España, 12-12-2017

El kirchnerismo después de Kirchner

Iberoamérica
Redacción Socialismo Latinoamericano (31/10/2010)nestor-kirchne
La muerte del ex presidente Kirchner conmocionó sin distinción de banderías a la sociedad argentina; un violento impacto que alcanzó de lleno a las capas más profundas. Néstor Kirchner fue, sin discusión, protagonista central de la política y del poder en los últimos siete años de la vida nacional

La muerte lo alcanzó cuando se aprestaba a librar una batalla decisiva con vistas a asegurar su influencia en la más alta esfera gubernamental. Su desaparición creo un importante vacío político en el ovimiento que encabezó, y abrió una serie de interrogantes sobre el futuro del gobierno que dirige Cristina Fernández.

A pesar de lo que creen muchos de los que hoy sinceramente lo lloran, Kirchner no fue el jefe de un Frente Nacional ni el ejecutor de un programa de sesgo antiimperialista. Se diferenció ciertamente de la vieja partidocracia tradicional encabezada por radicales y cívicos, macristas y peronistas disidentes, vale decir, corrientes liberales y conservadoras, portadoras de intereses antinacionales y antipopulares.

Kirchner y el kirchnerismo son producto del movimiento de reflujo que sucedió al levantamiento popular que terminó con el gobierno de Cavallo-De la Rúa en diciembre de 2001. Como tal expresó una corriente de restauración institucional que permitió la reversión de la consigna que sacó a la calle a las masas en medio de una profunda crisis de representatividad. No se fueron todos; quedaron los de siempre. Pero el movimiento de diciembre y el estallido de la convertibilidad marcaron un antes y un después; un límite ante el cual quien terminara ocupando el vacío de poder, no podría retroceder. En definitiva, una nueva relación de fuerzas. En lugar del programa del neoliberalismo ortodoxo que el menemismo desenvolvió hasta sus últimas consecuencias, se generaron condiciones para una política de sesgo neodesarrollista. Esta política la llevó adelante primero el gobierno de Néstor Kirchner y luego el de Cristina Fernández. Ambos gobiernos, hasta el 2008, contaron con el apoyo de la gran burguesía exportadora, enriquecida por la devaluación y la pesificación asimétrica de Duhalde, y luego se apoyaron exclusivamente en la dirigencia de la CGT, del aparato del Partido Justicialista y de contingentes de una joven militancia de incorporación reciente a la política.

Ahora el kirchnerismo, desparecido su jefe, enfrenta el mayor de los desafíos. Las notas políticas que hoy publica la prensa opositora son altamente ilustrativas. Clarín se interroga si Cristina Fernández será capaz de realizar “la apertura de un gobierno que, con el tiempo, se fue encapsulando de manera peligrosa”. La Nación expresa inquietudes similares. Para el paquidermo de los Mitre es de suponer que la presidente “registrará la enorme limitación que le impone la muerte de su esposo y ensayará una concertación para estabilizar su gobierno hasta el fin de su mandato”. Conociendo los intereses que guían la pluma de la canalla mediática, no es difícil adivinar en que sentido se debería abrir el gobierno y con quiénes debería concertar.

Si el gobierno cede a esos reclamos estará irremediablemente perdido. Tampoco tiene futuro si no imprime un giro radical a su política y avanza en el sentido que marcan proyectos como el de participación en las ganancias y control de la contabilidad empresaria, y otros no previstos como la reforma del régimen impositivo, el gravamen a la especulación financiera o la restitución plena de los aportes patronales. Medidas de esta naturaleza no constituyen en sí un cambio revolucionario, pero ciertamente revisten indudable progresividad y encierran un honARGENTINA PRESIDENTAdo contenido popular-democrático. En las trágicas circunstancias que impone el presente, el gobierno surgido de aquellos acontecimientos está nuevamente ante los problemas que sacó a luz la crisis de diciembre de 2001, que lejos de estar resueltos han cobrado una especial actualidad.

La decisión es del gobierno de Cristina Fernández. Pero no sólo del gobierno. Si una parte importante de la militancia ha creído honestamente que en el kirchnerismo, a pesar de todas su limitaciones, reside la posibilidad de resistencia de las fuerzas nacionales y populares frente a la reacción, y si a partir de esta creencia decide librar el combate por imponer una salida popular, democrática y antiimperialista, entonces se encontrará en un mismo campo de lucha con todos aquellos argentinos que bajo las banderas nacionales, obreras y socialistas militamos por la emancipación de la patria y la unidad revolucionaria de América Latina.

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826