España, 26-09-2016

Cuando Roberto Centeno vio coronado su saber: otro monopolio petrolífero

España
Aquilino Tejedo (24/1/2012)el-disparate-nacional
Merece ser reseñado, en estos tiempos de enorme crisis, un libro en circulación, con carácter de denuncia, titulado “El disparate nacional. Del fraude de la transición al desastre Zapatero”, escrito por Roberto Centeno. Centeno, con un temperamento natural fuerte, tiene la doble formación de doctor ingeniero de Minas y de economista; ha sido catedrático en la Escuela de Minas de la Universidad Politécnica de Madrid. Como ejecutivo empresarial ha desempeñado altos cargos en empresas importantes del sector energético.

El libro en cuestión desmitifica la transición, entiende la cadena de errores políticos como determinantes de nuestro hundimiento económico y, valorando la etapa Zapatero como el apogeo del dislate, distribuye responsabilidades entre sus antecesores, sin exculpar a gobiernos ni socialistas ni populares. Vamos, que no se casa con nadie; sólo se advierte alguna debilidad con personas con las que ha tenido trato cercano y en las cuales debe de confiar, algo que el lector es muy dueño de no compartir.

A título de muestra representativa de la obra merece detenerse en un pasaje que refiere como “experiencia personal que me abriría los ojos y me haría abandonar mi ingenuidad”. Ocurría en 1979, cuando el ayatolá Jomeini accedió al poder en Irán, con las subsiguientes dificultades para nuestros suministros de petróleo, y el peligro de desabastecimiento. Roberto Centeno era en aquella tesitura consejero-delegado de CAMPSA (Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos S.A.), y dependía del ministro Francisco Fernández Ordóñez.

A través de Fernando Schwartz, embajador en Kuwait, un activo Roberto Centeno viajó a aquel país y concertó el necesario aprovisionamiento de crudo, regresando luego a Madrid en espera de los parabienes de Pacordoñez  y del mismísimo vicepresidente Fernando Abril.

¡Nunca lo hubiera hecho! El tan maleable Fernández Ordóñez  le recibiría en su despacho ministerial  con un gesticulante “¡Me vas a buscar la ruina!”.

El doctor ingeniero, catedrático universitario, economista y alto directivo de empresa no sabía con quien se estaba jugando los cuartos al entrar en la zona petrolífera vedada de Kuwait, con los emiratos del Golfo y Arabia Saudí.

“Ha estado aquí -relató su jefe- Manolo Prado y me ha montado un pollo que no te puedes ni imaginar; me ha dicho que esos países son suyos exclusivamente y nadie más que él puede negociar ni un barril, así que ni se te ocurra volver a hacer nada parecido”.

Para colmo, el ilustre profesor ignoraba quien era Manolo Prado, “ese tío”. “Pero vamos a ver, Roberto -le ilustra el siempre bien orientado Ordóñez, desde que se situó en el franquismo- ¿tú en que mundo vives? ¿es que no sabes a quien representa Manolo Prado?”

Con humildad de hermano lego, Roberto Centeno reconoce: “Realmente  no lo sabía, y resultaba que la altísima instancia a la que representaba, o decía representar, tenía el monopolio de nuestros suministros durante la crisis”. Aquello debió de ser la coronación del saber para el doctor Centeno. Iluminó su mente y así ha podido ir haciendo un agudo diagnóstico del “disparate nacional”.


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826