España, 22-01-2018

Dos periodistas víctimas de la violencia en Badajoz: Antonio Béjar (1936) y Gabriel Ramírez (2011)

Sin Acritud…
José Manuel G. Torga (3/5/2011)yorga
Dos periodistas han muerto  violentamente con 75 años de distancia (1936-2011). Al de antaño, lo fusilaron; el de ahora  ha sido atracado, supuestamente por un ladrón chileno de nacimiento. La ciudad de estos luctuosos sucesos es Badajoz, como podría serlo otra localidad española. En los  casos de que trato concurren los signos respectivos de los tiempos, con circunstancias particulares muy distintas. Pero la desaparición a mano airada de Gabriel Ramírez me ha hecho evocar la ejecución criminal de Antonio Béjar.

Gabriel Ramírez Soto fue uno de mis compañeros de Redacción, entre 1960 y 1965, en el diario Hoy  editado en la capital badajocense,  pero por aquellas calendas nominada pacense.  Compartimos muchas madrugadas en la sede del periódico, entonces en su edificio de la Plaza de Portugal, con un orgulloso y algo excesivo letrero en su fachada: “HOY, GRAN ROTATIVO DE EXTREMADURA”.

Ramírez hizo toda su carrera profesional en el mismo diario, en Hoja del lunes de Badajoz, y en Radio Extremadura. Desempeñó los cometidos más variados de una Redacción: sobre todo deportes, con  otras etapas más cortas de información local, espectáculos, nacional, internacional, etc. Sabía taquigrafía. Recuerdo que entrevistó a Hemingway. Y que cubrió, en Villanueva del Fresno, la información sobre el hallazgo de los cadáveres  del general portugués Humberto Delgado y de su secretaria brasileña; colaboró allí con él, Horacio Andrino, corresponsal local, que había alertado sobre el tema mediante una carta al periódico, por correo postal, desconociendo, en principio, la posible identidad de las víctimas.

Jubilado, y con 82 años, Gabriel Ramírez acudió, su fatídico día, al banco del que sacó 1.850 euros. Vigilado por el delincuente que le siguió hasta el portal de su casa, en este lugar fue agredido y robado; subió a su piso y,  en una butaca, murió repentinamente.

Hay que suponer que a consecuencia del susto, del disgusto y de la consiguiente conmoción desencadenada, con la marca de los dedos del agresor en su cuello. El sospechoso ha sido detenido en Córdoba, para hacer frente a un Código Penal que ni el mismísimo Rousseau hubiera concebido más inclinado a favor de cuantos delinquen contra la vida o la propiedad. Hay que dar por hecho que la muerte de Ramírez, con sus seudónimos de “Ignotus” y de “Magerit”, entre otros, saldrá barata. Como tantas otras, mal que nos pese.

Una foto y el silencio
Durante los años de mi trabajo en Hoy, en la sala de Redacción había una foto enmarcada de Antonio Béjar, caído según el léxico vigente entonces, durante la Guerra Civil. Más allá de ese dato, apenas se hablaba por aquellos años sobre detalles relativos a su muerte. Con la política de Rodríguez Zapatero sobre la “memoria histórica” ha potenciado el interés por hechos similares, precisamente como reacción a los igualmente trágicos, mas de significación ideológica contraria.

Rebobinemos, pues, recuerdos del pasado, rebuscando en la hemeroteca. En la Guerra Civil fueron asesinados tres profesionales vinculados a Hoy. Dos murieron en Madrid: Alfredo Gracia Barreda, que había pasado a ser redactor del diario nacional El Debate, buque insignia de la cadena de La Editorial Católica; y Francisco de Asís Sánchez Miranda, abogado y diputado de la CEDA, quien antes había estado implicado en el cotidiano El Correo Extremeño, pero que participó en la fundación de Hoy y para sus páginas escribió el editorial del primer número. Al que arrancaron la vida en Badajoz fue a Antonio Béjar Martínez.

Natural de Almendralejo, donde comenzó sus escarceos periodísticos, que le llevaron a la redacción de Hoy, Béjar era un modesto profesional, de sólo 25 años de edad.  Trabajador e ilusionado. El testimonio más directo de lo ocurrido en su jornada final  lo narraba Herminio Pinilla Yubero, que llegaría a director del periódico y permanecería en el cargo unos cuantos años.

Recordaba en efecto Pinilla cómo, el 9 de agosto de 1936, se alojaban en una pensión, en la misma calle de Bravo Murillo donde tenía su sede el Gobierno Civil, Antonio Béjar, el sacerdote José Valentín“el Padre José”– y quien luego evocó la situación sufrida, en letras de molde; éste, a comienzos de la guerra fratricida, ya era redactor-jefe de Hoy. Cuando estaban reunidos  a la mesa, irrumpieron en la casa cuatro milicianos al mando de un sargento expulsado del Ejército. Empuñaban éstos pistolas y fusiles, amenazándoles con las armas para que pasaran a sus respectivas habitaciones con el fin de efectuar registros individuales.

Pinilla alegó que había perdido su documentación y logró convencer al miliciano que le llevó aparte, de que era un simple estudiante. Corrieron peor suerte Antonio Béjar, identificado como periodista del diario católico Hoy, así como José Jaime Valentín Cuadrillero, chantre de la Catedral. Cuando, en relación con los dos últimos, quien mandaba a los milicianos les ordenó a éstos, “¡Adelante, camaradas, y a hacer lo que os tengo dicho!”, cabía temerse lo peor.

Gabriel-Ramirez

Gabriel-Ramirez

“El sargento –escribe Pinilla Yubero– ordenó que los llevasen calle Bravo Murillo abajo. Rápidamente pasó por la imaginación de todos la idea del asesinato que se iba a cometer. En aquella dirección no había ninguna cárcel. Además, los hurtaban a la filiación en la Comisaría”.

 

Junto a Puerta Trinidad
Antonio Béjar
se había fundido en un abrazo de despedida con su jefe de Redacción, aprovechando para meterle en un bolsillo su carnet de Acción Popular, partido confesional católico  que fundara Ángel Herrera Oria; acataba esa formación, en principio, la legalidad republicana y constituyó el germen de la Confederación Española de Derechas Autónomas, la CEDA.

“No lo siento por mi -le dijo a Pinilla, en la durísima despedida- sino por los Viejos, que están en Almendralejo”.

Pocos minutos después fueron asesinados a tiros el periodista y el sacerdote,  que cayó herido y lo remataron a pistola. El tétrico escenario estaba en  la zona inmediata a Puerta Trinidad. Al cadáver de Béjar, al parecer, todavía le cortaron un dedo para quitarle un anillo.

José Jaime Valentín Cuadrillero forma parte de un grupo de 33 eclesiásticos y un matrimonio, asesinados en la provincia de Badajoz durante la Guerra Civil, y cuyo proceso de beatificación está en el Vaticano, pendiente del posible reconocimiento como mártires de su fe.

El nombre de Antonio Béjar, en cambio, no está en el Vaticano, a pesar de que su cadena de periódicos fue calificada muchas veces de vaticanista. Desde luego, le quitaron la vida por ser periodista. Su recuerdo apenas figura en pocas líneas y en contadas publicaciones. Pese a todo, bien merece un recuerdo respetuoso. Con mayor oportunidad cuando escribo este texto en la fecha en que proclaman, con carácter laico, el Día Mundial de la Libertad de Prensa. ¡Cuántos crímenes se han cometido invocando la Libertad en vano!

No hay etiquetas para esta entrada.

Compartir:


Espacios Europeos © Copyright 2005-2016 No nos copiéis, nos cuesta mucho trabajo mantener esta página.
Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826