España, 27-09-2016

Que siga la fiesta

España
Diego Camacho (4/6/2012)
el-rey-y-divarCuentan que el Rey presumiendo de fuerzas ante los periodistas, en la recepción por el Día de las Fuerzas Armadas, dijo: “A ver si hubierais aguantado vosotros como yo”. Ocurre lo mismo que cuando dijo aquello de “lo siento”, al no saber a que se refiere concretamente cada uno puede pensar lo que mejor le plazca. No sabemos si se refiere al aguante que ha tenido con la Reina, al trabajo que le ha dado su yerno para que su asesoramiento fuera remunerado por organismos oficiales, a lo que ha tenido que influir ante fiscales y jueces para que la Infanta no sea imputada o al esfuerzo que supone enseñar a una ex princesa a caminar como una reina por la alfombra roja.

De otra cosa, quizás no, pero precisamente de aguante los españoles tenemos más  acreditaciones que nadie. Es verdad que esta virtud, si así puede llamársela, la hemos conseguido a través del tiempo con una paciencia digna de mejor causa y gracias tanto al esfuerzo de la Corona como de unos partidos cuyos dirigentes han convertido la política en un asunto de medro personal.

Si la Jefatura del Estado no es ejemplar en el desempeño de sus funciones está violando el mandato constitucional, desprestigia a la nación en el exterior y sume a los ciudadanos en la melancolía. Juan Carlos I si de algo no puede quejarse es del apoyo recibido, tanto interno como externo, para afianzar su trono y perpetuar la dinastía, a pesar de la experiencia histórica que nos habían ofrecido la mayor parte de sus antecesores. Ese apoyo no ha sido correspondido por el Rey. España ha sido una buena herramienta para el enriquecimiento ilícito; a costa de desprestigiarla y situarla al borde del abismo, consecuencia de su enorme corrupción y la debilidad política que lleva aparejada.

La guinda, en este patio de monipodio, la ha puesto un vocal de CGPJ (Consejo General del Poder Judicial) al acusar al Presidente de esa institución de hacer viajes a Marbella a cuenta de nuestros impuestos. Es urgente, sobre todo por una cuestión de higiene, que el CGPJ aclare a la mayor brevedad lo que hay de cierto en este asunto y actúe de oficio contra uno u otro. El señor Divar no parece que en su comparecencia haya convencido a muchos.

La pregunta hoy es si con el Príncipe de Asturias las cosas podrían cambiar. Para un monárquico seguro que sí, pues mientras el heredero se revela el régimen sigue en pie. En mi opinión, aunque el Príncipe tiene el beneficio de la duda, el entramado palaciego es de tal entidad que el planteamiento correcto para el interés nacional debería formularse como: ¿será el Príncipe capaz de limpiar la Casa Real como hizo Felipe IV con los duques de Lerma y Uceda para terminar con la corrupción del reinado anterior?

N. de la R.
El autor es coronel diplomado en Operaciones Especiales, licenciado en Ciencias Políticas y miembro de la Junta Directiva de APPA (Asociación para el Progreso de los Pueblos de África).


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826