España, 29-09-2016

Grandes negociantes históricos acumulaban información: la Casa Ruiz (y 3)

2España
José Manuel González Torga (7/2/2009)
La afinidad entre la Casa Fúcar y la Casa Ruiz -a escala reducida para la segunda-  nada tiene de caprichosa. El ya citado historiador Hermann Kellenbenz, sugería la utilidad de mirarse en el espejo de uno para reconocer perfiles del otro. “Una estancia en París -cuenta en líneas prologales- en la “sixième section” de la École Pratique des Hautes Études, dirigida por Fernand Braudel, me puso en contacto con el grupo que estaba ocupado precisamente en la tarea de investigar las ricas colecciones del archivo del mercader de Medina, Simón Ruiz, guardadas en el Archivo Universitario de Valladolid. Sus trabajos, en particular los de Henri Lapeyre, fueron de la máxima importancia para mi tema por las claras explicaciones sobre la manera en que se llevaba a cabo los negocios bancarios y de cambio en el siglo XVI y porque ofrecían una imagen del círculo europeo de corresponsales de los banqueros de Medina del Campo”.

El académico de la Lengua, Valentín García Yebra, recogía un párrafo sobre el archivo de Simón Ruiz a partir de ciertos parangones que “justifican de alguna manera que Simón Ruiz prestase dinero a Felipe II y que el monarca utilizase con frecuencia la información generada por la correspondencia del Correo propio del comerciante”.

Círculos financieros  europeos
Los negocios y la correspondencia relacionaron a Simón Ruiz con financieros europeos de tanto peso como los Fúcar, los Lomellini, los Spínola, los Bonvisi o los Balbani. “Lo que sobre todo se aprecia -para el profesor Lapeyreen las cartas que intercambia con los banqueros de Lyon, los Bonvisi y los Balbani, es la excelencia de su información sobre lo que pasa en la Corte de España, un juicio muy seguro sobre la situación política cuando se refiere a la guerra de Granada o a los disturbios en los Países Bajos, es también una gran habilidad en el arte de especular sobre los cambios o la conclusión de los asientos”.

Simón Ruiz Embito nació en Belorado (Burgos) aunque no consta con seguridad si a finales de 1525 o a comienzos de 1526. Sí está datado su óbito, el 1 de marzo de 1597, en Medina del Campo, la importante localidad ferial donde tenía el centro neurálgico de su activa red mercantil y de comunicaciones postales. Entre los publicistas que se han aproximado a la figura de Simón Ruiz y al ámbito de la actividad económica de su tiempo están, con Henri Lapeyre, Felipe Ruiz Martín y J.J. de Madariaga, algunos más, como A. Sánchez del Barrio y Emilio Olmos Herguedas.

Durante una primera etapa Ruiz Embito actuó como mercader dedicado a la importación y al comercio. Luego amplió sus actividades de regatón o revendedor de mercancías y asumió la labor de financiero con los perfiles propios de la época. Por otras latitudes europeas encontró oportunidades para el cambio monetario mediante un sistema de letras de cambio (“cambium per litteras”). Así vino rodada su participación en la fórmula de los llamados asientos. Por la inexistencia de un banco estatal y de una Hacienda Real con la representación necesaria esimon-ruizn los Países Bajos, el soberano español había de quedar en manos de los hombres de negocios con la implantación sustitutoria para garantizar transferencias y asegurar pagos a fecha fija, así como anticipos para la política y para las acciones bélicas. Determinados asientos eran concertados, en España, con el Consejo de Hacienda; otros se iniciaban con la firma del Gobernador de los Países Bajos, para su ratificación en Madrid.

Mercader-banquero, ávido de información
Nuestro hombre de negocios, afincado en Medina del Campo, participó en los  asientos para la Corona entre los años de 1576 y 1588. Mereció, por tanto, con todo derecho, la consideración de mercader-banquero, dentro de la tipología descrita por el historiador Raymond de Roover, cuando estudia el mercado del dinero en la Brujas medieval. Dejando a un lado a los usureros, prestamistas sobre prendas y alhajas con elevados intereses, distinguía entre cambiadores y mercaderes-banqueros. Los cambiadores efectuaban el trueque de monedas en metálico y ejercían la banca de depósito, como antecesores de los banqueros modernos. Los mercaderes-banqueros estaban capacitados, a su vez,  para realizar transacciones de divisas mediante la letra de cambio.

La visión de Juan José de Madariaga  relaciona la actividad cambiaria, en sentido amplio, con el seguimiento de la actualidad internacional:  “Para que estas operaciones se llevaran a cabo con éxito, los comerciantes debían tener una maravillosa información de los precios del dinero en otras  plazas, tanto nacionales como extranjeras; es decir, que en los mejores conocimientos de los cambios residía todo el intríngulis de estas operaciones y, por ello, normalmente, a mayor número de cartas informativas, más probabilidades de éxito en el negocio de banco. De ahí que Simón Ruiz, como todos sus compañeros de oficio, pasara el mayor número de horas de su vida sentado en su escritorio, pluma en ristre, husmeando, pidiendo e  implorando nuevas misivas que le pusieran al corriente de cuanto sucedía. No nos olvidemos que no había periódicos ni revistas informativas. Pero no se trataba sólo de saber cómo se desenvolvía el comercio en el  momento de escribir o de responder sino de darse noticias e informaciones sobre sucesos económicos y políticos que pudieran influir en los cambios de la moneda”.

Llama vivamente la atención el paralelismo terminológico que comparte la validez para tareas comerciales y periodísticas. Ocurre con la evocación de la trayectoria de Simón Ruiz al “desarrollar una extensa red de enviados y corresponsales que se extiende poco a poco por las principales ciudades europeas”. Sabido es que en la actividad periodística el término corresponsal y la expresión enviado especial designan, respectivamente, a los profesionales que transmiten crónicas, noticias o reportajes desde centros generadores de información, con carácter habitual, como residentes estables, en el primer supuesto, o como desplazados en el segundo caso, a donde ha ocurrido, ocasionalmente, algún acontecimiento noticiable.

Todavía nos tropezamos con otro vocablo del “argot” profesional del Periodismo cuando el profesor Felipe Ruiz Martín, estudioso de la figura de Simón Ruiz, denomina reportajes a textos remitidos desde Roma y referidos a asuntos vaticanos o eclesiásticos, que guarda el archivo de los Ruiz.

Un archivo excepcionalfelipe-ii
El archivo de los RuizSimón y su sobrino Cosme– posee un valor excepcional ya que no encuentra parangón en España por lo que se refiere a documentación de negocios de la época que provenga de un grupo de empresas de titularidad familiar. Su acumulación y conservación resultan excepcionales. La correspondencia suma más de cincuenta mil cartas, reunidas desde una larga lista de orígenes, en el transcurso de cuatro décadas. No sólo están las misivas recibidas sino también copias de una parte de las enviadas.

El año 1579 supera, en cuanto a movimiento epistolar, a todos los demás, con 2.620 cartas. A lo largo del tiempo se recibieron cartas en francés, en italiano y en portugués; pero en aquellos tiempos el castellano era una lengua extendida por encima de algunas fronteras para las actividades comerciales.

La correspondencia recibida llegaba dirigida casi siempre al propio Simón Ruiz, al domicilio social de su firma en Medina del Campo. Durante los doce años que residió en Valladolid, la correspondencia iba, lógicamente, a esta ciudad, salvo en periodos de Ferias, en que Medina recuperaba la dirección de destino. “Medina -disertaba el profesor Ramos Cerveróera el centro internacional donde se recibían las más exóticas mercaderías, mientras que Valladolid, Corte, Universidad, Chancillería, convento y linaje, era, en aquellos días, el mayor centro de consumo de todo el reino”.

La descripción del mismo catedrático de Economía Financiera y Contabilidad, detallaba: <<La Tierra de Campos, junto con las comarcas aledañas a Valladolid (Tordesillas, Torrelobatón, Simancas, Rioseco…) se constituyen en el granero de España y desde todos los rincones del reino llegan compradores de trigo, mercaderes, que,  aprovechando su viaje  de venida, traían  “paños mayores”   (de alta calidad, importados de Gante, Brujas, Nantes…) y “paños menores” (generalmente, de la tierra: Astudillo, Segovia, Ciudad Real…)>>

Confidencias políticas
Lapeyre distingue, con arreglo a una clasificación italiana, entre cartas generales (“lettere di compagnia”) y cartas privadas (“lettere private”). Las primeras tratan de incidencias de los negocios como tales. Las privadas, dirigidas al responsable supremo de la empresa, representaban el más vivo interés por sus contenidos confidenciales de signo político o de otro carácter transcendente.

No faltaron  contratiempos en el transcurso de la vida de Simón Ruiz. Las quiebras en cadena, producidas en Sevilla a partir del verano de 1567, recortaron la evolución de la sociedad mercantil que había montado para actuar desde el puerto ligado a las Indias. Desplazado a la capital andaluza, logró reducir pérdidas, aunque ya abandonó la aspiración a extender a gran escala sus negocios con América.mausoleo-de-simon-ruiz

El embajador de España ante la Corte francesa, Juan de Vargas Mexía, implicó a Simón Ruiz en un caso de espionaje, colocándole en una situación embarazosa. Nada menos que Felipe II zanjó la cuestión, con una nota de su puño y letra, en el margen del documento acusatorio, en los siguientes  términos: “Lo que se dice de Simón Ruiz no me convence. Tanto a él como a su hermano se les tiene por hombres de bien…”.

Comercio esclavista y mala información
La ruina de la importante firma de Medina del Campo llegó con Cosme Ruiz, sucesor de Simón. Este falleció sin descendencia de ninguno de sus dos matrimonios. Cosme, hijo de su hermano Vítores, se apartó de la rectitud del fundador. Entró en el tan lucrativo como repudiable negocio del comercio negrero.

Cosme Ruiz prestó elevadas sumas al portugués Pedro Gómez Reynel, quien descollaba en la compra-venta de esclavos a finales  del siglo XVI. En el archivo de Simancas quedaron registrados miles de sus operaciones de ese tipo.

En 1606, Reynel debe a Cosme Ruiz más de cien millones de maravedíes, deuda a la que no hace frente y que lleva a la quiebra a la Casa Ruiz. A Cosme le perdió la mala información, junto a la avaricia y el desprecio a los valores éticos. Unas operaciones consideradas redondas, de gran rentabilidad, resultaron de  altísimo riesgo. La mala conciencia puede adormecerse; pero la mala información no perdona.

N.de la R.
Las ilustraciones corresponden a un retrato de Simón Ruiz (Círculo de Juan Pantoja de la Cruz) y al mausoleo del banquero, que incluye su estatua orante y las de su primera esposa, María de Montalvo y la segunda, Mariana de Paz.

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826