España, 12-12-2017

El paraíso que anhela Najwa Malha y algunas compañeras suyas de un instituto madrileño

España
Alejandra Durrell (22/4/2010)instituto-camilo-jose-cela
Najwa Malha, la joven musulmana de la localidad de Pozuelo de Alarcón (Madrid), que al parecer tiene nacionalidad española, no ha asistido hoy a clase en el instituto Camilo José Cela de esa localidad, según su padre -así lo recogen varios medios de comunicación- por “depresión”.

En solidaridad con la joven Najwa, tres o cuatro compañeras suyas se han “colgao” un pañuelo o velo similar. No se si estas jóvenes son expertas en asuntos coránicos o no. En cualquier caso, aquí pueden manifestarse, acudir a la prensa, y otras acciones en defensa de lo que consideran sus derechos, sin recibir latigazos ni pedradas ni nada por el estilo.

Las que hemos viajado por algunos países con dictaduras radicales islámicos -repito, dictaduras- hemos tenido que doblegarnos a sus tradiciones o imposiciones, y colocarnos velos para asistir a ruedas de prensa; eso, cuando se nos ha permitido entrar, lo cual es práctica habitual.

Aquí, en España, querida Najwa, no se practica -ni hay tradición, ni cultura, ni imposición-, la ablación del clítoris, ni está contemplado en nuestra legislación la terrible lapidación.  Pero, al parecer es cultura y tradición en algunos países.

Nosotras, nosotros, agachamos la cerviz y sumisos leemos espeluznantes noticias de esas, aunque la verdad sea dicha, tan sólo nos llega una ínfima parte. Pero, aquí en España, nadie protesta por ello; nadie se solidariza por estos casos, como tampoco se hace nada ante las torturas y encarcelamientos indiscriminados de jóvenes saharauis por parte de las autoridades marroquíes.

Entiendo a Najwa, y a sus compañeras, aquí se deben sentir mal, oprimidas por una sociedad occidental, de raíces cristianas, que les prohíbe miles de cosas que les gustaría hacer. Aquí no tienen libertad, la que con seguridad encontraran en Marruecos y en otros países musulmanes.

Quizás, Najwa, el ministro Gabilondo (Educación) debería concederte una beca de estudios en el país de origen de tus padres -imagino que son musulmanes- para que termines tus estudios allí. De esa forma -becada- quedaría resarcida la humillación  que has padecido al prohibirte asistir a clase con “velo”.

Ayer hablé con un educador del instituto y me dice que no te han prohibido nada, que has sido tu quien no has respetado las normas que rigen el centro, entre las que figura el no llevar velo, gorras o gorros, etc.

En adelante, querida Najwa espero que muestres -y tus amigas también- la misma energía y capacidad de convocatoria para protestar por los horrores que, por desgracia, acontecen en esos países (o país) al que, al parecer, tienes -tenéis- como modelo de democracia y convivencia.


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826