España, 01-10-2016

Capacidad adquisitiva de las personas versus capacidad adquisitiva de las monedas

Economía/España
Manuel Funes Robert (3/9/2012)capacidad-adquisitiva
Es base de nuestra aportación doctrinal hacer ver al mundo académico y político que la capacidad adquisitiva de las monedas y la capacidad adquisitiva de las personas se mueven, con rarísimas excepciones, no en el mismo, sino en contrario sentido. Esto es, que a lo largo de cualquier periodo histórico, corto o largo la pérdida de la capacidad adquisitiva de las monedas coincide con el aumento de la capacidad de las personas. De este hecho no hay estadísticas porque obsesos gobernantes y economistas por la curva del IPC no se les ha ocurrido nunca dibujar simultáneamente  la curva del IPR (Índice de Variación de las Renta).

Consultando mis archivos me he encontrado en  ´La Gaceta de los negocios´ del 31 de marzo de 1999, un trabajo, algo que en sus cifras y en sus dibujos constituye un testimonio elocuentísimo del acierto y verdad de mi aportación fundamental.

Entre 1991 y 1995, periodo que corresponde a referido estudio,  los aumentos del IPC eran espectaculares y visible el agobio y angustia de nuestros economistas por el daño que la inflación estaba haciendo, según ellos a nuestra economía y a la población. Eran los tiempos en que podían leerse en la prensa titulares como este: “¡Ha subido la inflación!; ¡ha sido por el pollo!“. Ocurría empero, que al periodo de máxima inflación correspondía una subida de salarios que siempre la superó intensamente en los tres primeros años y la igualó en el 94 y en el 95 para volver a recuperar la subida de los salarios por encima de los precios en los tres años siguientes. En consecuencia, la capacidad adquisitiva de las gentes en su aumento, ha coincidido sensiblemente con el aumento de la inflación.

Valiendo nuestro aserto “cuanto más caras están las cosas más cosas tienen las gentes”. Viéndose de paso que los salarios pueden subir sin quedar neutralizados por subidas paralelas de los precios. Si el redondeo de los precios realizado tras el euro hubiera ido seguido de un redondeo de salarios nos habríamos evitado el único pero importante daño inferido en la población con el citado redondeo.

El agobio y cuita de nuestros gobernantes indefensos ante las críticas nacidas de la curva IPC habría podido evitarse con el dibujo de la curva IPR, pudiendo haber llegado a la espectacular conclusión de que el paro de entonces, que llegó al máximo del 3% de la población activa, había coincidido por tanto con el aumento de la capacidad adquisitiva del 97% de la población. La mejora de la situación había sido espectacularmente más intensa que la componente negativa de la misma. Los amigos de las estadísticas y de las cifras ni en la oposición ni en el gobierno habían acertado a completar sus gráficos y cálculos, que tanto les convenía para defenderse con éxito.

En cuanto a nuestra otra aportación -la irrelevancia actual del déficit de la balanza comercial-   ha tenido una respuesta de escaso valor por Juan Idanzo, director del Instituto de Estudios Económicos:  “Comprando más que lo que vendemos al exterior creamos trabajo ajeno en detrimento del propio”. Como resulta que lo que compramos de más se corresponde con lo que vendemos de más gracias al turismo, el argumento se anula en cuanto introduzco uno de los sumandos.

Cabe preguntarse si el movimiento inverso de las dos capacidades que manejamos no lo desmiente el sensible paralelismo de las dos curvas. Estas miden incrementos interanuales y acumulativos de capacidad en un caso -salarios- y discapacidad adquisitiva acumulativa en IPC, con lo cual el paralelismo se corresponde con la variación inversa de las dos capacidades. 

Lo espectacular de la conclusión es que es dudoso hablar de crisis general cuando deberíamos hablar de crisis particular que afecta a la población en paro por cuanto la mejora del nivel de vida de la población ha sido… una constante histórica. Solo cuando se han producido eventos que afectan a la totalidad de la población cabe afirmar de crisis general. Curiosamente es lo ocurrido con las medidas generales negativas de los gobiernos. En 1959, con la agresión innecesaria y enfrío del Plan de Estabilización, y en 1967 cuando los ajustadores lograron una victoria con la devaluación y restricción de aquél año.


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826