España, 11-12-2016

El Diario de Kurtz: La mandrágora y la acacia

Sin Acritud…
Fernando Polanco (18/4/2009)polancio
La estación de Galapagar-La Navata, “Madagascar-La Navata”, según ´Tip y Coll´, y “Galapagar Puerto de Mar” -según el añorado Jaime Corral-, donde presto servicio desde 1985, se encuentra situada en la línea férrea Madrid-Irún,  punto kilométrico 34, entre las localidades  de Torrelodones y Collado Villalba, capital económica de la sierra noroeste de Madrid (1).

El edificio del apeadero tan vetusto como ruinoso, con sus pintorescos azulejos y su destartalado tejado de dos aguas, se eleva en una loma de La Navata, entre el río Guadarrama y, al otro lado de las vías, la finca de “Los Rosales”, propiedad de la familia Pérez-Minguez, cuyos miembros son numerarios del OPUS.

En los años 40, un remoto antecesor mío en el cargo, se prendó de la hija de un General, que, a su vez, le correspondía. Sin embargo, la familia de la enamorada no compartía sus gustos, de modo que los amantes se pusieron de acuerdo para dejar este mundo cruel. Mi antecesor se hizo con una escopeta de caza, acabó con la vida de su enamorada, y después, recostándose en una acacia, se descerrajó un tiro en la garganta. No estaban los tiempos,  se echa de ver,  para uniones morganáticas.

De todos es sabida la existencia de la mandrágora, una especie de tubérculo antropomórfico, que brota a expensas del semen de los ahorcados. Pues bien, a raíz de varios arrolllamientos acaecidos en 1992, “RENFE” levantó un paso elevado para evitar más accidentes, y los obreros por ignorancia o por incuria, prácticamente vaciaron la acacia en la que se había apoyado el ferroviario suicida, que es la que se encuentra, por cierto,  justo enfrente de la estación: y por ahí vengo a rematar la historia.

En 1994, el árbol había quedado reducido, al menos en apariencia, a la corteza, y nada hacía suponer que no estuviera ya seco por completo. Sin embargo, como por ensalmo, esa primavera -sería el mes de abril-, la acacia volvió a retoñar como si nada.

Y así, cada primavera -me acuerfernando-polancodo, claro, de T. S. Eliot– hasta el día de hoy, 2009. Y yo, que soy muy dado a lucubraciones -según mi mujer tengo “la cabeza a figos”-, no dejo de pensar que el prodigio anual se debe a que la sangre del suicida, que no el semen, como empapó su día la tierra donde se yergue la acacia, es la que permite la resurección pasmosa del sufrido árbol.

Notas:
1. Por las obras que emprendiera Felipe II para hacer navegable el río Guadarrama hasta la misma Lisboa
2. La capital de la Cultura es San Lorenzo de El Escorial.
3. En cierta ocasión, en la posguerra, llegó a celebrarse un Consejo de Ministros en “la casa de la Señora”, la edificación principal de la finca.


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826