España, 01-10-2016

Itinerario extremeño (1): Naturaleza, historia y gastronomía en Montánchez

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José Manuel G. Torga (27/12/2009)torga-2
La Vía de la Plata, una de las arterias principales para el tránsito terrestre, diseñada por los técnicos de la Roma clásica, fue, ya desde entonces, una especie de columna vertebral de Extremadura. Hoy marca, además, una ruta turística que enhebra varios puntos de primera magnitud en cuanto a interés y, por lo mismo, ya conocidos por viajeros que acumulan kilómetros.

El itinerario Montánchez-Mérida-Llerena se aparta ligeramente de aquella vía, en la mitad sur del tramo extremeño. Los alicientes
particulares, indudables, aunque un tanto velados para las corrientes turísticas masivas, salvo en el caso de Mérida, necesitan una elección expresa, diferenciada, para incluir Montánchez o Llerena como destinos a visitar.

Ante tal tesitura, la APETEX, asociación extremeña de la Federación de Periodistas de Turismo, brindó la oportunidad de descubrir o recordar esos rincones, como ilustración viva para el Congreso Nacional de la organización que aglutina a profesionales especializados de la pluma (sin metáfora).

Montánchez era el punto de encuentro para quienes llegaran en coche desde la cornisa cantábrica, la Comunidad valenciana, Ceuta, Canarias y otros orígenes. Coches particulares y un autocar, desde Madrid, transportaban a un amplio grupo de cronistas de turismo.

El grupo más numeroso, en el transporte colectivo, charlaba durante el trayecto sobre los asuntos más diversos. Por ejemplo, de los recetarios de cocina que los invasores franceses se llevaron allende los Pirineos con ocasión de nuestra Guerra de la Independencia. De esta guisa la cachuela extremeña habría influido sobre la gestación del pâté; claro que los conquenses también reivindican su influjo mediante el morteruelo. Habrá que considerarlos compatibles a los efectos de esa utilización por encima de la frontera española del norte.

Balcón de Extremaduramontanchez1
Montánchez, pueblo encaramado en su serranía, a unos 900 metros de altitud, permite la contemplación, como balcón de Extremadura, de extensas tierras de Cáceres y Badajoz, cuando la niebla no lo impide. El promontorio roqueño, aún más vigilante, ofreció solar para el castillo, de ascendencia romana, almohade y, claro está, cristiana, patinado por guerras, cacerías, y plurales acontecimientos reseñables, como un capítulo general de Caballeros de la Orden de Santiago. Fue tomada por “el Cid portugués”, Geraldo sem Pavor; estuvo en la apuesta por Juana La Beltraneja frente a Isabel La Católica; y Rodrigo Calderón, marqués de Sieteiglesias, que sería ejecutado en Madrid, dando pié para la expresión “con más orgullo que Don Rodrigo en la horca”, había estado preso en esta fortaleza.

En la comarca de Sierra de Montánchez y Tamuja (por el río de este nombre), el frío invernal de las crestas se hace compatible con un microclima que amplía las encinares, olivares, alcornocales y viñedos, hasta el cultivo de naranjos. Una copla del folclore local refleja algunas comparaciones:

Almoharín para los higos;
para patatas, la Vera;
para bellotas, las Casas;
para naranjas, Alcuéscar.

Castro vetón y basílica visigoda
Si queremos evocar tiempos remotos, bajo el signo de la arqueología, basta con desplazarse a la zona de Botija, donde admiraremos la estratégica situación del castro de la Edad del Hierro. Está en el paraje de Las Villasviejas del Tamuja y permite vislumbrar cómo amurallaban con pizarra y cómo disponían sus habitáculos los vetones. Aquí se encontraron también, a base de excavar, esculturas de verracos en granito, inspiradas en cerdos o jabalíes y que, se supone, cumplían ciertas funciones más allá de lo puramente natural para el imaginario tribal.

Un salto hasta las proximidades de Alcuéscar nos hará avanzar tal vez mil años y aportará un auténtico descubrimiento: la basílica hispano-visigoda de Santa Lucía del Trampal. En el sur de España no hay otra que rivalice con ella en su género.

Para los amantes de la naturaleza, entre Botija y Alcuéscar hay un par de árboles singulares. Uno de los más viejos de la piel de toro está en el término municipal de Zarza de Montánchez: es la encina conocida por La Terrona; la ampulosidad de su ramaje ha requerido apuntalarlo. A un tiro de piedra de Torre de Santa María está otra encina, catalogada como La Nieta.

El rmontanchez2etorno a Montánchez permite reponer fuerzas con viandas de la gastronomía comarcal, regadas con vinos de la tierra.

Industria hispano-japonesa
La solera que ostenta Montánchez, en cuanto a los productos del cerdo ibérico puro, explica el funcionamiento de una industria mixta con capital hispano-japonés: Iberselec. Todo está homologado para exportar parte de sus jamones y otros derivados del cerdo al Imperio del Sol Naciente. Visitamos las instalaciones y nos ilustran sobre los controles aplicados, que actúan desde la genealogía de los cochinos y su alimentación en la dehesa, con diez ejemplares por hectárea, hasta el final de su ciclo vital y el tratamiento posterior.

La prueba efectuada de este jamón incluye, como un auténtico espectáculo, la exhibición llevada a cabo por un Maestro Cortador, Nico Jiménez, perteneciente a la categoría de Cuchillo de Oro. Luce su destreza realizando un corte prolongado con técnica de ida y vuelta. Precisamente acababa de superar con mucho, en otra comparecencia, el record establecido, al lograr una loncha de 20 metros de longitud.

Por la noche, el anfitrión fue el Ayuntamiento de Montánchez, a base de productos típicos. Para colmar la satisfacción de la concurrencia, corrió la voz de que el jamón entreverado que se degustaba, aportaba colesterol… pero del bueno. ¡Ahí queda eso!

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826