas de seguridad indias. Para enfatizar su discurso, el tal Hasan Gafoor, se prodigó en detalles sobre el escuálido armamento de sus fuerzas de seguridad en comparación con los poderosos AK-47 que portaban los terroristas.

De alguna forma, el jefe de la Policía de Bombay estaba pidiendo ayuda a la Unión Europea y a Estados Unidos, aunque con seguridad ya se han celebrado conversaciones de alto nivel para ello. ¿Alguien se imagina en la India a un jefe de policía ofreciendo ruedas de prensa por su cuenta y riesgo? Queda claro que el Gobierno indio está detrás de estas declaraciones.

Pero, el tal Hasan Gafoor, jefe policial, podía haber mencionado también la ineficacia de los servicios de inteligencia de su país -y del resto-, ofuscados y enfrascadas, quizás, más en reprimir y acallar a las víctimas de la tragedia de Bhopal, por ejemplo.

Recordemos la tragedia de Bhopal. El 3 de diciembre de 1984 se produjo una fuga de unas cincuenta toneladas de isocianato de metilo en una fábrica de pesticidas, propiedad de la compañía estadounidense Union Carbide (ahora eliminó ese nombre y se asoció con Dow Chemical). La falta de seguridad y la carencia de las más mínimas precauciones, entre otros muchos factores, dieron lugar a esa inmensa tragedia, en la que murieron cerca de 10.000 personas en la primera semana. Las muertes se produjeron por asfixia, debido a la enorme nube tóxica. Más de 12.000 han muerto después por los efectos de los gases. La cifra va evolucionando. En total, con mayor o menor intensidad, unas 600.000 personas se han visto afectadas por negligencia, falta de atención, materiales obsoletos, y un largo etcétera.

Hasta ahora, que sepamos, la empresa responsable no ha reconocido su culpa, ni ha sido sancionada, ni ha ayudado a las víctimas. El gobierno de la India, más bien ha recurrido a la solidaridad internacional para contrarrestar los efectos letales del gas que inundó la atmósfera. Sin embrago, al Gobierno indio le están llegando, y ahora le va a llegar más, cantidades ingentes de armamento y dinero para comprarlos.

El jefe de la policía de Bombay, el señor Hasan Gafoor -o el Gobierno indio- nos podía haber relatado las ingentes cantidades que se gasta su país en investigación, desarrollo y fabricación de armamento, incluido bombas atómicas. Todo ello, con el pretexto de “añadir leña” en la larga tensión dialéctica y bélica que mantiene con su vecina Pakistán, donde acontece otro tanto.

De paso -entre todos- deberíamos pensar en el inmenso error, tremendo error, que llevaron a cabo los ingleses, al dividir la India en dos y en dos religiones.

Sobre la valentía o no de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, en su rocambolesca salida de Bombay, y de la incapacidad y de falta de organización -una vez más- del ministerio de Asuntos Exteriores de España, en este caso, al enviar un pequeño avión de alquiler para recoger a los españoles (parte) que se encontraban allí, tendremos que hablar…

Por cierto, ¿ningún servicio secreto del mundo occidental fue capaz de detectar, imaginarse o presentir lo que se estaba preparando?

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826