España, 17-12-2017

Obiang Nguema Mbasogo debe abandonar el poder, o ser expulsado del mismo

Severo Moto Nsa (9/12/2008)
Viniendo de donde viene, esta exclamación va a parecer -para los defensores de Obiang y su régimen, que son muchos- un gesto más de venganza o airada reacción contra el presidente de Guinea Ecuatorial. O simplemente una “apología de la violencia”.

Yo estaba en Guinea Ecuatorial -acababa de ser extraído de una terrible cárcel de 3 años, sin juicio y sin condena, en Black-Beach- por las mismas razones de rechazo y desprecio que me sigue produciendo el repugnante trato que la tiranía que acaba de cumplir 40 años, hace a mi pueblo, y que me mantienen alejado de mi país. Estaba en Guinea Ecuatorial aquel 2 de Agosto de 1979 en que los rumores de un golpe de estado contra Macías Nguema, por su sobrino Obiang Nguema, empezaron a invadir la ciudad de Santa Isabel y sus ecos se filtraban por entre los cacaoteros, como si de las trompetas del Apocalipsis se tratara, resucitando “a los muertos”. Al transformarse el rumor en noticia real, las antes vacías calles de Santa Isabel se vieron de repente invadidas de un inusual hervor, trasiego y griterío de ciudadanos que saludaban el fin de Macías Nguema. (No estoy seguro de que también era por la llegada de Obiang Nguema…)

Las primerísimas declaraciones del nuevo “hombre fuerte” de Guinea Ecuatorial (¡todos los “hombres fuertes” africanos son siempre militares golpistas motorizados desde fuera…!) fueron muy esclarecedoras. Obiang Nguema dijo públicamente (estaba yo):

“Yo reconozco que por mi formación no merezco esta responsabilidad; pero mis compañeros (militares) lo han decidido”.

Reconozco que tuve un profundo sentimiento de afecto y valoración humana hacia el militar golpista que tenía la humildad de reconocer su inutilidad. Poco después, Obiang Nguema proclamó a los cuatro vientos que iba a proceder de inmediato a la entrega del poder a los civiles. Todavía le quedaba a uno la esperanza de que ese militar que tan humildemente se reconocía incapaz, (por su escasa formación) de afrontar las responsabilidades de dirección del país, fuera a ser consecuente al afirmar que iba a entregar el poder a los civiles, de forma inmediata.

Yo me atrevo a seguir afirmando que todavía mantengo restos de mi inicial fe en la sinceridad de aquel militar golpista, Obiang Nguema, que siempre se proclama “soldado español”. Sigo pensando que él sabe que no estaba, ni está preparado para presidir Guinea Ecuatorial, y sabía y sabe que debe entregar el poder a los civiles.

A uno le sigue preocupando saber en qué momento el “hombre fuerte”, Obiang Nguema, se creyó esto de ser el “hombre fuerte” (título siempre extranjero…) y abandonó su fe profunda en sí mismo, como incapaz de la responsabilidad de ser presidente de Guinea Ecuatorial, y dispuesto a entregar el poder a los civiles. Para mí, ese cambio de postura, de lo sincero e íntimo de antes, a lo peligrosamente falso de hoy, ha mediado, no tanto la sola voluntad de Obiang Nguema Mbasogo, sino algo más. Alguien… más.

No me olvidaré nunca de las declaraciones del tirano torturador de Guinea Ecuatorial, Obiang Nguema, en aquellos años de los inicios del proclamado y frustrado proceso de democratización de Guinea Ecuatorial (1992-1996). Asustado por el imparable crecimiento del Partido del Progreso, su profunda e íntima conexión con el tejido social guineo ecuatoriano y el ruido que el Partido del Progreso producía en el país, Obiang Nguema repetía constantemente: “Yo no le tengo miedo a Severo Moto ni al Partido del Progreso; al que tengo miedo es al que está detrás de ellos…”. Es cierto que Obiang Nguema conocía la conexión del Partido del Progreso, como miembro de pleno derecho, con la Internacional Demócrata Cristiana; no ignoraba la labor política del Partido del Progreso en España y las naturales amistades políticas que acumulamos durante los largos años del primer exilio, (1982-1992). Pero no es menos verdad que lo que quería ignorar es la espectacular aceptación que el Partido del Progreso obtenía en Guinea Ecuatorial.

En definitiva, durante los años 1992 a 1996, Obiang Nguema, que ya se había olvidado de su incapacidad para gobernar y de su propósito de entregar el poder a los civiles, subido, como un verdugo al cadalso de la tortura sistemática, estaba más colgado de las prohibiciones que recibía del exterior (España) para que no se pasara… en las torturas, asesinatos y encarcelamientos arbitrarios. Muy particularmente reconozco que me he librado de asesinatos a manos de Obiang Nguema o de alguno de sus expertos torturadores, porque, en momento oportuno ha llegado una llamada de España, o del Vaticano, quizás de los Estados Unidos, que ha parado la mano asesina del régimen.

Lo mismo que podría parecer oportunista o incluso falso aseverarlo, también sería pueril no considerar la coincidencia, entre el abandono de la comunidad internacional, (España, especialmente) y la soltura de manos de la tiranía de Obiang Nguema para actuar sin frenos contra la población de Guinea Ecuatorial. Son dos situaciones que coinciden inseparablemente Incluso para que la mano asesina de la tiranía se mueva, alargada e impune, por el mundo, secuestre, rapte y extradite a guineanos. Obiang Nguema es muy peligroso cuando no tiene frenos desde fuera.

Alguien dirá, con toda la razón, que todo empieza desde el momento en que el PETRODOLAR permite a Obiang Nguema y su régimen comprar y pagar muy bien, voluntades, autoridades, personalidades, Gobiernos y Estados extranjeros… Algo que viene siendo tan palmario y vergonzoso que deja sonrojados a los propios guineoecuatorianos…

Un buen día, y ante el gran asombro de Guinea Ecuatorial y de la comunidad internacional, las emisoras de Radio y televisión oficiales de Guinea Ecuatorial lanzaron por sus antenas el edicto universal por el que proclamaban a Obiang Nguema Mbasogo ¡”dios”!; y aseguraban que ningún delito que cometa Obiang Nguema en Guinea Ecuatorial será castigado por Dios (a quien el propio tirano considera “colega”, como le llamó al Papa Juan Pablo II, en su visita a Guinea Ecuatorial…)

Un “dios”, cargado de dinero, presidente del tercer país productor de hidrocarburos de África, irresistible comprador y debilitador de voluntades, Obiang Nguema Mbasogo se siente peligrosamente libre para haber llevado a Guinea Ecuatorial (país y pueblo) a la postración en que se halla.

Leer las crónicas de internet sobre la situación social, política, económica, cultural de Guinea Ecuatorial, solo nos reafirma lo sincero que fue Obiang Nguema cuando dijo, después de asesinar de un golpe de estado a su tío Macías: “Yo reconozco que por mi formación, no me merezco esta responsabilidad …”

Obiang Nguema Mbasogo, presidente de Guinea Ecuatorial actúa con plena conciencia de que lo hace mal; sobre todo porque sabe que no está preparado. No lo estuvo cuando comenzó; cuarenta años después, Obiang Nguema solo nos viene probando que actúa impelido por la mentira o quizás acorralado en ese terrible círculo donde corrompe a mansalva y a porrazos, a todos; y, a la vez, es despiadadamente corrompido por todos, absolutamente… para tragedia de Guinea Ecuatorial.

Por eso, si es verdad que “ad imposibilia nemo tenetur” (Nadie está obligado a lo imposible), es obligado proponer a Obiang Nguema que se retire y abandone el poder de Guinea Ecuatorial, simplemente en base a su propia sinceridad al reconocer desde el principio, su incapacidad. Y porque, metido en ese círculo vicioso, le es imposible salirse de ese atolladero.

En este irreversible estado de cosas, yo no dudo en levantar mi voz y unirla a la del prestigioso sacerdote africano, Premio Nobel de la Paz, Reverendo Desmond Tutu que ha dicho: “Si Robert Mugabe no se retira, debe ser expulsado por las fuerzas armadas…”. Extiendo, asimismo, mi grito para unirlo a las recientes declaraciones de Condoleezza Rice que ha pedido a la comunidad internacional que ponga fin a la tiranía de Robert Mugabe.

Porque, mientras uno, Obiang Nguema, viene perpetrando un delito de lesa patria y un genocidio masivo (a parte de los asesinatos y torturas) al ser él mismo un potente y recalcitrante transmisor del SIDA (mortal pocilga en la que se revuelca con la mayoría de sus hermanos, Ministros y adláteres, destrozando la vida de un 60% de la población juvenil guineana; el otro tiene hundido a su población en una trágica epidemia de cólera que está diezmando a la población. Dos situaciones de dos pueblos y dos países africanos, de dos amigos íntimos… y parecidos.

 Si a esta situación, vergonzosa y vergonzante del SIDA se le añade el estado de destrucción moral, política, física y de desesperación que vive el pueblo guineano, no dudo ni me arrepiento de haber comenzado mi artículo y terminarlo con la misma frase y petición. ¡Obiang Nguema debe abandonar el poder, o ser expulsado del mismo!

 Claro que, como él repite, tampoco los guineo ecuatorianos de bien le tenemos miedo a Obiang Nguema Mbasogo (¡¡¡en las elecciones libres!!!). Sí, tenemos miedo a quienes, a cambio de apuntalar desde fuera a la tiranía militar en la que está refugiado Obiang Nguema, reciben ingentes cantidades de dólares corruptos para paliar sus “crisis” personales.

 Dirijo un respetuoso saludo de bienvenida y admiración a las potencias europeas que hoy, mirando a África, recurriendo a su grandeza y dignidad, descubren que aún es tiempo para arrepentirse de los “hombres fuertes” que han parido e impuesto en el gran Continente africano…

 ¡O elecciones libres, transparentes y justas o expulsión militar a los tiranos!

N. de la R.
Este artículo se publica gracias a la gentileza del autor y de la web del Gobierno en el Exilio de Guinea Ecuatorial. 

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826