España, 27-09-2016

De Charla con… Sabino Fernández Campo (II)

Mi Columna
Eugenio Pordomingo (25/12/2012)sabino-fernandez-campo
En la primera parte de la entrevista con Sabino Fernández Campo nos quedamos en el 23-F…

P.- Nos situamos en plena Transición; por ejemplo, las primeras elecciones generales
R.-
 Se producen sorpresas, lo cierto es que tenían que venir aires nuevos. En la dictadura hubo etapas muy marcadas, persona­jes que se señalaron mucho y había que sustituirlas por gente nueva para que no se les pudiera achacar su pasado. No obstante, yo creo que se produce ahora también un excesivo temor sobre el pasado de cada uno, parece que nos avergonzamos de lo que hicimos…

P.- ¿Qué recuerdos tiene de Adolfo Suárez como Presidente del Gobierno?
R.- Pues muy buenos. Tuvo un gran mérito que, quizá, todavía, no le hemos reconocido. Era una etapa en la que se hizo una labor extraordina­ria. Porque había que desmontar muchas cosas y él estaba dentro de lo que había que desmontar. Eso le facilitó la labor… Tuvo un gran mérito. Luego llegó un momento en el que empezó a declinar. Arrastró siempre una tensión entre las Fuerzas Armadas que dificultó todo. Entre eso y que el enemigo lo tenía en casa, en UCD, pues…

P.- Se refiere a grupos, como, por ejemplo, la Democracia Cristiana…
R.-
No, no; más bien personas, que se creían superiores, con más merecimientos que él. Yo notaba ese movimiento interno.

P.- Es cierto que cuando Suárez dimitió, entró primero en su despacho para hacerle saber que esa dimisión era personal y que no se la había pedido el Rey
R.- Suárez fue a ver al Rey, pero antes pasó por mi despacho. Me dijo que quería que se supiese que a él no le echaban, sino que dimitía por propia voluntad. Puede ser que al Rey no le gustase, que me lo dijera a mí primero, pero la verdad es que fue así.

P.- En1982, los socialistas acceden al Congreso por mayoría absoluta, ¿supuso ese hecho una alteración en las relaciones con la Casa Real?
R.-
La relación con la Casa Real y con el Rey fue magnífica. Yo tuve muchos contactos con Julio Feo. La verdad es que las relaciones fueron muy buenas. Cambiábamos impresiones continua­mente. Era necesario; hay que ver lo que suponía llegar al Poder un partido como el socialista que había hecho profesión de republicanismo en la discusión de la Constitución. Esa etapa fue excepcional. Yo he tenido muchas reuniones en represen­tación del Rey. Tengo un gran recuerdo de esa etapa.

P.- ¿Y con Alfonso Guerra…?
R.-
He tenido relación con él, aunque menos. Me parece una persona muy inteligente. Era el complemento de Felipe González. Y mientras duró ese tándem, pues las cosas iban bien.

P.- Y ¿con Aznar…?
R.-
Yo esa etapa no la he vivido. Salí estando Felipe González en la Presidencia.

P.- La figura de Mario Conde ascendía fulgurante desde los negocios a la Banca y  de ahí a la política. Durante un tiempo fue el  espejo en el que se miraba media España, en especial cierto sector de la  juventud. Su ambición de poder le acercó a La Zarzuela. Se comenta que presionó para que usted fuese apartado
R.-
Yo sobre esa etapa correría, también, un tupido velo, porque me afecta mucho. Y no quiero hablar de cosas que me afecten; quiero ser imparcial.

P.- Determinados medios de comunicación nos sorprenden periódica­mente con una supuesta boda del Príncipe Felipe
R.-
Del Príncipe, la Constitución habla poco, quizá es lo mejor. Hay que tener en cuenta que la Constitución se elaboró en un momento muy especial y pensando en esas circunstancias.
Respecto a su posible boda, es necesario que no se produzca una oposición, conjunta, del Rey y de Las Cortes. Quiero decir, que tiene que haber una oposición conjunta para que no se produzca. La boda, en todo caso, se celebra si es deseo del Príncipe; lo que sucede es que pierde el derecho al Trono. En cambio, de lo que no habla la Constitución es de los requisitos del Rey si es soltero, porque puede serlo. Luego, eso no se si quedaría sujeto sólo por una interpretación extensiva a que la oposición de las Cortes es suficiente para que no se produjera la boda. Lo que no hay duda es que para los llamados a la sucesión, es imprescindible que no existan dos oposiciones, y que sean las dos juntas.

principe-felipe-y-eva-sannumP.- La relación con Eva Sannum, que nunca se reconoció, y que, curiosamente, el día que se reconoce se anuncia la ruptura, ¿puede haber deteriorado la imagen de la Monarquía ante el pueblo?
R.-
Fue raro, sí, ese reconocimiento y esa ruptura. Yo creo que sí. Yo así lo afirmé en Santander, en una entrevista; la Monarquía es  símbolo de unión, de no originar divisiones, sino de estar por encima de ellas. Aquí, se produce una primera división; había  partidarios de que se casara con quien quisiera; otros, que no. No sé si con buena o mala intención. Lo desconozco. Otros, opinaban que eso era un desastre. Ese conflicto nunca es conveniente y hay que cuidarlo mucho. La Constitución menciona de pasada las faculta­des del Príncipe, de la sucesión al Trono y al Juramento al cumplir la mayoría de edad. El Príncipe actúa visitando países extranje­ros, Comunidades…. Convendría saber si lo hace en representación del Rey y, por lo tanto, se extiende a él esa responsabilidad. Eso quizá queda un poco  dudoso…

P.- Parece que existen prisas por casar al Príncipe…
R.-
No sé; eso también es delicado, lo que sucede es que el tiempo pasa. Ha cumplido 34 años, y podía tener un heredero o varios. Lo que es evidente es que no se puede prescindir de los sentimientos y del amor. Lo que sí parece es que hay muchas personas que reúnen condiciones para ser su esposa, lo que hace falta es conocer a esas posibles candidatas. Pero si el Príncipe se relaciona sólo con las personas que le proporciona un determinado círculo, eso es más peligroso. Yo creo que hay en España, sin necesidad de irse al extranjero, muchísimas chicas, preparadas, incluso con una carrera universi­taria, que siempre es convenien­te. Tampoco hace falta que sea una familia aristocráti­ca, ni mucho menos de sangre real. Para mí el espectáculo de la boda de Oslo fue trágico, mostrando al niño, con el padre entre el público, que considero fue el más digno. En fin, todo eso hay que cuidarlo.

P.- Considera que la institución Monárquica ha salido afectada de cara al pueblo con todo el asunto de Eva Sannum
R.-
Estas cosas se olvidan si todo se arregla. Fue un poco raro todo… Yo, quizá, no hubiese dado ese desmentido del Príncipe, pues no se había dado una noticia oficial del noviazgo…

P.- ¿A qué fue debido?
R.-
Quizá, simplemente, por cortar una situación incómoda para él y para la señorita Sannum. A lo mejor con dejarlo extinguir todo habría pasado. En el momento en que la prensa no hubiese tenido oportunidad de fotografiarles juntos, pues hubiera terminado de la misma manera que no se dijo que había empezado.

P.- La victoria electoral del Partido Popular por mayoría absoluta, cree que ha podido alterar la relación con la Casa Real. Al parecer en algún viaje al extranjero han existido problemas de protocolo
R.-
No creo; el protocolo es siempre importante. El Rey no es poder, es simbolismo, representatividad; es ejemplaridad. Se debe procurar que no haya confusión.

P.- ¿Qué opina de la situación internacional que se ha creado a raíz del 11-S?
R.-
Yo, la verdad, me parece que lo del 11-S ha sido gravísimo. Pero lo que quizá no hemos visto en directo, durante los muchos años que llevamos padeciendo los asesinatos de ETA, son los tiros en la nunca, las bombas, etc. Aquí, nadie nos ayudaba. Y nuestro vecino francés, que ahora está viendo las orejas al lobo, pues se prestaba a muchas cosas. Nuestro entusiasmo por colaborar ahora con Bush es un poco sorprendente. Luego viene la forma de hacer la guerra, pues desde el punto de vista de los norteame­ricanos será conveniente, no lo dudo, han reivindicado el orgullo hundido, etc. Lo que está claro es que a pesar de contar con grandes ejércitos, enormes escuadras, poderosa aviación, resulta que con que existan doce señores dispuestos a morir, que se sacrifiquen por una idea, pues… pueden provocar lo que pasó. A lo mejor los ejércitos habría que reducirlos a una serie de señores fanáticos, instrui­dos en ese fanatismo, y prometerles lo que sea…

P.- Las consecuencias del 11-S  pueden ser funestas, ¿no cree?
R.-
Lo que sucede es que por buscar a un señor, que por cierto no ha aparecido, y el otro se ha escapado en motocicleta, se destruya un país, haya habido bombar­deos gigantescos, se amenace a otros tres países más con lo mismo; con las inevitables consecuencias de sufrimiento, hambre y muerte. Y la paradoja de la ayuda humanitaria que es simultánea con las bombas, con esas bombas de racimo de implacable destrucción, que llegan a la vez con los paquetes de ayuda humanitaria.
En España, se nos dijo, tenemos un Ejército muy reducido; se dijo, también, que no tendríamos ningún peligro, que jamás se utilizarían las Fuerzas Armadas en contra del terrorismo, cuando nadie nos ayudaba. Ahora resulta que vamos a luchar fuera, contra el terrorismo, pero aquí no. No entiendo ese entusiasmo y esa insistencia por enviar tropas…

P.- ¿A qué cree que se debe esa machaconería de Aznar, ofreciendo a Bush  tropas españolas  con destino a Afganistán?
R.-
Yo no lo sé. A mí no me gusta. Creo que es grave lo que está sucediendo. Por ejemplo, la desaparición del sentido del deber. Yo no digo que el servicio militar fuera perfecto, pero creo que convertirlo en una cosa pagada…. Hablamos de derechos, pero ¿y los deberes? Ese servicio no se debe pagar. Y, a pesar de pagarlo, resulta que no hay voluntarios. Si para pagar a los que van a servir al Ejército hay que vender hospita­les, cuarteles, terrenos, entonces no nos quedará nada.

P.- Es curiosa esa política del Partido Popular de apartar al Ejército de todo
R.-
Una cosa es eso y otra, por ejemplo, lo que acontece en Francia, donde el ejército no está politizado, pero es un símbolo no destruido; entre otras cosas, por si se le necesita.

P.- ¿Qué opina acerca de lo que afirmó el Presidente Bush de que agentes de la CIA y del FBI iban a colaborar con España en la lucha contra ETA?
R.-
A ver si es verdad. Podrían haber venido antes, porque el terrorismo es tan sangriento en un país como en otro. Y tan injustificado, pues eso de que luchan por la independencia no es más que ficciones…

tony-blair-bush-y-aznarP.- ¿Cómo cree que va a terminar el conflicto de Afganistán?
R.-
Al parecer EE. UU. se gasta más de 30.000 millones de dólares en la guerra. Yo pienso que si se dinero se gastase en ayudar a algunos países, quizá se terminase con el terrorismo. Ahora que estamos en la globalización, que en el fondo se hace para que los ricos sean más ricos y los pobres queden más aislados, así se globaliza la pobreza, pues a lo mejor estos grandes esfuerzos en la guerra, se podían dedicar a ayudar humanitariamente a esos pueblos.

P.- Esa opinión es muy importante en un militar…
R.-
Es que lo creo así. Es que muchas veces la desesperación surge de la falta de medios, del hambre, de la miseria. Y los terroristas no dejan de ser desesperados en ese sentido.

P.- Considera que el pueblo norteamericano acepta de buen grado esa política
R.-
El sociólogo norteamericano Noam Chomsky ha publicado recientemente un libro de entrevistas en el que critica la política de su país, a la vez que se pregunta por qué son odiados en el mundo. Pues, posiblemen­te, por ver que unos viven muy bien y otros están en la miseria. Y, además, ahora se ha demostrado que un simple piloto en un avión puede originar una catástrofe. Todavía no nos han dicho lo que verdaderamente se ha destruido en el Pentágono, ni los mandos militares que han muerto…

P.- ¿En qué situación se encuentra ahora el Ejército Español?
R.-
Que nuestros Ejércitos no puedan desfilar en Cataluña o en Barcelona y, sin embargo, lo haga en París el Regimiento de la Guardia… No sé, yo ya estoy un poco despistado con todo esto.

Las otras “charlas” que mantuvimos, de momento no verán la luz.


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826