España, 12-12-2017

Bolivia: ausencia de pensamiento nacional

andres-soliz1Andrés Soliz Rada (31/1/2009)

Las políticas neoliberales que desmantelaron al in constituido Estado nacional vinieron acompañadas de Fundaciones y ONG, que pretendieron justificar la succión transnacional. En esa tarea, se destacó el Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS), vinculado a la social democracia alemana. Su presencia permitió afirmar que Bolivia estaba dominada por el “pensamiento ILDIS”. A partir del año 2000, movimientos sociales desestabilizaron al neoliberalismo y lograron, el 17-X-03, la fuga del Presidente y representante del capital extranjero, Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL). Estas victorias, en lugar de ser explicadas como continuación de  la resistencia de la nación oprimida frente al imperialismo, quedaron enmarcadas en un indigenismo secante, que defiende la vigencia de 36 naciones, con 36 idiomas nativos y 36 sistemas judiciales y resucita viejos postulados estalinistas, actualizados por nuevas ONG.

 

El dominio de ILDIS dio paso al grupo “Comuna”, del vicepresidente Álvaro García Linera y del constituyente del MAS,  Raúl Prada, aliado al jesuita Xavier Albó (USAID). Prada, después de la tregua a la que arribaron el MAS y partidos opositores, sobre la base del reconocimiento de la nación boliviana, volvió a plantear el retorno al Tawantinsuyo (“La Prensa”, 13-01-09). He aquí sus palabras:  Estamos hablando de varios suyos que serían naciones… Estaríamos actualizando lo que es el Tahuantinsuyo, formas territoriales tiwanacotas. Estaríamos avanzando a una concepción territorial conculcada por la Colonia, porque no olvidemos que los departamentos y sus límites geográficos son una herencia colonial”. Prada considera que las autonomías regionales, reconocidas en la nueva Constitución, las que coexistirán en nivel de igualdad con las autonomías departamentales, municipales e indígenas, viabilizarán la recuperación del Tawantinsuyo.

 

Así la hegemonía ideológica pasó de Smith, Friedman y Hayec a las abstracciones de Bordeau, Derrida y Foucault, las favoritas de Álvaro García y Raúl Prada, quienes acabaron identificándose con las tesis de Hardt y Negri, las que también  encubrieron los intentos por destruir a los estados nacionales en las semicolonias. De esta manera, quedó arrinconado el pensamiento de Montenegro, Céspedes, Almaraz, Zavaleta y Quiroga Santa Cruz, y minimizados los grandes sucesos de la historia de Bolivia, como la presencia indomestiza en la guerra de la independencia, la Revolución paceña de 1809, la guesimon-bolivarrra del Chaco y la Revolución del 9 de abril de 1952, que decretó el voto universal y abolió la servidumbre. También fue ignorado el aporte de otros latinoamericanos, desde Manuel Ugarte hasta José Carlos Mariátegui y Ruy Mauro Marini.

 

Evo Morales, si bien enfrentó al lastre de la exclusión social, erradicó el analfabetismo y desplegó intentos de industrialización del hierro y del litio, se sometió a los dictados de la geopolítica de Brasil y Chile, a fin de derrotar a los separatistas de la Media Luna. Continuó enviando tropas a Haití y El Congo, en aberrante negación de su prédica antiimperialista. Expulsó al embajador estadounidense, pero prosiguió prestando las reservas monetarias del país al agónico Tesoro de EEUU y Bancos europeos y aceptó, a cambio de su reelección, respetar los latifundios y contratos petroleros que volvieron a desnacionalizar el gas y el petróleo. La rearticulación del pensamiento nacional debe ser acompañada por la aplicación de medidas económicas concretas. La más importante de ellas, el uso de parte de las reservas monetarias en la construcción de gasoductos internos que vertebren la fragmentada geografía nacional

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826