España, 26-09-2016

¡Quieto todo el mundo!

Mi Columna
Eugenio Pordomingo (23/2/2011)antonio-tejero
Llevo varios días harto, hartito, sobre todo hoy, de escuchar ¡Quieto todo el mundo!, ¡Quieto todo el mundo!, pronunciado aquel 23 de febrero de 1981 por el entonces teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero

Aquel ¡Quieto todo el mundo! ha sobrepasado, ha dejado casi en el olvido, al ¡Se sienten, coño!, que a mi, sinceramente, me gusta más.

Casi siempre el poder, los gobiernos, las Coronas, encuentran motivos para hacernos olvidar los verdaderos problemas que se ciernen sobre nuestras cabezas. Unas veces son oportunas detenciones de etarras; otras, una catástrofe humanitaria; las más, asuntillos que se sacan del cajón de los olvidos, y se airean oportunamente con hora y fecha señalada.

El ¡Quieto todo el mundo!  y  ¡Se sienten, coño! han servido de pretexto para hacernos olvidar, aunque sea por un día, del panorama tan negruzco que respiramos. Y no me refiero al atmosférico, que ya está cargadito, sino al de la economía, la corrupción, la pérdida de valores democráticos y tantos y tantos otros.

Hoy, el presidente Zapatero se ha escudado en la fecha del 23-F (XXX aniversario) para no contestar a Rajoy que le preguntaba por  asuntos sobre los que la oposición debe preguntar. Pero el hombre del talante, de la palabra, le espetó que hoy no era día de discutir. Y habló de la “dignidad” de la Cámara, de la unidad y la democracia. Esas palabras de Zapatero me recuerdan a todos los diputados con la cabeza entre las piernas, agachados, y algunos orinados, excepto Adolfo Suárez y Gutiérrez Mellado.

A mi, sinceramente, me gustaría que se hablara, alto y claro, de pufo de más de 200.000 millones de euros -repito, doscientos mil millones de euros- concedidos por las Cajas de Ahorros a inmobiliarias, constructoras y vaya usted a saber a quién más, que se van a perder, que se han ido al limbo, aunque dice la Iglesia que ya no existe. 

A mi me gustaría que se debatiese, que alguien defendiera, que las cajas de ahorros, aquellas que creó en 1702 el Capellán del Convento de las Descalzas Reales, Francisco de Piquer y Rodilla, para  ayudar al pobre y al desamparado, no se privatizasen y pasaran a manos de banqueros como un botín más. Que sigan las cajas, pero sin políticos y sindicalistas en sus consejos de administración.

A mi me gustaría que se aclarase de una vez lo de los trajes de Camps (Presidente de la Comunidad Valenciana); que se supiese -yo no tengo duda-, quién o quiénes fueron los que urdieron el “chivatazo” del Bar Faisán

A mi me gustaría que e aclarase lo de los ERES de Mercasevilla, y que devolvieran lo robado (pues, en definitiva y sin eufemismos legalistas, fue un robo), y fuesen al trullo.

A mi, por no pormenorizar, me interesa y mucho, que se aceleren los cientos de procesos de corrupción de políticos, de toda clase, condición y rango, que se apolillan en las estanterías de los juzgados.

La verdad, es que pensándolo, y no mucho, he llegado a la conclusión que Tejero -más bien los que le animaron al esperpéntico golpe de Estado- consiguieron lo que querían, que era, ni más ni menos, ¡Quieto todo el mundo!


Contenido relacionado...


Compartir:


Espacios Europeos © Copyright 2005-2016 No nos copiéis, nos cuesta mucho trabajo mantener esta página.
Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826