España, 17-12-2017

Pasar página

Mi Columna
Eugenio Pordomingo (11/3/2010)eugenio1
El Congreso de los Diputados, la Puerta del Sol, la estación de Atocha y el “Bosque de los Ausentes” del Parque de El Retiro -todos en Madrid-  han sido los lugares donde hoy ha tenido lugar un recuerdo para lo que ocurrió aquel trágico 11 de marzo de 2004: 192 muertos y más de dos mil heridos, muchos de ellos de extrema gravedad.

El Pleno del Congreso de los Diputados ha sido lo máximo que nuestra clase política ha sido capaz de ofrecer en recuerdo de esa fatídica fecha, además de declarar el 27 de junio como Día de Recuerdo y Homenaje a las Víctimas del Terrorismo. Con la elección de esta fecha da la impresión  que pretenden hacernos olvidar lo que pasó el 11 de marzo de 2004.

 El 27 de junio de 1960 tuvo lugar el primer asesinato cometido por ETA, en el que murió Begoña Urróz, una niña de 22 meses. “Cualquier día podría servir” -dijo el presidente del Congreso de los Diputados, José Bono– para justificar la elección de esa fecha como Día de Recuerdo y Homenaje a las Víctimas del Terrorismo.

Solemos tender  al reduccionismo y a la simplificación en casi todo. Quizás lo hace más por eliminar lo superfluo, por comodidad, por incapacidad analítica o por conveniencia. En este caso, unificar -por así decirlo- determinadas fechas, entre ellas el 11-M, en una sola, tiene otra lectura, al menos para quien esto escribe.

Esa fecha, la del 27 de junio, o cualquier otra -menos la del 11-M-, no se ha elegido al azar. A partir de ahora el 11-M se irá alejando de la memoria social colectiva. Y dentro de poco casi nadie recordará lo que sucedió esa fecha.  Y, más adelante, desaparecerá de los libros de texto, ,y si pudieran – que todo se andará-, también de las hemerotecas.

Es sabido que la pérdida de memoria colectiva hace del hombre un imbécil -como dijo Borges-, o un Idion, un cualquiera, según Aristóteles.

Con estos apaños (manipulaciones) se trata de flexibilizar la mente humana, hacerla más susceptible de manipulación para facilitar su control y hacernos  olvidar lo que convenga. Como de igual forma se hace para que el Idion venere marcas comerciales de todo tipo.

Con este proceder (manipulación) se consolida “la mutación del ciudadano al idiota social“, afirma el sociólogo Marcos Roitman. De esta forma, a base de “eliminar” o hacernos olvidar ciertos hechos, se nos hace perder nuestra identidad colectiva. Así, poco a poco, caemos en el autismo individual.

Por eso es importante ahondar en las motivaciones y las consecuencias del 11-M. A la memoria me viene el asesinato (algunos lo denominaron magnicidio) del que fuera presidente del Gobierno durante el franquismo. Me refiero al almirante Luís Carrero Blanco. Con su muerte cambiaron muchas cosas. Los que ordenaron su asesinato, no sólo querían acabar con él; querían acabar con algo más. ETA fue la mano ejecutora, pero con seguridad no la inductora o “autor intelectual”, como se suele decir ahora.

El catedrático de Sociología, Amando de Miguel, afirmó en un estudio sobre España -en concreto sobre las familias del franquismo-, lo siguiente: “Somos un pueblo bastante siniestro, y aquí las grandes etapas políticas se determinan por el asesinato de un gran jefe político”. Tras mencionar a Cánovas (1897), Dato (1921) y Calvo Sotelo (1936), manifiesta su opinión acerca de lo que representó la muerte de Carrero Blanco: “Asimismo, el franquismo desarrollista acaba con el atentado que costó la vida a Carrero Blanco (…). cada uno de estos atentados representa un punto de inflexión hacia una nueva fórmula política y hacia nuevas condiciones económi­cas”.

En efecto, en aquella ocasión, tras el frío y enigmático comentario de Fran­co, “no hay mal que por bien no venga”, se confirmaba un inicio de transición política y otro, un tanto incierto, de transformación económica.

La tragedia del 11-M, hace 11-m1ahora seis años, no se puede analizar sin tener en cuenta los resultados electorales del 14-M; sin obviar la cuestión europea; sin dejar a un lado el fenómeno del terrorismo; sin marginar las alianzas de Aznar por aquellos días y su enfrentamiento con Marruecos, ni las alianzas de Zapatero después; ni la “guerra” que mantienen países y petroleras en busca de recursos energéticos. En definitiva, la lucha por el poder.

Después de seis años, no se sabe quién o quiénes fueron los autores intelectuales y materiales -de éstos últimos conocemos algo-, de aquella  masacre. Reuniones, comisiones, foros nacionales e internacionales, convenciones multitudinarias y homenajes y conmemoraciones  no han servido para esclarecer nada, a pesar del macro juicio y su sentencia.

Y ahora, al unir todos los atentados en una sola fecha, se pretende, una vez más, “pasar página” de la historia.

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826