España, 01-10-2016

Los fallos de las mayorías: el caso de Venezuela

Montesquieu

Montesquieu

Venezuela
Manuel Funes Robert (22/4/2013)

Acabamos de ser testigos de las elecciones en Venezuela. Al margen de lo cuestionable de los resultados, estos oficialmente dan la victoria al candidato de Chaves, con una diferencia de votos sobre Capriles de apenas 300. 000.Los que se sublevan contra la victoria póstuma del chavismo, tienen una razón compatible incluso si no ha habido un solo voto mal computado y ello es así porque se formula incorrectamente el principio de que la razón en todos los litigios humanos la tiene la mayoría, con independencia de la cuantía de dicha mayoría. Dicho principio, tal como se aplica se puede dar el caso de que la mitad más uno imponga su voluntad y criterio a la voluntad de la mayoría menos uno. En este caso estamos suficientemente cerca de que tratando de defenderles de la dictadura caigamos de hecho en casi una dictadura.

Por tanto habría que formular la norma que nos sirva para decidir en situaciones conflictivas. No es la alusión simplemente a la mayoría sino a la diferencia entre la mayoría y la minoría.

Hagamos un poco de historia. En las elecciones presidenciales en EE UU en 1980, Ronald Reagan infligió una derrota histórica a Jimmy Carter, venciendo en casi todos los Estados. Lo que no es tan recordado es que en la mayoría de los Estados en los que ganaron los Republicanos, lo hicieron por el 51% de los votos. En el complejo sistema electoral americano si un candidato gana en un estado en las presidenciales, todos los electores van a favor de dicho candidato, quedándose el candidato que consigue el 49% como si no hubiera obtenido ningún voto. Casi la mitad de los electores lo hicieron por el presidente saliente.

La sublevación venezolana insisto, nace de la insignificancia de la diferencia entre ambas magnitudes. La división de poderes es, y no la relatividad de las mayorías, la base de la democracia, división a la que le dio carácter doctrinal Montesquieu que buscaba la contención del poder en base de que cada uno de los tres quedara limitado con la acción conjunta de los otros dos. Se suele creer, al contrario, que el marqués de Secondat, defendía la división, cuando era realmente el equilibrio.


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826