España, 27-09-2016

Revisión sobre los orígenes del cine en España y Portugal (1)

EspaÑa
torgaJosé Manuel González Torga (9/5/2010)
A finales de 1995 -el 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes- se celebró el centenario de la primera proyección pública de los hermanos Lumière, en París, en el Salón Indien -antigua sala da billares- del Grand Café, en el 14 Boulevard des Capucines.

En mayo de 1996, con ocasión de las fiestas de San Isidro, patrono de Madrid, fue conmemorada la efeméride española. En Lisboa, el espectáculo con el cinematógrafo Lumière data de febrero de 1897, si bien el 18 de junio de 1896 fue exhibido, en el Real Coliseo de la Rua da Palma, el animatógrafo, en la versión teatrógrafo de W.R.Paul.

No obstante el amplio reconocimiento de tales hitos, la polémica y el revisionismo ha venido  alcanzando a distintalos-origenes-del-cine-espanols facetas de los tiempos primitivos del cinematógrafo. Una serie de verdades oficiales han sido cuestionadas  en debate abierto. Conviene por tanto, sin ánimo iconoclasta, traer a colación datos y elementos de juicio para su consideración por el lector.

La destacada personalidad y discutibles comportamientos de Thomas Alva Edison -apoyado en sus cuasi-negros de la invención, en la Banca Morgan, y en sus expeditivos métodos frente a los competidores, aportó, entre cientos de patentes, la del kinetoscopio (1893). Pero ese aparato, debido fundamentalmente a un empleado de Edison, llamado  William K.L. Dickson (nacido en Francia, en 1860), era un artefacto que requería asomarse a una mirilla para contemplar, en el interior del voluminoso cajón, cómo evolucionaban las figuras impresionadas en una película montada para retornar en un sinfín. No había, pues, proyección en pantalla.

Algo bien diferente fue el denominado bioscopio, de los hermanos Skladanowsky, quienes aspiraban, según la denominación, a ofrecer la visión de la vida.

Max Skladanowsky, formado en el uso de la “linterna mágica” y variantes del espectáculo  apoyado en elementos ópticos y mecánicos, resolvió la filmación y la proyección, pese a la negativa de crédito en el Deutsche Bank, cuyo director le argumentó que “no tenía dinero para chiflados”.

Según una placa conmemorativa del bioscopio, que quedó colocada en el Wintergarden (Jardín de Invierno) berlinés, ese fue un recinto innovador para esta cronología: “En este edificio tuvieron lugar, el 1 de noviembre de 1895, las primeras proyecciones públicas cinematográficas en Europa, realizadas por Max y Emil Skladanowsky, mediante las películas expresamente hechas por ellos y con los aparatos inventados por Max Skladanowsky (Historia genética del cine, por Carlos Staehlin).

Max Skladanowsky era un francotirador, sin la estructura fabril de los Lumière. Ahora bien, frente a versiones mecánicamente repetidas, la investigación en fuentes variadas ofrece una perspectiva más matizada, menos “chauvinista”, sin  quitar los méritos propios a nadie. Los Lumière arrollaron; pero hubo otros nombres recordables.

El capítulo más oscuro de la prehistoria del cine fue el de Louis Le Prince. Desapareció, misteriosamente, sin dejar rastro, del tren que tomó en Dijon para viajar a París, el 16 de setiembre de 1890. Al día siguiente proyectaba salir hacia Nueva York. Le Prince había registrado patentes de invención de cámaras y proyectores en Estados Unidos e Inglaterra, además, claro está, de Francia. No faltan quienes sospechan de un atentado gansteril, decididó al otro lado del Atlántico, en el seno de una guerra de patentes. Hay constancia tardía de  una foto de 1890, realizada al cadáver de un ahogado, con parecido físico a Le Prince, que ha aparecido en los archivos policiales de París, en 2003.

Fiestas isidriles
Por lo que se refiere a Madrid, las primeras proyecciones tuvieron lugar las vísperas o el día de San Isidro -15 de mayo-  patrono de la Villa y Corte, en 1896.

El losan-isidrocal del espectáculo estaba en  los bajos del Hotel Rusia, en la Carrera de San Jerónimo nº. 34, esquina a la calle Ventura de la Vega. Entre los diez cortos exhibidos, y repetidos varias veces como programa, figuraban los siguientes títulos: “La llegada de un tren a la estación”, “Un paseo por el mar”, “La Avenida de los Campos Elíseos”, “El Concurso Hípico de Lyon” y “La demolición de un muro”.

Historiadores tempraneros del cine español, como Juan Antonio Cabero, incluyen también, en sesiones iniciales, dos películas tomadas en España: “Maniobras de la Artillería en Vicálvaro”  y  “Salida de los alabarderos de Palacio”. Habrían sido rodadas por el operador de cámara de la casa  Lumière, Alexandre Promio, con autorización especial de la Reina María Cristina, tras una negativa anterior de los jefes militares. La Reina Regente y el Rey niño Alfonso XIII, también quisieron ver aquellas primitivas películas.

Carlos Fernández Cuenca aseguraba que la primera cinta rodada en España, lo fue el mismo día de la proyección inaugural. Atribuye la autoría al citado Promio quién, según esa versión, en la propia Carrera de San Jerónimo, habría registrado en imágenes la “Salida de las alumnas del Colegio de San Luis de los Franceses”.

Pero hete aquí, que en el año 1996, llega un médico bilbaíno, Jon Letamendi Gárate, con la ayuda de su colega Luis Enrique Ruiz Álvarez, y dan a luz unos supuestos descubrimientos que trastocan fechas y hechos que parecían asentados.

Los galenos vascos remiten en principio, por lo que atañe a la sesión para la Prensa del 13 de mayo y a las tres del día siguiente -mañana, tarde y noche, con entradas al precio de una peseta- a los estudios del historiador francés Jean Claude Seguin, que aporta referencias de periódicos, según las cuales Promio estuvo en Chartres los días 16 y 17 de mayo de 1896. Descarta que hubiera podido compatibilizar la presencia en esa ciudad francesa con una actuación en Madrid, dos días antes, cuando esto hubiera implicado, además, pasar en primer lugar por Lyon (sede industrial de los patronos Lumière), para mostrar el resultado de sus rodajes. Seguin, profesor de la Universidad Lumière-Lyon II, pretendía identificar a otro empleado de la casa Lumière, que podría haber  participado en el debut madrileño.

“Hay que recordar -indica Letamendique a la vez que se presentaba el cinematógrafo Lumière, también Ervin Rousby estrenaba, el día 11 de mayo de 1896 para la Prensa y el 12 para el público, el animotógrafo, patentado por los ingleses Robert William Paul y Birt Acres, cámara compatible con las películas de Edison, aunque pronto debe rendirse ante el éxito de sus competidores franceses y abandona el país”.

Datos reconstruidos
Hemos de tener en cuenta que fechas y otros datos han sido reconstruidos “a posteriori”. Constaba, por ejemplo, que la muestra pública, de carácter prístino, ofrecida por los Lumière, en Lyon, correspondía a la exhibición de la “Sortie des usines Lumière a Lyon”, el 22 de marzo de 1895. Eran sólo 800 imágenes tomadas por Lumière en 50 segundos, al girar la manivela para el arrastre de la película con el ritmo marcado tarareando una determinada canción que proporcionaba la debida cadencia.  Pero no había datos registrados de la fecha de rodaje. Luego, por determinadas deducciones, se ha llegado a estale-primceblecer que la toma tuvo lugar el 19 de marzo.

Los Lumière poseían una industria de materiales fotográficos, fundada por su padre, Antoine Lumière, tras ejercer como relojero y fotógrafo. Era masón, miembro de la logia “Estrella y compás”. Matriculó a sus hijos en la Escuela Técnica, y Louis, con su formación de químico, dio con la fórmula, a base de gelatina y bromuro de plata, para el soporte fotográfico.

Volviendo a los rodajes iniciales en España, Letamendi sigue también  a Jean Claude Seguin, con la referencia, de un anuncio en el diario “Lyon Republicain” -de 5 de julio de 1896- que llamaba la atención del público sobre “La Photographie Animée par la Cinematographe Lumière”, donde figuraban el “Desfile de los Lanceros de la Reina en Madrid” y “Ejercicios de Tiro por la Artillería Española”, así como “Plaza del Puerto de Barcelona”. Esta última, desaparecida después, no figura en los catálogos Lumière de la época; pero su autoría es atribuida a Alexandre Promio, así como los de las imágenes madrileñas captadas en la Puerta del Sol y en la Puerta de Toledo.

Alexandre Promio fue, desde luego, un adelantado como “hombre de la cámara”.

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826