España, 13-12-2017

“La prensa diaria se muere”

Enrique Oliva (19/11/2009)prensa
El prestigioso periodista español Ignacio Ramonet director de “Le Monde Diplomatique” de París desde 1990 a 2008, ha difundido en la prensa internacional una nota documentada, dando su opinión y la de otras figuras notables de los medios de comunicación, bajo el título de “La prensa diaria se muere”. El tono del panorama brindado es francamente pesimista. Tiempo atrás se pensó que la televisión podría afectar la subsistencia de las radios y en menor medida a la prensa papel. Nada de ello ocurrió, ni en materia de audiencia ni en publicidad. Ahora se culpa a la imparable evolución de nuevas tecnologías, como el explosivo desarrollo de Internet y los teléfonos celulares. Según Ramonet, “ni siquiera se salvan los llamados rotativos de referencia”. También la crisis se hace sentir en particular en las poderosas cadenas de periódicos, como es el caso reconocido por el propio Rupert Murdoch con su nave insignia “The Wall Street Journal“.

No es de creer que los diarios desaparezcan, ni menos tan rápidamente como algunos estiman. Pero la situación es un desafío serio para agudizar la imaginación en busca de cambios estructurales y optimizar la oferta de servicios. ¿No habría que estimular la creatividad de los periodistas para generar ideas?

 El texto íntegro de la nota de Ignacio Ramonet, dice: “El siniestro es descomunal. Decenas de diarios están en quiebra. En Estados Unidos ya han cerrado no menos de ciento veinte. Y el tsunami golpea ahora a Europa. Ni siquiera se salvan los otrora “rotativos de referencia”. “El País” en España, “Le Monde” en Francia, “The Times” y “The Independent” en el Reino Unido, “Corriere della Sera” y “La Repubblica” en Italia, etc. Todos ellos acumulan fuertes pérdidas económicas, derrumbe de la difusión y hundimiento de la publicidad” (1).

 El prestigioso “New York Times” tuvo que solicitar la ayuda del millonario mexicano Carlos Slim; la empresa editora de “The Chicago Tribune” y “Los Angeles Times“, así como la “Hearst Corporation“, dueña del “San Francisco Chronicle“, han caído en bancarrota; “News Corp“, el poderoso grupo multimedia de Rupert Murdoch, que publica “Wall Street Journal”, ha presentado pérdidas anuales de 2.500 millones de euros… Para recortar gastos, muchas publicaciones están reduciendo su número de páginas; el “Washington Post” cerró su prestigioso suplemento literario “Bookworld”; el “Christian Science Monitor” decidió suprimir su edición de papel y existir sólo en internet; el “Financial Times” propone semanas de tres días a sus redactores y ha cercado drásticamente su plantilla.

Los despidos son masivos. Desde enero de 2008 se han suprimido 21.000 empleos en los periódicos estadounidenses.

En España, “entre junio de 2008 y abril de 2009, 2.221 periodistas han perdido su puesto de trabajo” (2).

La prensa escrita diaria de pago se halla al borde del precipicio y busca desesperadamente fórmulas para sobrevivir.

Algunos analistas estiman obsoleto ese modo de información. Michel Wolf, de “Newser“, vaticina que el 80% de los rotativos norteamericanos desaparecerán (3). Más pesimista; Rupert Murdoch pronostica que, en el próximo decenio, todos los diarios dejarán de existir.

El por qué
¿Qué es lo que agrava tan lentamente la vieja delicuescencia de la prensa escrita?

Un factor coyuntural: la crisis económica global que provoca una mengua de la publicidad y una restricción del crédito.

Y que, en el momento más inoportuno, hrupert-murdoch1a venido a acrecentar los males estructurales del sector: mercantilización de la información, adicción a la publicidad, pérdida de credibilidad, bajón de suscriptores, competencia de la prensa gratuita, envejecimiento de los lectores…

En América Latina se añaden a esto las necesarias reformas democráticas emprendidas por algunos gobiernos (Argentina, Ecuador, Bolivia, Venezuela) contra los “latifundios mediáticos” de grupos privados en situación de monopolio. Lo cual desencadena, contra esos Gobiernos y sus Presidentes, una sarta de calumnias difundidas por los despechados medios de comunicación dominantes y sus cómplices habituales (en España: el diario “El País“, que de paso carga contra el Presidente José Luis Rodríguez Zapatero (4).

La prensa diaria sigue practicando un modelo económico e industrial que no funciona. El recurso de construir grandes grupos multimedias internacionales, como se hizo en los años 1980 y 1990, ya no sirve frente a la proliferación de los nuevos modos de difusión de la información y el ocio, vía internet o los teléfonos móviles (5). Paradójicamente, nunca han tenido los diarios tanta audiencia como hoy.

Con Internet, el número de los lectores ha crecido de manera exponencial (6). Pero la articulación con la Red sigue siendo desdichada. Porque establece una injusticia al obligar al lector de kiosco, el que compra el diario, a subvencionar al lector de pantalla que lee gratuitamente la edición digital (más extensa y amena).

Y porque la publicidad en la versión de la web no cunde, al ser mucho más barata que en la versión de papel (7). Pérdidas y ganancias no se equilibran.

Parches salvadores
Dando palos de ciego, los rotativos buscan desesperadamente fórmulas para afrontar el hipercambio y sobrevivir.

Siguiendo el ejemplo de “iTunes”, algunos piden micropagos a sus lectores para dejarles acceder en exclusiva a las informaciones on line (8). Rupert Murdoch decidió que, a partir de enero de 2010, exigirá pago por toda consulta de “Wall Street Journal” mediante cualquier tecnología, ya sean los teléfonos Blackberry o iPhone, Twitter o el lector electrónico Kindie. El buscador Google está pensando en una receta que le permita cobrar por toda lectura de cualquier diario digital, y revertir una fracción a la empresa editora.

¿Bastarán esos parches para salvar al enfermo terminal?
Pocos lo creen (léase artículo de Serge Halimi, “El combate de Le Monde diplomatique). Porque a todo lo anterior se suma lo más preocupante: el desplome de la credibilidad.

La obsesión actual de los diarios por la inmediatez les lleva a multiplicar los errores.

La demagógica solicitud al “lector periodista” para que cuelgue en la web del periódico su blog, sus fotos o sus vídeos, incrementa el riesgo de difundir engaños. Y adoptar la defensa de la estrategia de la empresa como línea editorial (cosa que hacen hoy los diarios dominantes) conduce a imponer una lectura subjetiva, arbitraria y partidaria de la información.

Frente a los nuevos “pecadosenrique-oliva capitales” del periodismo, los ciudadanos se sienten vulnerados en sus derechos. Saben que disponer de información fiable y de calidad es más importante que nunca. Para ellos y para la democracia.

Y se preguntan: ¿Dónde buscar la verdad?

Nuestros asiduos lectores conocen (una parte de) la respuesta: en la prensa realmente independiente y crítica; y, obviamente, en las páginas de “Le Monde diplomatique” en español.

Notas:
(1) Inés Hayes, “En quiebra los principales diarios del mundo”, América XXI, Caracas, abril de 2009.
(2) Según la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, Madrid, 13 de abril de 2009.
(3) The Washington post, 21 de abril de 2009.

(4) Sobre los ataques de El País contra Zapatero, léase Doreen Carvajal, “El País in Rare Break With Socialist Leader, The New York Times, 13 de septiembre de 2009. versión en español: www.internautas.org/html/5722.html.
(5) Luis Hernández Navarro, “La crisis de la prensa escrita”, La Jornada, México, 3 de marzo de 2009.
(6) Léase el informe: “Newspapers in Crisis”: www.emarketer.com/Reports/All/Emarketer_2000552.aspx.
(7) En 2008, la audiencia del New York Times en Internet fue diez veces superior a la de su edición impresa, pero sus ganancias por publicidad en la Red fueron diez veces inferiores a las de la edición de papel.
(8) Léase: Gordon Crovitz, “El futuro de los diarios en Internet”, La Nación, Buenos Aires, 15 de agosto de 2009, y El País, Madrid, 11 de septiembre de 2009″. (fin de la transcripción).

No hay etiquetas para esta entrada.

Compartir:


Espacios Europeos © Copyright 2005-2016 No nos copiéis, nos cuesta mucho trabajo mantener esta página.
Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826