España, 25-09-2016

El Frente Polisario declara la guerra al yihadismo

Sáhara Occidental
Ana Camacho (3/9/2012)ana-camacho
Estupor y gran revuelo entre los propios saharauis afines al Frente Polisario han causado las declaraciones con las que sus propios dirigentes han reconocido que hay saharauis que se han alistado a grupos del radicalismo islámico en auge en el vecino Mali como Al Aqmi o el Mujao. Hay quien incluso ha expresado públicamente su indignación por un giro que, aunque cumpla con la verdad, se lo pone en bandeja a la campaña mediática con la que, desde Marruecos, se viene difundiendo todo tipo de bulos para desprestigiar la causa saharaui colgándole el sambenito del terrorismo. La polvareda que con ello se ha levantado, ha hecho pasar desapercibido el calado de una jugada con carambola.

Es verdad, como bien dice por ejemplo, Haddamin Moulud Said, que resulta sorprendente que el ministro de Defensa saharaui, Mohamed Lamín Buhali, de carnaza a la propaganda del enemigo cuando, aparentemente, no se ha producido ninguna novedad que justifique un cambio a la férrea política con la que, hasta ahora, el Polisario y sus simpatizantes han negado por activa y por pasiva la participación de saharauis en el yihadismo saheliano, incluyendo el misterioso Mujao, el grupo que se atribuyó el secuestro de los tres cooperantes en los campamentos de refugiados saharauis. Lo relevante  de este golpe de efecto, sin embargo, no es que el Polisario reconozca que pueda haber unos  veinte  saharauis alistados en grupos yihadistas. Lo realmente interesante es que, a renglón seguido Buhali añada que el Polisario, tan preocupado está por la amenaza yihadista, que está dispuesto a formar parte de esa fuerza de intervención africana de la CEDEAO que Francia está intentando por todos los medios que intervenga en el norte de Malí para acabar con el problema.

Los marroquíes, de acuerdo, han podido entonar de inmediato un ya lo habíamos advertido“. Pero, la “confesión” saharaui tiene un reverso doblemente beneficioso para la posición saharaui.  A estas alturas, lo sorprendente sería que no hubiese ningún saharaui en esas bandas que, llevando la franquicia de Al Qaeda en el Sahel, llevan diez años secuestrando a europeos en esa parte del desierto sahariano con acciones que bien podrían tomarse como la moderna versión de los antiguos gazis o razias que las nómadas practicaron en la era precolonial, incluso contra sus hermanos de religión. 

En una situación como la creada por el alto el fuego de la ONU en 1991, en la que el cese de las hostilidades sólo ha aportado a los saharauis frustración y una desesperante espera, los grupos que se atribuyen la sucursal de Al Qaeda, ofrecen una muy fuerte tentación a los jóvenes saharauis sin expectativa ante el futuro. Así que, más vale prevenir que tener que curar el auténtico daño que causaría el ruido que podrían provocar los marroquíes exhibiendo en sus giras mediáticas algún saharaui hecho prisionero en las refriegas del conflicto de Malí, relatando sus experiencias en las filas del Mujao.

Veinte o 25 saharauis cometiendo un error, no ponen en peligro la “pureza” de la causa saharaui, como tampoco lo hace, que haya saharauis colaboracionistas de los invasores marroquíes.  En cambio, la declaración de guerra al yihadismo de Buhali postula a los saharauis como parte a tener en cuenta en el complejo tablero del conflicto maliense. Su participación en una fuerza africana no es descabellada. Bastaría, como dice Buhali, con que lo quisiese la Unión Africana, una organización que juega un papel clave como portavoz de los africanos en la ONU y con la que Francia ha tenido que contar para que el Consejo de Seguridad tome en consideración la posibilidad de intervenir en Malí. 

mapa-del-saharaLa República Árabe Saharaui Democrática (RASD) proclamada por el Polisario en los territorios liberados el 27 de febrero de 1976, fue admitida en 1984 como miembro de pleno derecho por la Organización de la Unión Africana (OUA), antecesora de la Unión Africana surgida en 2002, de la que la RASD es miembro fundador.  Allí los saharauis gozan de fuertes apoyos gracias a la influencia regional de su aliada Argelia y la ausencia con la que Marruecos zanjó la amenaza de marcharse de la organización si se admitía a un estado saharaui. Dado el perjuicio que causa a los saharauis  el terrorismo yihadista (la retirada de los cooperantes es buen ejemplo de ello), tiene más sentido una participación saharaui en una fuerza internacional que no la de Burkina Faso, mucho más lejana al escenario del conflicto. Otra cosa es que ni a Marruecos ni a sus aliados franceses les haga gracia esta posibilidad que supone un implícito e indeseable, para sus intereses, reconocimiento del Estado saharaui.

Por de pronto, coincidiendo con este compromiso saharaui en la lucha internacional contra el terrorismo, Marruecos ha cambiado de postura respecto a la intervención franco-africana en Malí y se ha alineado con su eterna rival Argelia: ahora resulta que en Rabat ya no tiene claro que la solución militar deba ser, como dice Francia, la prioritaria. Antes de llegar a ese extremo, dicen, hay que buscar una solución política por la vía del diálogo con las fuerzas que han provocado la secesión del Azawad.

N de la R.
Este artículo se publica con la autorización de Ana Camacho, periodista, activista intelectual y física, de los derechos humanos, además de secretaria de la asociación APPA (Asociación para el Progreso de los Pueblos de África), que también e puede leer en su página de Internet En arenas movedizas.


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