España, 15-12-2017

Entre la Montaña mágica de Atapuerca y el Museo de la Evolución Humana

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José Manuel G. Torga (13/4/2011)atapuerca1
Con una significación bien diferenciada de la que noveló Thomas Mann, también a pocos kilómetros de Burgos se habla de “La Montaña mágica”. Aquí no hay un macizo como el alpino, con aire recomendado para sanar enfermos de pulmón, cerca del Davos, que convoca estos años a élites financieras; pero sí está la Sierra de Atapuerca, que encierra y revela el rastro paleoantropológico de ancestros europeos bien remotos. Los vestigios no se cuentan en estos mágicos lugares por siglos sino por cientos de miles de años; hasta por encima del millón. Llegar a estos parajes permite iniciar otro periplo en la máquina del tiempo. Sin duda, vale la pena.

Los yacimientos de Atapuerca marcan un hito mundial para el estudio de la evolución humana, por las sucesivas poblaciones nómadas que tuvieron presencia en la zona y de las cuales quedaron  restos fosilizados en distintos estratos geológicos.

Restos del Homo antecessor constituyen el hallazgo inédito, record de antigüedad de nuestro Viejo Continente.

El cráneo de un Homo heildelbergensis, bautizado Miguelón por referencia al ciclista Induráin, y la pelvis de la misma especie, significan también piezas de excepcional valor.

Con la denominación de “Excalibur”, cuenta a su vez con especial importancia, un bifaz, como se denomina en arqueología “un útil lítico de forma más o menos almendrada, tallado por sus dos caras y con aristas cortantes, característico especialmente del Paleolítico inferior y del medio”.

No faltan restos de variadas especies animales, incluidos elefantes, hipopótamos, panteras…

Entre las excavaciones, las de la denominada  Sima de los Huesos comenzaron hace una treintena de años y han proporcionado seis mil fósiles humanos, que representan el 95% de registro de homínidos del Pleistoceno  Medio de Europa.

De proyecto ferroviario a museo
Todo empezó donde las obras para un ferrocarril cortaron un paso en un frente alto de  roca. Efectuado el corte, el proyecto terminó por ser abandonado, hasta que llegó la investigación excavadora y los sorprendentes descubrimientos de un signo bien distinto. Queda, desde luego, trabajo para muchos años.

Entre las deducciones establecidas impresiona la del canibalismo de aquellos lejanos homínidos. Según parece, las incisiones sobre los huesos conservados, indicarían que fileteaban sus carnes para comérselas, como las de otras especies animales de la época.

En la capital burgalesa, un gran edificio, de original funcionalidad, alberga el Museo de la Evolución Humana, con capacidad para seguir reuniendo las aportaciones de excavaciones futuras.

Los originales de los restos fosilizados expuestos en el museo son, obviamente, la atracción máxima desde el punto de vista científico. Pero existe, además, toda una variada ambientación que reconstruye paisajes, ejemplares de homínidos y otros elementos recordando, por ejemplo, a Darwin. La creación audiovisual aporta, a su vez, una sugestiva espectacularidad, de carácter didáctico.

Documentación ¡más documentación!
Ante la convocatoria  a un grupo de corresponsales de Prensa extranjera sí cabía esperar una documentación de tipo divulgativo, que uno echó de menos, más allá de los folletos al uso.

atapuercaTambién pude sorprenderme, al hablar con las amables y eficaces guías, sobre evolución y alimentación, con el hecho de que, en ese ambiente, esté olvidado el nombre de un científico español como Faustino Cordón. Fallecido hace poco más de 10 años, a la edad de 90, fue un investigador reconocido.

Si las ideas de Cordón han quedado superadas – algo que no sé, por no pertenecer al ámbito de los especialistas-  siempre constituirá un eslabón a tener en cuenta. Entre sus libros siguen ahí títulos como “Introducción al origen y evolución de la vida” (1958), “La evolución conjunta de los animales  y su medio” (1966) o “La naturaleza del hombre a la luz de su origen biológico” (1981). Personalmente le entrevisté para la Radio y creo que merecía la pena oírle. Cuando sufrió un desprendimiento de retina y temiendo que pudiera quedarse ciego, Antonio Núñez mantuvo con él largos diálogos que darían lugar  a otra publicación: “Conversaciones con Faustino Cordón sobre Biología Evolucionista”.

Y para terminar, una mención al alcalde de Atapuerca, Fernando Gómez Aguado.  Nos recibió sobre el terreno y, con llana naturalidad, puso de manifiesto que está orgulloso del pueblo que rige. Y, también que es un curioso lector de varias materias culturales. Nacido en Uruguay, sabe bastante de Portugal. Muy propio para estos parajes de antiquísimos nómadas.

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826