España, 06-12-2016

Elogio y nostalgia del subjuntivo

fernando-polancoSin Acritud…
Fernando Polanco (17/5/2009)
En la pos guerra -según se cuenta- los estraperlistas usaban “haiga” por “haya”, como si la primera de las voces fuera más chic o, como dicen ahora, más sofisticada:

– ¿Qué coche? -exclamaban-.El más grande que haiga (sic)- y señalaban, de manera indefectible, un Dodge.

Hay más tópicos  relacionados con el subjuntivo. Por ejemplo, la supuesta  equivalencia  en el pretérito imperfecto, veri: dijera o dijese. Pero si yo afirmo: “los cuadros que pintara Matisse son soberbios”, la oración tiene sentido (I.G.: “los cuadros que pintó Matisse“). Ahora bien, si afirmo “los cuadros que pintase Matisse son soberbios”, la oración carecerá de sentido: en el segundo caso, no puedo sustituir el pretérito imperfecto del subjuntivo oír el pretérito indefinido de indicativo.

El hecho cierto es que, al margen de lugares comunes, apenas se recurre ya al modo subjuntivo, probablemente derivado del latín subiunctivus, o sea, sometido, puesto que las oraciones de subjuntivo son  subordinadas. El indicativo -no cabe duda- es más “cómodo”, enuncia, sin más; en comparación con el indicativo, sin embargo, el subjuntivo resulta mucho más redondo, complejo y sugerente(1), el subjuntivo,  por decirlo así, resulta más culto y literario, en la mayoría de las disyuntivas, que el indicativo.

Supongamos que entró a un timairichi a sonarme un trago y me doy de bruces con mi mujer, que está flirteando con un tipo.

– No sabía que estabas aquí -le espeto enrojeciendo (o palideciendo).

Pero el reproche queda simplón, soso, poco zahiriente, y ella replica -mintiendo fatal-:

– Es un compañero de oficina, ya sabes, el desayuno.

– Pues no, no sé. Lo que si comprendo es que, si hubiera echado mano del subjuntivo:

– No sabía que estuvieras aquí.

Habría mostrado de manera más sutil y, no obstante más contundente, tanto mi estupefacción ante una situación comprometida, como el convencimiento de que mi mujer no debería estar en aquel lugar y en aquellas circunstancias.

Lo tácito es, en ocasiones -valga el oxímorón- más expresivo que lo evidente, que lo explícito…

Notas:
1- Acerca de lo plano y lo redondo, vid. E. M. Forster: “Aspectos de la novela”, pssim.  Madrid. Turner. 1976.


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826