España, 26-09-2016

1969, cuando nuestro presente era futuro: Diálogo con Mariano Gamo (1)

España
José Manuel G. Torga (4/3/2010)torga
Mariano Gamo Sánchez escala ahora un tramo bien alto de sus siete decenios de vida. Se hizo sacerdote, licenciado en Filología Hispánica y diplomado universitario en Enfermería.

Ha pasado por ser el Padre Gamo, el Cura Gamo y Gamo a secas.

Estuvo en el Movimiento de los Curas Obreros en España. Permaneció tres años encarcelado en la Prisión de Zamora para religiosos, en la etapa tardía del franquismo.

Miembro de Izquierda Unida, fue diputado de la Asamblea de Madrid, en la IV legislatura.

No volví a verle desde aquella lejana entrevista y hace tiempo que no tengo noticias sobre él.

La presentación del diálogo y el diálogo mismo vienen a renglón seguido.

Entre los casos de enjuiciamiento y condena de curas por el Tribunal de Orden Público, el de Mariano Gamo descuella como uno de los que ha tenido más amplio eco.

Su actuación, de signo renovador, como párroco de Nuestra Señora de la Montaña, en el barrio madrileño de Moratalaz, suscitó las típicas repercusiones entre grupos calificados de progresistas y reaccionarios.

La homilía que pronunció un domingo de enero de 1969 dio pié para su proceso judicial tras diversas incidencias. El arzobispo de Madrid, monseñor Casimiro Morcillo, que discrepaba de la conducta del Padre  Gamo, no opuso impedimentos a las actuaciones judiciales contra él, actuaciones que, en una etapa inicial, fueron tramitadas por la jurisdicción militar.

Mi visita a Mariano Gamo, es en el Monasterio de El Paular, en tierras segovianas, donde permanecía en un régimen de reclusión “sui géneris” hasta que, dictada su condena, insistió en cumplirla en la cárcel. Posteriormente fue trasladado a la prisión de Zamora.

En El Paular le visitaban amigos y antiguos feligreses. Incluso algunos periodistas extranjeros le entrevistaron allí. Yo hablé con él largamente. Empezamos la conversación pasada la media tarde; la interrumpieron para que él pasara a cenar con los monjes, muy temprano, como mandan los cánones monásticos; y continuamos después, hasta casi la media noche. En una pequeña sala, en la que penetró un murciélago, que planeó por la habitación durante parte de la entrevista.

Mariano Gamo me hizo, con la mayor naturalidad al hilo de la conversación, algunas confidencias retrospectivas. Sacó a relucir que en su biografía había varios años en los que se autocalifica de “cura fascista”. Estuvo vinculado, como asesor religioso, a organizaciones de la Secretaría General del Movimiento y mantuvo una continuada relación con Manuel Fraga Iribarne. Cuando éste fue  nombrado Ministro de Información y Turismo le propuso la aceptación de un nuevo cargo; pero, como su evolución ideológica ya estaba en marcha, no lo aceptó. Lo cuenta con detalles y saca su conclusión: “Entonces, no me acusaban de meterme en política, y ahora, en cambio, sí”.

Quedó en remitirme por correo un breve “curriculum vitae”, pero nunca llegué a recibirlo.

Yo no conocía personalmente a Gamo hasta ese día; pero la conversación comenzó con facilidad. Él opta, de entrada, por el tuteo, y así entramos en materia.

Simple confinado
– Tu actual reclusión en este monasterio, con un régimen de vida y de comunicación flexible ¿significa que estás de acuerdo con las ventajas que te ofrece el fuero concordatario?
Consecuentemente con mi mentalidad, no podía aceptar de buen grado una situación que me coloca como un privilegiado en relación con todos los que sufren las consecuencias de la represión política. Pensar, por ejemplo, que otros muchos hombres con los que me une una amistad y una fundamental idegamontidad de criterios en lo que toca a las reivindicaciones del mundo obrero, están en la cárcel de Segovia, de Soria o de Carabanchel, que durante días hayan estado ocupando celdas de castigo, que se vean sometidos al régimen de comunicación que personalmente conozco de la cárcel de Carabanchel, y comparar este conjunto de circunstancias con mi condición, más que de recluso de simple confinado en un monasterio, es fuente de un personal desasosiego al comprobar en mi mismo la persistencia de una Iglesia mantenedora de privilegios y de exenciones. Lo cual, por otra parte, me da nuevas razones para querer la aparición de un nuevo concepto de Iglesia, que difiere radicalmente de la que tiene concedida esta vía libre al privilegio. Como consecuencia de ello reiteré, en cuantas ocasiones he tenido, a través de los diversos interrogatorios, el deseo de cumplir esta prisión, hasta el presente de carácter preventivo, en la cárcel de Carabanchel. Veo en esto no sólo razones de testimonio, sino, incluso, la posibilidad de una pastoral penitenciaria, desarrollada no por el habitual capellán de Prisiones, al que los presos políticos no dejarán de considerar como un agente más del régimen de la prisión, sino a partir de mi condición de recluso, que coincide con mi personal condición de cura. Pero la respuesta constante a este deseo mío, ha sido la  invocación del Concordato, cuyos privilegios resultan irrenunciables a título personal.

Polvareda dialéctica
– Unas recientes palabras del Papa, mirando hacia España, han producido una densa polvareda dialéctica ¿cuál es tu enfoque sobre ésta cuestión?
  o veo que hay varios campos a los que Pablo VI se refiere. Reduciéndolos a tres, queda una llamada, en primer lugar a los obispos, tal vez la que resulta más difícil de encajar por los destinatarios. Es una llamada a que bajen al pueblo, a que se planteen su comunión, su presencia como guías del pueblo. La expresión de esta palabra “pueblo”, que me parece figura en el texto, resulta indicativa de que no desea hacer referencia a un comportamiento que pudiéramos llamar tradicional, sino el concepto civil del pueblo, en el sentido de clases populares, que no sólo cuantitativamente sino cualitativamente, constituyen el verdadero pueblo. De otra parte considero que tiene un particular valor el que esta llamada haya sido hecha ante la faz de toda la Iglesia, lo cual no es para mí, ni es sólo, un gesto propio del Papa como pastor del pueblo y de la jerarquía sino que es, además de esto, y sobre todo, la expresión de un concepto teológicamente muy trabajado por el Vaticano II: la Iglesia como pueblo de Dios y, por lo tanto, la supeditación al pueblo cristiano de todos los servicios de que es objeto, el máximo de los cuales es el servicio jerárquico. Él lo ha subrayado en otro discurso anterior, no dirigido a los españoles, haciendo hincapié en que no es el pueblo para la jerarquía sino la jerarquía para el pueblo. En la medida en que la jerarquía está en comunión con el pueblo cristiano, en esa misma medida puede pedir del pueblo una comunión jerárquica.

– El segundo apartado será el de los curas ¿no es así?
Lo es. En el capítulo dirigido a los curas,  si bien hay ciertamente una llamada paternal a la reflexión y a la obediencia a la jerarquía episcopal, aparece también una exhortación, diríamos que casi entusiasta,  a mantener una línea de valentía ante las dificultades con que el ministerio pastoral enfrenta hoy a los sacerdotes, especialmente con cura de almas, como consecuencia,  por una parte del Vaticano II y, por otra parte, de las realidades de la vida española, situación objetivamente conflictiva.

Apadre-gamolusión al Rey galileo
– En tercer lugar…
La llamada, desde un punto de vista pastoral, a una actitud responsable ante las circunstancias concretas de la vida política de España, haciendo especial mención de la urgencia de unas soluciones de tipo social. No podría repetir, exactamente, las palabras; pero, aquí, el Papa se pronuncia sobre el momento actual. Y subrayaría de este tercer punto, cómo de su lenguaje pastoral, en principio no quedan excluidos ninguno de los gobernantes que hagan profesión de fe católica. Y es una prueba de cómo la predicación cristiana tiene que evitar el grave pecado de la acepción de personas, pecado que muchas veces por omisión se comete, no incluyendo en la solicitud pastoral al poderoso o al alto dirigente político. Es curioso en ese sentido el que gran parte de la predicación de Jesús tiene por destinatarios directos, al partido dominante de Judea, el partido fariseo, y hay, incluso, una alusión personal al Jefe del Estado galileo, que le transmite el deseo de que abandone su territorio.

Pasan 40 años y, “mutatis mutandis”, la actualidad se mantiene con ocasión de tantos sucedidos. El más reciente, la ley del aborto, pendiente de la firma del Rey.

Nota del autor
Franco
nombraba por entonces Príncipe de España y heredero en la Jefatura del Estado a título de Rey a Juan Carlos de Borbón; pero el futuro era tan inescrutable como  siempre.
Este periodista, redactor-jefe en un periódico, se planteó hacer una serie de entrevistas, destinadas a un libro que cabría denominar de domingo, como se suele calificar a ciertos pintores que sólo disponen para el arte de los días no laborables.
Aplazada la publicación por circunstancias particulares del momento, se perdieron luego las carpetas con los originales. 40 años después, haciendo limpia en dos casas y un garaje, he dado con varias de aquellas entrevistas. Algunos personajes siguen en candelero, otros viven más retirados y no faltan los que pasaron a mejor vida. Pero, con unos trazos introductorios nuevos, los diálogos mantienen un interés, leídos con la perspectiva del tiempo transcurrido. Así fuimos y así dialogamos.

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826