España, 12-12-2017

Herir a los Bancos

Sin Acritud…
Andrés Soliz Rada (2/7/2011)andres-soliz-rada
En todas las manifestaciones de repudio a la crisis mundial se denuncia a los grandes Bancos privados (el Banco de la Reserva Federal de EE. UU. es privado), como a los principales responsables de los peores males que aquejan a la humanidad: Ecologicidio, desastres climáticos, guerras demenciales (entre las recientes se hallan las de Irak, Afganistán y Libia), desocupación creciente, desatención de la salud y la educación públicas, cruentos conflictos interétnicos (sobre todo en África) y otros de similar dimensión. Sin embargo, aún no se han unificado las consignas que debiliten al capital financiero, alrededor del cual giran el FMI, el Banco Mundial, la CIA, el Pentágono, la OTAN, gigantes medios de comunicación como la CNN, la BBC, el New York Times, el Washington Post, poderosas transnacionales, sus ONG, las compañías de transgénicos y los traficantes de drogas, armas y seres humanos.

Se trata de un proceso en el que se debe ir avanzando mediante decisiones públicas que logren el cierre de los paraísos fiscales (debería masificarse esta exigencia en las actuales marchas callejeras de España, Grecia, Portugal o Irlanda), la total separación de la Banca de Depósito de la Banca de Inversión (bolsas de valores), restricción al máximo del secreto bancario, recuperación de los depósitos de los países periféricos en los Bancos del primer mundo, creación de un nuevo sistema bancario conformado por Bancos nacionales, estatales y locales, prohibición para que los banqueros participen en los consejos de administración de empresas industriales, comerciales y de servicios. Es vital detener la especulación que hoy se produce con el dinero de los depositantes. Como consecuencia inmediata, se produciría la contracción de los Bancos que están asfixiando a la humanidad.

La mayoría de estas restricciones estuvieron vigentes en EE. UU. hasta 1999 (gobierno Clinton), a partir de l933, cuando el Presidente Franlin D. Roosevelt, las puso en vigencia (Ley Glass-Steagal), para evitar que se repita la crisis mundial de 1929. Sin embargo, como los Bancos japoneses y europeos no tenían trabas aventajaron a los Bancos estadounidenses. Después de 1999, Washington también liberalizó su sistema financiero, lo que permitió que sus Bancos comerciales asumieran más riesgos y se fusionaran con los Bancos de Inversión, facilitando el surgimiento de burbujas financieras y la quiebra de grandes Bancos, que fueron “rescatados” con el dinero de los contribuyentes. Importantes investigadores, como Michel Chossudovsky, Lyndon Larouche, Walter Graciano, Michael Moore, Daniel Estulín, entre otros, pusieron de relieve la inescrupulosidad del Grupo Bildelgerg, los Morgan, Rockefeller, Lehman Brothers, Goldman Sasch y sus socios y agentes.

El marxismo congelado entendió que sólo vanguardias obreras, identificadas con la dictadura del proletariado, al estilo estalinista, serían capaces de herir al sistema capitalista. Los hechos cotidianos demuestran que las movilizaciones contra los Bancos constituyen un singular punto de coincidencia entre multitudes de indignados en Europa (donde muchas dirigencias sindicales siguen hipotecadas a la social democracia), y los latinoamericanos que, a través de UNASUR, buscan construir su Nación Continente. A ese esfuerzo se suman los países árabes que repudian a sus monarquías digitadas por las petroleras, en tanto en el África subsahariana se trata de acabar con el saqueo y los genocidios.

Los grandes Bancos, por su parte, vinculan cínicamente su existencia a las libertades democráticas y los derechos humanos. Pese al control mediático del que disponen, la angustia de los desocupados, los echados de sus casas que siguen pagando hipotecas, la indignación por la contaminación ambiental y la toma de conciencia en el mundo periférico son realidades que los Bancos ya son incapaces de ocultar.

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826