España, 25-09-2016

De lo municipal, de lo político y de la pasta gansa

Mi Columna
Eugenio Pordomingo (1/4/2012)
los-consejos-abiertosEl origen y evolución del gobierno de las ciudades, de los municipios modernos, se remonta a la época de la dominación romana. Eso afirman algunos eruditos en la materia; otros difieren. Ya se sabe, cuando entran en liza los avezados, la trifulca está servida.  Lo que está claro, es que otrora, los núcleos de población estaban obligados por necesidad a organizarse en aras de su propia pervivencia. Un ejemplo lo tenemos en los Burgos (de origen germánico para loor de la Merkel).  Los ciudadanos, ´burgueses´, de un determinado territorio se reunían, aparte de para matar el tiempo al calor del fuego, para resolver problemas y mejorar su calidad de vida, que sin nevera, lavadora, televisión, móvil y otros artilugios, debía ser bastante dura. De esas reuniones surgieron los concejos (donde se reunían los ´hombres del común´) y de ahí los líderes de esos conciliábulos. Más tarde, cuando los Burgos se fueron haciendo  más nutridos, se recurrió, por eso del espacio y las algarabías, a las representaciones.

Antes de entrar en la faena de tratar de demostrar  que nuestros orígenes democráticos no nacen en 1975, y de que la supuesta democracia que ahora padecemos no es ni mucho menos un ideal de participación y libertad ciudadanas, pretendo desterrar otro mito, el que la democracia representativa no nació en Inglaterra, como se nos hace creer (presiones mediáticas del mundo anglosajón), sino en las Cortes Leonesas de 1188. El “descubrimiento”  de algo obvio con solo indagar un poco en los libros de historia, ha tenido que llegarnos de fuera, como suele ser habitual.

El profesor Keane de la Westminster University, ha escrito un voluminoso  tratado sobre los orígenes del parlamentarismo. En el volumen, titulado  ´Life and death of democracy´,  afirma que la democracia representativa no nació en Inglaterra sino en las Cortes Leonesas de 1188. El escritor Juan Pedro Aparicio relató (en un programa nocturno emitido en la TV2)  la noticia de la publicación del mencionado libro, para luego mostrar, desde una perspectiva sintetizadora de dos mil años de historia, las raíces de un reino (el de León), cuyos súbditos practicaban la democracia directa, como algo habitual, en sus Concejos Abiertos.

Los concejos abiertos, el parlamentarismo local, la discusión de los asuntos que preocupaban a los ciudadanos, eran debatidos entre todos, sin distinciones ideológicas, ni teniendo en cuenta los caudales del autor de cada perorata o parlamento. Lo que se jugaban era el bien común, la existencia de la tribu, del colectivo.

Tras muchos años, el panorama de participación ciudadana fue variando y en muchos casos deteriorándose, aunque las nuevas tecnologías iban haciendo más soportable y cómoda la vida diaria. Entraron en palenque el poder del dinero, la ideología (las ideas se tienen, en las creencias se está, decía Ortega y Gasset) y la capacidad personal de convencimiento.

Los abusos, las perversidades y la tolerancia del sistema político fueron anidando en el poder (local, autonómico y estatal), independiente del color político. Y aquí me refiero al solar patrio. 

La ruina de España, no hay duda, nos la ha provocado la clase política (casta) que nos ha tocado padecer, sin obviar la desidia, apatía y desinterés que anida en nuestro cerebelo.  “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”  dijo Gaspar Melchor de Jovellanos, escritor y político español.

Todas las instituciones españolas han vivido y lo siguen haciendo, a lo grande. “El dinero público no es de nadie” afirmó la ex ministra de Cultura  Carmen Calvo. Y así nos va.  Abren el cajón y tiran del euro con una facilidad que linda con el delito. Y ahí estamos; a verlas venir. Debemos ni se sabe: Qatar, China, Arabia Saudí y otros, que no puedo nombrar, se cuentan entre nuestros principales acreedores.

Los políticos son los únicos trabajadores por cuenta ajena de este país que tienen potestad para fijar su propio sueldo y sus pensiones. Los Plenos de las corporaciones locales acuerdan sin el menor sonrojo subidas de sueldo y, ahora en plena crisis, en muchos ayuntamientos se oponen a una mínima reducción de sueldos y prebendas. Actúan así, de forma desmedida, al socaire de una legislación que permite de forma irresponsable que alcaldes y concejales puedan tener dedicación exclusiva, si así lo considera el Pleno, con independencia de cual haya de ser su función, la capacidad o experiencia del beneficiado o de la necesidad real del puesto.

El abogado Juan Manuel Urquiza, experto en legislación local, recoge en uno de sus muchos trabajos, lo que González-Berenguer, en su obra “Réquiem por la Administración Local” llama los “políticos funcionarizados” que, según él han sustituido el antiguo sentido ciudadano de servicio al pueblo por un indecente espíritu de lucro.

Otro aspecto importante es la capacidad que se otorgan de nombrar de forma indiscriminada a “personas de su confianza”. Nuestra Constitución en el artículo 103.3  establece que “el acceso a la función pública (se producirá) de acuerdo con los principios de mérito y capacidad”, pero los políticos (alcaldes y concejales en el tema que nos ocupa) han ido colocando a amiguetes, afines ideológicos o, en muchos de los casos, ubicando cerca de sí -y bien remunerados- a quien les da calor en el camastro.

- Nuestro candidato vale mucho, mucho! -¿Y... cómo se llama? - Hombre... no me acuerdo.

- Nuestro candidato vale mucho, mucho! -¿Y... cómo se llama? - Hombre... no me acuerdo.

El denominado personal eventual, de confianza, asesores,  jefes de prensa, de gabinete, contrataciones de equipos de expertos y de empresas, forman parte del despilfarro, la irresponsabilidad y la arbitrariedad, que contribuyen a fomentar el enorme déficit en el que se encuentran todas las administraciones. Algo que, por supuesto, no hacen -los que así obran- con sus cuentas particulares.

En consecuencia, los ciudadanos pagamos los desmanes y decisiones arbitrarias de quienes controlan nuestros concejos y erario público.

Conozco de algún ayuntamiento -y no me refiero a los grandes- en los que hay concejalías de Relaciones Institucionales,  Desarrollo Económico y Empleo, Planificación y Ordenación del Territorio, Participación Ciudadana, etc., todas ellas debidamente remuneradas, aunque, sinceramente, sin contenido real unas y sin competencias atribuidas.  En una ocasión, una concejala de una localidad de la sierra norte de Madrid me entregó una tarjeta de visita suya (Concejala de Inmigración) por la  que a media jornada percibía casi tres veces el salario mínimo interprofesional, en la que figuraba su cargo escrito en español e inglés. ¡Que nivel!

Coches para traer y llevar al alcalde o concejal a su morada, escoltas, ágapes, telefonía móvil sin control, sueldos desorbitados, hacen inviable un modelo para 8.500 ayuntamientos diseminados por nuestra geografía. Todo ello sin entrar en la corrupción  pura y dura en toro al urbanismo y las recalificaciones.

Antes de congelar sueldos de funcionarios, subir el IVA, reformas laborales y demás, hay que  acometer el desmadre local.


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826