España, 25-09-2016

Mentirosos, caraduras, cínicos, sinvergüenzas

consejo-de-ministros2Mi Columna
Eugenio Pordomingo (30/9/2011)
Antes que nada aviso, sobre todo a los impulsivos dialécticos. En estas líneas no pretendo calificar, simplemente expongo.  “Mentirosos, caraduras, cínicos, sinvergüenzas” -son adjetivos, no he tenido más remedio, las circunstancias obligan-, es el título de esta Mi Columna. Y antes de adentrarnos en el contenido, veamos lo que dice la Real Academia Española de cada uno de esos adjetivos o epítetos.

Mentiroso; es el que tiene costumbre de mentir. Engañoso, aparente, fingido, falso.
Caradura; sinvergüenza, descarado.
Cínico; Impúdico, procaz.
Sinvergüenza; Pícaro, bribón. Dicho de una persona que comete actos ilegales en provecho propio, o que incurre en inmoralidades.

 Dicho esto, recordemos la frase de Ambrose Bierce, periodista y escritor estadounidense: “La política es la conducción de los asuntos públicos para el provecho de los particulares”.

 Si relacionamos la frase de Bierce  con las definiciones de los adjetivos arriba mencionados, ya más o menos se puede intuir por donde va mi descarga de adrenalina de hoy.

Resulta que los socialistas -me refiero a los que participan en engullir la tarta a la que da acceso el poder- no hacen más que alardear de su condición de honrados y honestos, atribuyendo todas las maldades a sus competidores políticos. Otro argumentarlo de su perorata política es el de facha (fascista) para todo aquel que osa la más mínima crítica a su quehacer. Pero, cuando se escarba un poco, salen a relucir sus conexiones con la vilipendiada dictadura franquista. Las raíces, ancestros, de la mayoría de los actuales jerarcas socialistas -o ellos mismos- se han nutrido, han mamado, en las ubres del Caudillo. No son pocos los familiares de la actual élite socialista que han vivido en el entorno de El Pardo, bien como fiscales, militares de alta graduación, prebostes del sindicato vertical o del Movimiento, que no Falange. En algún caso, hasta participaron directamente en el 23-F, incluso entrando en el Congreso de los Diputados aquel aciago 23 de febrero de 1981. Y otros, en la trastienda, en la llamada ´trama civil´, en los cenáculos con el general Alfonso Armada. Estos últimos han recibido las bendiciones del actual sistema-régimen imperante.      

Otros, sin duda -me refiero a la élite socialista-, proceden del otro lado de las trincheras, pero se sumaron con inusitada rapidez, en cuanto pudieron, a la camada de los nuevos ricos. Eso sí, en cuanto llegaban al mitin, se descorbataban, se ponían la cazadora -ese día ni se afeitaban-,  y ¡hala!, a  arengar a la platea con diatribas a la derechona, a los ricos, a los banqueros, y prometiendo lo que fuere.

Pero, los restaurantes de cinco tenedores y los hoteles de cinco estrellas se iban llenando de esos nuevos ricos al socaire de la política. Muy pocos se salvan. Los que no aceptaron ese trueque de valore se quedaron en la cuneta profesional y mediática o con la renta per capita más gélida que el último mamut encontrado en Siberia.

Los que cambiaron la zapatilla por los zapatos ´Manolo´ son capaces de todo por mantenerse en el sillón y seguir pisando moqueta. Pero, el poder se les escapa de las manos, excepto si pactan con el PP en caso de grave conflicto social, que está a la puerta de la esquina.

Mienten, son caraduras, cínicos y sinvergüenzas. Ocultan los bienes recién adquiridos, ¡vaya usted a saber cómo!, con mil y una triquiñuela. Que si un chalé a nombre de una hija menor; que si un apartamento de lujo en París; que si un palacete, con viñedo incluido, en una isla del Mediterráneo; que si un terrenito en Guinea Ecuatorial; que si esto lo pongo a nombre de mi mujer o de mis hijos… Pero se les ve el plumero. Al político, ya se sabe, se le coge siempre por el bolsillo y por la bragueta o braga; el uno está muy cerca de la otra.

No paran de defender el idioma materno (catalán, por ejemplo), pero llevan a sus hijos a  lujosos colegios privados donde se habla español y alemán o inglés. A todos ellos se les llena la boca mencionando la sanidad pública, pero van a la privada. Rebajan los sueldos a los funcionarios y congelan las pensiones, pero ellos se cubren con jugosos planes de pensiones que pagamos los ciudadanos.

Se declaran antibelicistas, pero anda que en la que nos han metido. Tenemos tropas en medio mundo, y total, para defender los intereses del Imperio, que  suelen ir en detrimento de los nuestros.

Han venido fabricando bombas de racimo como si fueran churros; han logrado que España sea uno de los primeros vendedores de armas a países africanos, algunos de ellos en conflictos bélicos, como Marruecos. Apoyan con inusitado, pero interesado fervor, a dictaduras como la de Guinea Ecuatorial sin que el rubor altere su bien cuidada piel.

Hablan con “lengua de serpiente”, como canta Sabina, para hacernos más bebible eso de “moderación salarial”, “racionalización de plantillas laborales”, “ajustes”, ocultando los recortes que llevan a cabo. A la vez,  mandan al paro a millones de españoles de toda clase y condición. Nuestros jóvenes se ven obligados a emigrar -sobre todo los más calificados-, tras rellenar un inmenso papeleo, solicitar la visa correspondiente, abonar un seguro médico, pagar tasas de entrada en el país de destino (no Europeo), obligación de haber pagado billete de avión de regreso con fecha, mientras que España se ha convertido en la ´casa de Roque´. 

Ahora, en el inicio de una nueva campaña electoral,  cuyo resultado puede fagocitar al PSOE, y a la mayoría de sus dirigentes  acabárseles la bicoca estatal, se lanzan a la verborrea agitadora y descalificadora. Andan nerviosos, y la ciudadanía también, como esperando algún imprevisto, aparte de los económicos que éstos ya se padecen. Son como los jabalíes, que se vuelven más peligrosos cuando están heridos.     

En la vorágine electoral, a todos se les calienta la boca. Rubalcaba, el candidato, no deja de prometernos etapas bonancibles, de vacas gordas y opulentas, si él resulta el más votado, pero olvida que Él ha aprobado en Consejo de Ministros todo lo que padecemos.

Por su parte, José Blanco, ministro de Fomento y portavoz socialista en el Congreso, se ha lanzado al ataque despiadado contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, con ocasión de la protesta que mantiene enfrentados a profesores y comunidad madrileña. En el fragor de la batalla dialéctica, Blanco arremetía contra la gestión de la presidenta madrileña, defendiendo la escuela pública a la que según él no apoya la institución madrileña. Pero se le olvidó mencionar que él lleva a sus hijos a unos de los colegios más caros de Madrid, donde va la élite de la política y las finanzas, donde cada escolar paga 1.200 euros al mes.

A Blanco le pillaron. El equipo de Aguirre le acusa de que dice defender una cosa, pero hace la contraria. El ministro de Fomento defendió, en una entrevista en la cadena de televisión Antena 3, la opción de la escuela privada -de lujo-, “porque en Las Rozas no hay públicos bilingües”. En esa zona de clase media alta de Madrid, hay siete colegios  públicos que imparten clases en inglés, pero el señor Blanco no ha solicitado ninguna plaza para sus hijos, según le han respondido desde la Comunidad de Madrid.

Pero no es el único caso. José Ricardo Martínez, dirigente sindical de la UGT, uno de los promotores de la huelga en la educación pública madrileña, también lleva a sus hijos a un colegio privado, aunque en este caso es más modesto y menos caro que al que van los hijos de Blanco. Otros muchos hacen lo mismo, pero al menos callan.

El colmo de desfachatez, ha sido el ex presidente de la Comunidad de Castilla la Mancha (toda una vida), ex ministro de Defensa, y actual Presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, que en plena canícula, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo,  afirmo: “Algunos políticos se volvieron locos y se inventaron 17 autonomías”. Para Bono “no es posible tanta autonomía con tanto gasto público (…) hay que pensárselo”.

¡A buenas horas, mangas verdes! ¡Que jeta!


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826