España, 17-12-2017

Sin proyecto, sin táctica y sin estrategia, todo está perdido…

Abaha (6/7/2010)lula-y-obiang
El racismo no se mide por el color de la piel, sino por lo abultado del bolsillo, lo grande que es la cartera y por las tarjetas de crédito que uno tiene. O sea, por el dinero que soporta nuestras decisiones. Se es o no dictador si los que ponen las etiquetas de esa categoría lo quieren o no. La historia -especialmente la moderna- nos muestra una serie de personajes que mientras contaban con los favores de los poderosos no eran tachado de sátrapas ni de dictadores, eran -como dijo en Premio Nobel de la Paz, Enrique Kissinger-, unos “hijos de puta”, pero son nuestros “hijos de puta”.

Si, por ejemplo, llegan en patera a las costas españolas una serie de individuos, se les suele decir “subsaharianos” o negros, aunque prevalece lo primero. Pero, si atraca en Marbella un yate de un jeque árabe, no se dice que ha llegado un subsahariano o un musulmán, sino que se dice que ha llegado el emir, el sultán, su excelencia o lo que sea. Además se le pone escolta oficial y hasta, en alguna ocasión, SM va a visitarlo.

Pues eso mismo es lo que le pasa al dictador Teodoro Obiang Nguema, que ya casi ningún medio de comunicación -excepto por presiones debidas a ciertos intereses económicos- le llama ni africano, ni negro, ni dictador. Él ha pasado a la categoría de Presidente de la República de Guinea Ecuatorial.

Esa promoción la ha conseguido a base de barril de petróleo; a base de permitir que los barcos entren  y salgan sin control de sus puertos; y a base de untar de mantequilla los bolsillos de muchos. Antes, cuando el petróleo no se había explotado, él se cubría con eso mismo, con que España no explotase el crudo de los guineanos. ¿Nadie cobraba dividendos por ello? Lo dudamos.

Ahora le visitan, un día sí y otro también, poderoso hombres de negocios y de Estado. El último ha sido Lula Da Silva, presidente de Brasil, al que han acompañado empresarios ansiosos por llevarse las riquezas del país y por invertir en la ex colonia. Entre tanto, España le costea al dictador su “aparato burocrático” y le protege diplomáticamente de las esporádicas críticas que algún grupito español o un despistado europarlamentario se le ocurran.

La visita de Lula ha debido ser jugos, conociendo a los dos personajes. Los dos han pedido a los países más desarrollados del mundo que “las medidas contra la crisis no afecten a los estados en vías de desarrollo“.

La pantomima de estas reuniones de cara al exterior no varia nada. En esta ocasión, los dos presidentes -el dictador y el electo- han emitido un comunicado en el que “expresan su conformidad en luchar para salvaguardar los principios democráticos y cooperar conjuntamente contra el crimen organizado y otros problemas”. Pero la cara del presidente  Lula en la fotografía que publica la página de Internet del gobierno guineano, lo dice todo. La cara es el espejo del alma, dice un refrán.

Sobre las riadas de militantes del CPDS, UP y Gobierno en Exilio que se han pasado al PDGE en busca de bocadillo de mortadela y el porrón de vino que daba Franco por acudir a las manifestaciones, o la hamburguesa y la coca-cola (no cobramos por la publicidad)  que da el PSOE, es comprensible. Cualquier gurú moderno -algunos se denominan así mismos como comunicadores, asesores o expertos-, puede dar fe de ello. El hombre es como un prado de hierba, siempre está dispuesto a que se lo coman. Y, desgraciadamente, será lo que a muchos de esos convertidos políticos les puede suceder. A la memoria nos vienen varios nombres

Amigos guineanos, hay que dejarse de tanto Internet, de tanto chateo (no me refiero al de los vinillos, sino al de la red), e ir al grano. Desde aquí no dejamos de repetirlo una y otra vez: Proyecto, táctica y estrategia, y el territorio será vuestro. Dejad de mirar al cielo, esperando que caiga el maná. El maná está dentro de vosotros; tenéis que ser capaces de encontrarlo.

A España, Guinea Ecuatorial se le escapa como la sangre a un toro de lidia tras recibir la mortal estocada.

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826