España, 11-12-2017

Zapatero y el progresismo africano

Ana Camacho (2/8/2010)
La reunión del African Progress qana-camachoue se celebró el pasado día 12 en la sede del PSOE en la calle Ferraz en Madrid, da para reflexiones como las de Luís de Vega, las de Fernando Maura y muchas más. Ha habido mucho comentario sobre cómo es posible que Zapatero, Chaves y Leire Pajín hayan descubierto África y, sin embargo, ignoren el África hispana (con lo reducida que es) y las grandes carencias de progresismo que padecen los saharauis y guineanos.

¿Qué mejor oportunidad que una reunión organizada en Madrid y con el ANC, el partido de Nelson Mandela que Gobierna Suráfrica desde que cayó el apartheid? Como dijo Chaves si algo distingue al ideario de los líderes progresistas frente a “los partidarios del pensamiento único” es el “promover la igualdad de género, el apoyo a la democracia, la paz, la seguridad y la defensa de los derechos humanos…”.

Para comprenderlo, hay que ponerse en el lado de los organizadores y de los objetivos que persiguen. Este tipo de iniciativas tienen como objetivo establecer “un foro permanente de diálogo” y “fortalecer las relaciones” entre países, gobiernos o partidos afines. Para que este “diálogo” prospere lo primero es contar con el mayor número posible de invitados ilustres (en este caso africanos) que, con sus aplausos, certifiquen que el anfitrión está en la ola. Para que el éxito sea completo, hay que asegurarse el poder contar en el futuro con nuevas reuniones, sin que ocurra como con la Alianza de las Civilizaciones, grandes iniciativas que se quedan en punto muerto por falta de asistencia. Tocar un tema tan sensible como son los derechos humanos en África entre tanto dirigente como el que hubo en Madrid, incluso con los muy “progresistas” no garantiza que los invitados vuelvan a su país contentos y, sobre todo, con ganas de repetir faena.

El ANC no está libre de pecado cuando se trata de defender la causa de los derechos humanos y la democracia en otros países africanos. Por ejemplo, se le reprocha a sus líderes ese papel de defensa a ultranza que están desempeñando con Mugabe, el octogenario que no afloja la presa del poder en Zimbawe, caiga quien caiga. Al papel de liderazgo regional que desempeña Suráfrica no le sienta nada bien esta debilidad que se sospecha tiene que ver con las deudas del pasado y el apoyo que el ahora denostado dictador Mugabe dio a la causa del ANC cuando este movimiento estaba condenado a la clandestinidad.

La verdad es que tampoco se le ha oído a los dirigentes surafricanos hablar muy fuerte contra Obiang y, de hecho, se dice que el chivatazo que alertó a la dictadura guineana de la llegada de Simon Mann y su supuesta unidad de mercenarios dispuestos a emular la gesta de los Perros de la guerra, partió de los servicios surafricanos.

Sin embargo Obiang no es para el ANC un caso homologable al de Mugabe, al que se sienten obligados por agradecimiento a defender a capa y espada. A veces, los Thabo Mbeki, le han estrechado la mano a Obiang, pero ni siquiera la cuenta de beneficios de las petroleras surafricanas que se han abierto camino en la explotación del Kuwait africano han logrado para el cleptócrata guineano la misma comprensión que para su amigo Mugabe (él sí que habla muy bien de Obiang). Probablemente esa extraña neutralidad que consiste en un “no estoy contigo pero tampoco te voy a fastidiar” animó a Obiang a dar en Suráfrica su reciente discurso histórico, esa nueva edición del cambio del cambio que luego nunca cumple. Pero sin duda que al dictador guineano no le hizo ninguna gracia que el reverendo y premio Nobel, Desmond Tutu, un peso fuerte en la lista de figures de peso en Suráfrica, le aguase la fiesta haciendo lo que Zapatero no se ha dignado hacer, hablando alto y claro para que la Unesco no hiciese el ridículo universal creando un premio científico financiado por Obiang a cambio de que inmortalizase su nombre.

africaEn cualquier caso, si alguna duda podrían tener los organizadores españoles del African Progress en relación a Obiang, seguro que el ANC no hubiese tenido ningún problema con un recordatorio a la causa del Sáhara que el partido de Mandela mima con mucho esmero, hasta en pequeños detalles como es la inclusión de la bandera de la RASD en los actos del Mundial de Fútbol. Como no fuese que Zapatero tuviese miedo a que algún amigo de Mohamed VI en la reunión tuviese que sentirse obligado a salir en defensa del rey alauita…

Toda precaución es poca cuando hay tanto en juego y lo que importa es seguir avanzando. ¿Hacia dónde? Da la impresión que esto del African Progress le ha servido a Zapatero para ir calentando motores de cara a la cumbre de evaluación de la lucha contra la pobreza que la ONU celebrará el próximo septiembre. Lo sugiere esa amplia parte del discurso con la que Zapatero dedicó a los Objetivos del Milenio. Que si esta reunión de septiembre “va a ser una cita decisiva contra el hambre”; que si “lo mejor que ha hecho la ONU en su historia es elaborar y exigir los Objetivos del Milenio”, que si “aún se puede ganar la lucha contra la miseria en el mundo”

Y para rematar una promesa solemne: que nadie desfallezca que él se compromete a trabajar ante los líderes mundiales con la firme determinación que requiere “encontrar alguna fuente de financiación” para que la ONU cumpla sus promesas. La buscará dijo “desde el sistema financiero y exigiéndoselo al sistema financiero”. No aclaró en qué consistiría este mecanismo pero seguro que tiene algo preparado para revalidar ese título con el que el cantante Bono le nombró en 2008 máximo líder europeo en la noble causa de la lucha contra el hambre.

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826