España, 18-12-2017

¿Es la crisis una amenaza para el euro?

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Manuel Funes Robert (7/2/2011)
Rotundamente no. En la edad posterior al patrón oro las monedas dejaron de estar unidas a un vínculo objetivo: la cantidad de oro a que correspondía cada una de ellas. No había ni podía ver especulación y tampoco aumento o disminución de las masas monetarias. Desconectadas del metal las nuevas monedas fiduciarias se intercambian en proporciones distintas según el momento y las circunstancias en que viven en sus países de origen.

¿Qué criterios se siguen para valorar esos intercambios? En primer lugar, una moneda se considera fuerte siempre que lo sea el país que la crea con independencia de la situación económica en el momento de su creación. Así, el dólar será siempre la moneda o una de las tres monedas más importantes del mundo, haya o no paro en EE. UU. o se viva en deflación o inflación. El valor básico es que con el dólar se puede comprar y vender en cualquier parte del mundo. Es una moneda universal. Prácticamente lo mismo se puede decir del euro.

Otro criterio para valorar las monedas es la capacidad adquisitiva que cada uno tiene en su propio país. Cuanto más altos sean los precios, menos vale la unidad monetaria porque se puede comprar tanto menos con esa unidad, cuanto más altos sean los precios.

Pero esas monedas también se cambian entre si a precios variables porque la libertad de movimiento de capitales lo impone, pero el mercado de las monedas funciona sin moneda, puesto que todas cambian sobre todas. Ese mercado funciona en régimen de trueque y las relaciones que entre ellas se producen son libres y variables. No son precios, sino relación de precios.  Así, el tipo de cambio de la moneda del país A con la del país B es el multiplicador que expresa en moneda de A los precios de B.

Y estas relaciones determinan los precios internacionales e influyen directamente en las corrientes comerciales y desde el principio de la nueva era se vio que devaluando la moneda de A respecto a B aumentan las exportaciones de la primera hacia la segunda y disminuyen las importaciones de B a A.

Cuando hablamos del euro y de su posible crisis nos movemos en este mundo de trueque de monedas por otras y no entendemos que el valor del euro, cuando menos vale respecto a otras monedas, menos valor tiene y por tanto es malo para el euro. En realidad hay razones para pensar lo contrario, por lo que tiene esa caída de estimulo a sus exportaciones. Por tanto, si el euro cae respecto a las demás la zona euro se hace más competitivo, pues exporta más e importa menos.

Por ello quienes hablan de la estabilidad del euro tratan de mantener fija esa relación y consideran mala cosa que se altere en contra del euro cuando por lo que acabamos de decir, esa caída es buena para la zona euro.

¿Qué hay detrás de este nuevo tópico, al que alude repentina y masivamente en estos días? Que para mantener alto el precio del euro respecto a las demás monedas la UE, que no controla el volumen de las masas monetarias de las demás monedas, pero que si controla la suya y pensando en ese absurdo criterio de valor, estamos creando un clima de opinión a favor de la escasez de euros, relacionando de este modo la búsqueda de la estabilidad del euro con su escasez. El argumento tiene la misma finalidad que el equilibrio de los presupuestos y toda la cura salvaje de restricciones que estamos viviendo. Y si el euro es escaso para que valga más el BCE deja de cumplir su misión básica que es crear cuanta financiación necesite el sistema real.

Es otra idea que se suma al conjunto de errores doctrinales de los que se sirve el sistema financiero privado para oprimir al sistema real. Se empieza a poner de moda la idea de la competitividad, que ya comentaremos la próxima semana.

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826