España, 12-12-2017

La dañina teoría del déficit cero

Economía
Manuel Funes Robert (29/8/2011)m-funes-robert
Si hay algún principio que haya ganado la adhesión y la fe simultanea en todos los países occidentales y en particular en la UE es la que estima que el déficit cero en las cuenta publicas es el objetivo básico para reconstruir la economía. Lo oímos a los políticos, tanto a Rubalcaba como a  Soraya Sáez de Santa María: No se puede gastar lo que no se tiene, solo podemos gastar lo que recibimos y semejantes frases que ni siquiera son ciertas en el campo privado. En situaciones como la actual en la que la demanda privada -motor de la economía- se ha contraído brutalmente es cuando solo el Estado, mediante el gasto puede sustituir y poner en marcha la economía.

Los comentarios anteriores unidos a otros  más conocidos apelan a la contabilidad privada para aplicarla al error de incrementar el gasto público. Insistamos de nuevo en la frase no se puede gastar lo que no se tiene y llevémosla al terreno privado. ¿Cómo, sino, los empresarios han podido iniciar y ampliar sus negocios? Imaginen al emprendedor que acude al banco  a pedir dinero para llevarlo a cabo y que  en el banco le digan “no le puedo dar dinero porque usted no puede gastar lo que no tiene”.

El concepto, bajo la temible presión de la macroeconomía se expresa en números y así, el déficit es grande o es pequeño según sea la proporción de deuda en relación al PIB.

Los filósofos griegos dejaron escrito que el efecto siempre participa de la naturaleza de la causa, o sea, que es bueno o malo si la causa es buena o mala y un déficit cero puede proceder de un corte radical de los gastos sociales o de un aumento importante de la carga impositiva, es decir de una agresión económica del Estado. Pero también puede tener la causa opuesta, a saber: como efecto de la expansión económica aumentan los ingresos ordinarios y disminuyen los gastos extraordinarios. Ese déficit es bueno, porque la causa lo es.

Tampoco son comparables las cifras del déficit en dos momentos distintos y muchísimo menos comparables esas tasas procedentes de países distintos y así, cuando se pone un tope único para todos los países de la UE se establece un principio absurdo que no dice nada porque dirá una cosa distinta en cada país. Esto es aplicable al 0,4% que se trata de imponer como limite a todos los déficits a partir del 2020. En el caso del Estado, con su gasto público, produce bienes y servicios y además crea demanda. Es posible que por que solo crea demanda sea bueno el déficit.

Así pues, para valorar un desequilibrio en las cuentas públicas hay que relacionar su cuantía con la cuantía del paro y de la demanda. Solo combinando los tres datos es posible la valoración correcta.

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826