España, 18-12-2017

¿A quiénes derrotará Evo Morales?

Andrés Solíz Rada (10/10/2009)evo-morales-en-madrid
La confrontación esencial en los comicios presidenciales del 6-XII no se dará entre el MAS y sus principales opositores, escasos de propuestas y relacionados con separatistas, dictadores y  neoliberales, que sólo parecen decir “vota contra Evo“, como muestra de racismo. La pugna más dura aparece dentro del oficialismo, entre ultra indigenistas y defensores del Estado nacional. El ultra indigenismo impuso en Oruro (X-2008) su proyecto de Constitución, que borró las palabras república y nación boliviana, restituidas después por acuerdos con la oposición, la que, a cambio, tuvo que aceptar la nueva postulación de Evo.

La actual plataforma programática del MAS es la antítesis de la Constitución de Oruro. Ofrece un gran salto industrial, carreteras, trenes, ferrocarril bi oceánico, aeropuertos, hidroeléctricas, fundiciones, plantas de etano, etileno y metanol, producción agropecuaria en gran escala, seguro universal agrícola, empleo a raudales, educación digital, viviendas, seguridad social y salud para todos, satélite de comunicaciones, corrupción cero, liquidar al narcotráfico y valorizar la identidad nacional.

Aunque pocos proyectos tienen financiamiento, muestran un horizonte distinto al de Raúl Prada, uno de los ideólogos del gobierno, que postula el retorno al Tawantinsuyo, posición que financian las ONG y los separatistas ven con simpatía. Evo no respalda a Prada, pero tampoco lo desautoriza, lo que genera confusión e incertidumbre.

Ningún país puede ser al mismo tiempo unitario y plurinacional, como sostiene la Constitución vigente. Lo plurinacional tiene tres ejes: Autodeterminación, territorio y soberanía indígenas. Lo unitario es un círculo que contiene al conjunto del país. Un triángulo redondo es inconcebible, lo que impide conciliar las autonomías departamentales, indígenas, territoriales y municipales, iguales en jerarquía, cuyas competencias serán objeto de una ley de “deslinde jurisdiccional”, de coherencia inalcanzable.

El programa industrialista trata de rearticular la unidad indo mestiza, a diferencia del ultra indigenismo que alienta el caos a fin de enterrar al in constituido Estado nacional. La oferta industrialista necesita disputar los excedentes económicos a las transnacionales, lo que no condice con los recientes ofrecimientos de Evo a Repsol y al Rey de España. Creer que el FMI y el Banco Mundial modernizarán a Bolivia, como sostiene el vicepresidente García Linera, es otra ilusión óptica.

No se quiere crear la Corporación Boliviana de Recursos Estratégicos, a fin de que el valor de las reservas probadas de gas, hierro y litio sean inscritas en bolsas de valoresAndrés Soliz Rada que permitan obtener financiamientos en el mercado internacional del dinero, con cuyo respaldo el país puede comprar tecnología o asociarse a quienes la tienen, en condiciones ventajosas, como hace Petrobrás, por ejemplo.

Infelizmente, los abusos, la soberbia y la corrupción del régimen debilitan la propuesta modernizadora. El ultra indigenismo, a su vez, consiguió enfrentar a pueblos amazónicos con quechuas y aymaras que quieren trabajar tierras ociosas; a asalariados y cooperativistas mineros con comunidades que reclaman la propiedad del subsuelo y del subsuelo; a la petrolera estatal que desea explorar hidrocarburos con aborígenes que piden discutir el tema con sus abogados en Bruselas.

Sin un Estado nacional aglutinador la disgregación de Bolivia estará latente. Claro que la viabilidad del país no depende sólo del oficialismo, sino también de estructurar un polo ideológico y político que muestre a la ciudadanía alternativas para lograr transparencia, gestión eficaz, derrotar al colonialismo interno y alcanzar la unidad nacional.

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826