España, 16-12-2017

La política española al servicio del sátrapa: una revisión sobre Guinea Ecuatorial

fernando-maura-ana-camacho-y-faustino-ondo-ebangGuinea Ecuatorial
Fernando Maura (21/7/2010)
El apoyo a ultranza del Gobierno de Zapatero a la dictadura de  Obiang se ha convertido en un penoso ejercicio de sadomasoquismo injustificable tanto desde el punto de vista de la solidaridad pura y dura como de las políticas realistas con las que se defienden el acoso a los derechos elementales y la libertad en Venezuela o Marruecos en nombre de unos supuestos intereses nacionales o económicos.

Resulta de lo más misterioso e inquietante el resorte que empuja al ministro Moratinos a una política de complicidad sin fisuras con uno de los tiranos más corruptos e impresentables de la escena internacional. Otros, incluyendo al presidente Lula, también se olvidan de su compromiso con el progresismo y visitan a Obiang pero, a cambio de sus parabienes, obtienen jugosas concesiones de petróleo y gas, contratos de grandes obras o acuerdos para suministrar corbetas con los que aliviar el tsunami financiero. En el caso de España, en cambio, ni siquiera la lógica del beneficio egoísta puede justificar la vergonzosa responsabilidad que conlleva una política que da continuos espaldarazos a un régimen que encabeza los listados de grandes violadores de los derechos humanos y da la espalda a un pueblo que pide libertad y al que nos unen estrechas relaciones históricas y culturales.

El que Guinea se haya convertido en el Kuwait de África no aclara el misterio ya que ni Cepsa ni Repsol parecen haber logrado ningún resultado precisamente en la única ex colonia que ha tenido España en el África subsahariana. Parece que ni siquiera los amigos del PSOE están a salvo de la compulsiva aversión que el dictador Obiang parece alimentar por todo lo que tenga que ver con España.

Esta actitud enfermiza no sólo se traduce en cerrar el paso a toda actividad que tenga un tufillo a avanzadilla de empresas españolas sino también en acabar con los restos del naufragio de una presencia a la que Obiang, sin embargo, para desgracia de su pueblo y vergüenza de los españoles, se lo debe todo. Las amenazas con las que su gobierno acaba de arremeter contra las actividad de Iberia  (la única compañía aérea que durante años, comunicó el país con el resto del mundo a costa del bolsillo del contribuyente cuando no era una ruta precisamente de éxito comercial), no es más que un botón de muestra de esta relación digna, en la más optimista de las hipótesis,  del diván de un psiquiátrico. Una relación enfermiza no sólo por parte del dictador que acusa a la compañía española de discriminar a sus ciudadanos, sino también de la contraparte española que parece responder a estas humillaciones con la sumisión y nuevos intentos por agradar propia del síndrome de la víctima de malos tratos con su agresor.

El Gobierno de Zapatero ha hecho lo indecible e, incluso, lo indebido por agradar a Obiang, desde apoyar su absurda pretensión de hacer un lavado de imagen con la creación de un premio “científico” en  la UNESCO  que lleve su nombre, hasta hostigar a la oposición exiliada en España para recortar su ya de por sí escasa capacidad de maniobra. España se ha convertido así en nota discordante frente a las iniciativas de  EE. UU. y Francia de rechazo abierto y público al premio de la UNESCO, en una dinámica que sólo conduce a que España sea identificada en la escena internacional como un país débil, sin más capacidad de acción que la de callar para que no se note que es ninguneado hasta por los más indeseables y en áreas donde debería llevar la voz cantante.

A cambio, el Gobierno de Zapatero ha cosechado  el apretón de tuercas público a Iberia o las declaraciones con las que, en francés (por supuesto), Obiang ha vuelto a airear a los cuatro vientos que cualquier país del mundo, incluida la lejana y recién llegada a Malabo, Corea del Sur, es una opción estratégica para Guinea, excepto España.

El ridículo mundial español crece a medida que Obiang se desvive por hacerse con un hueco en las cumbres del África francófona de Sarkozy, sin importarle las críticas francesas o los vetos a su presencia para que no desluzca actos oficiales con su siniestra reputación e imán para la mala prensa. No le dejaron ir al desfile del 14 de julio con los representantes de la “grandeur” africana como él deseaba, pero no ha acusado a Sarkozy de “chulería” ni de “neocolonialismo”. Parece que la diplomacia de Zapatero no es capaz de asignar a España otro papel con Guinea que el de receptora de las bofetadas que el dictador no da a quienes no tienen tantas contemplaciones.

moto-y-armengolMientras, el opositor Severo Moto sigue sin pasaporte y pendiente de causa judicial, el Gobierno despliega todas sus influencias para frustrar las investigaciones judiciales sobre las cuentas de blanqueo de dinero de Obiang en España. En el colmo de esta inexplicable actitud de genuflexión incondicional, el Gobierno de Zapatero, en lugar de responder a las peticiones de auxilio del pueblo guineano, ha optado por nuevos regalos al dictador como es la escandalosa decisión de contribuir a la financiación de su burocracia.

Una cleptocracia que está dispuesta a dilapidar 3 millones de euros para “comprar” un premio a la UNESCO y que ha sido objeto de nuevas denuncias por el desvío a EE. UU. de 75 millones de dólares de las arcas públicas, no necesita que le vengan a subvencionar los funcionarios. Luego, ¿cuál es el poder que despliega el obianguismo para encandilar a Moratinos y Zapatero?

Los españoles necesitamos hacer luz en este enigma. No sólo porque, como en el caso de Cuba o el Sáhara, esta política no es moralmente aceptable, sino porque necesitamos aclarar si la política pro Obiang no es la punta del iceberg de un grave e incapacitante trastorno mental de los que nos gobiernan.

N. de la R.
Fernando Maura es responsable del área Internacional y miembro del Consejo de Dirección de UPyD. Este artículo se publica con la autorización de su autor.

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826