España, 15-12-2017

Manos brasileñas en el litio

Andrés Soliz Rada (30/8/2009)evo-morales-y-lula-da-silva
Lula sólo tiene que comparar a Evo con Mandela, para conseguir lo que quiere de Bolivia. Claro que Mandela unificó a su país, en tanto que el nuestro quedó astillado en 36 “naciones”. El cumplido fue lanzado en la visita del Presidente brasileño al Chapare, Cochabamba, donde, una vez más, las discusiones entre La Paz y Brasilia se centraron en el futuro sin evaluar lo pasado. No ocurrió lo mismo en la negociación con el país vecino que tuvo lugar en los inicios del actual gobierno, en la que intervine como Ministro de Hidrocarburos. En la oportunidad, los personeros de la nación vecina presentaron un borrador de acuerdo en el que se proponía mantener los precios y condiciones de la venta de gas, a cambio de algunas becas universitarias y de un estudio para instalar un polo gas-químico binacional, ofrecido desde hace años.

En respuesta, después de una rápida reminiscencia a la guerra del Acre y tratados previos, en los que Bolivia perdió 400.000 kilómetros cuadrados, rememoramos que los mega campos que opera Petrobrás en Tarija fueron descubiertos por YPFB, de manera que el ente brasileño recibió enormes utilidades inmediatas, sin amortizar costos exploratorios. Anotamos que el régimen de Sánchez de Lozada (error ya cometido con Argentina) aceptó vender gas húmedo (sin separar los licuables), razón por que Bolivia pierde alrededor de 350 millones (MM) de dólares anuales, o sea 3.500 MM desde que se inició el contrato.

Puntualizamos que Brasil se comprometió a instalar con el gas boliviano 49 termoeléctricas: 25 en su territorio y 24 en el nuestro. El incumplimiento a este compromiso fue total. Luego censuramos el acuerdo entre Repsol y Petrobrás para vender gas a San Pablo, de espaldas a YPFB, con lo que se violó el contrato Bolivia-Brasil. Opinamos que no podía seguirse vendiendo gas a la termoeléctrica de Cuiabá a precio de regalo. Lo concreto es que semanas más tarde renuncié al cargo al constatar que el flamante régimen carecía de decisión para cumplir el decreto de nacionalización de los hidrocarburos.

Evo y Lula han preferido otra vez hablar del futuro, lo que implicó admitir la posible participación brasileña en la explotación del litio. La compañía Vale (consorcio Brasil-EE. UU.) adelantó que invertiría 1.500 millones de dólares en baterías de litio, sumándose a la competencia con Toyota, Mitsubishi, Sumimoto y Bolloré. Si, en forma previa, no creamos la Corporación Boliviana del Litio y no anotamos como nuestro el valor de las reservas del salar de Uyuni en las bolsas de valores, el que supera los 4.000 MM de MM de dólares, repetiremos la tragedia de nuestra historia. Ningún gobierno ha explicado el por qué no anotamos hasta ahora las reservas de gas y del hierro del Mutún.

La apertura por un año del mercado brasileño para textiles, por 21 millones de dólares, a condición de usar materia prima del país vecino, es minúscula. Bolivia no debería, por elemental sentido de sobre vivencia, dejar que la potencia emergente controle el litio. Brasilia ya logró que el hierro del Mutún sirva sólo para alimentar sus acerías. Su tuición sobre el gas se mantiene incólume. Su decisión de instalar hidroeléctricas que nos afecta es inamovible. Los financiamientos brasileños son onerosos. Recordemos que Paraguay, después de 30 años de exportar hidroelectricidad a Brasandres-solizil, le debe 20.000 MM de dólares, acumulados por intereses bancarios.

Las constructoras brasileñas son hábiles para financiar campañas electorales. Los partidos tradicionales y el MAS no han podido negarlo. ¿Cuándo se permitirá que el Estado y empresas nacionales construyan carreteras a precios razonables en lugar de someternos al interés foráneo? ¿Cuándo entenderemos que detrás del apoyo al Estado plurinacional de Insulza, Lula, Sarkozy y Medvédev está el interés extranjero por liquidarnos?

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826