España, 01-10-2016

La oportunidad perdida de Mohamed VI de mantener ocupado el Sáhara Occidental y seguir quedando bien

Una de las manifestaciones Manifestación registradas en El Aaiún tras aprobarse la resolución 2099, el pasado 25 de abril. / Foto: Red de Medios Radio Maizirat.

Una de las manifestaciones Manifestación registradas en El Aaiún tras aprobarse la resolución 2099, el pasado 25 de abril. / Foto: Red de Medios Radio Maizirat.

Sáhara Occidental
Ana Camacho (23/5/2013)
La prensa marroquí afín al rey Mohamed VI sigue vendiendo como un gran triunfo diplomático de su monarca el haber logrado mover hilos para impedir que en el Consejo de Seguridad de la ONU prosperase la iniciativa estadounidense sobre derechos humanos y, en su lugar, se aprobase la descafeinada resolución 2099. Todo apunta, sin embargo, a que el majzén ha perdido una gran oportunidad de lograr mucho a cambio de poco.

Una concesión del monarca alauita en materia de derechos humanos, ya lo dije, no garantizaba una aplicación inmediata ni efectiva a favor de las víctimas saharauis. Los casos de Congo, Ruanda o Costa de Marfil constituyen un buen ejemplo de grandes fracasos en la defensa de los derechos humanos de los cascos azules de la ONU, ya sea por lentitud burocrática o porque hay miembros del Consejo de Seguridad activamente empeñados en favorecer a una de las partes del conflicto.

El silencio en el informe del secretario general de la ONU sobre el escandaloso incidente que le costó una brutal paliza a tres jóvenes saharauis secuestrados por policías de paisano a la entrada del cuartel general de la MINURSO en El Aaiún refleja las pocas prisas de Ban Ki-moon por rectificar los más de veinte años de inacción onusiana en materia de derechos humanos en el Sáhara Occidental.

A la hora de explicar la cerrazón marroquí la tesis más habitual es que el rey Mohamed VI se opuso al proyecto de resolución propuesto por EEUU para evitar el peligro de que los saharauis, al sentirse protegidos por la ONU, se echasen a la calle a pedir la independencia. Un sí marroquí a la iniciativa estadounidense hubiese dado una importante victoria moral al pueblo saharaui, es cierto, pero a la vez, hubiese asegurado a la diplomacia marroquí la comodidad de convertirse en la mesa de arbitraje en la parte que acaba de marcarse un tanto con una mediática concesión. Con esa baza, a Francia, Estados Unidos y España, les hubiese sido mucho más fácil enredar al Frente Polisario en una negociación muy ventajosa para la parte marroquí, por el mero hecho de situar en un mismo plano a agresor y agredido, como si el ladrón tuviese derecho a discutir si devuelve o no lo que ha robado a su legítimo dueño.

De hecho, Gerard Araud, el embajador de Francia ante la ONU volvió a recordar, tras aprobarse la resolución 2099, que la opción favorita de Marruecos para el logro de una solución pacífica es la vía de la negociación y que el Gobierno de Hollande siempre ha considerado que la mejor forma de avanzar en el respeto de los derechos humanos de los saharauis es a través de un diálogo bilateral del Frente Polisario con Marruecos. La estrategia del principal aliado del anexionismo marroquí es clara: poner el foco en los derechos humanos y correr un tupido velo sobre el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui y el referéndum, como si los atropellos marroquíes fuesen la causa del desaguisado y no la consecuencia del mismo.

El propio secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, marchó en esta dirección en su último informe en el que prefiguraba un escenario dominado por la negociación entre saharauis y marroquíes en el que cada una de las partes debía prepararse a hacer concesiones y corresponder a cada “toma” del contrario, con un “daca” de igual calibre. Si Marruecos hubiese dado su brazo a torcer con las competencias de la MINURSO, ahora sería el Frente Polisario el que debería estar moviendo la ficha del “daca”, para no quedar como la parte sin voluntad negociadora.

Pero la pelota sigue del lado marroquí y, al final, la pesadilla de Mohamed VI se ha cumplido igualmente porque la indignación ha podido al miedo y decenas de miles de saharauis se manifiestan en los territorios ocupados cada día, desde que en Nueva York se aprobó la resolución 2099. Lo peor para el monarca marroquí es que ahora es del dominio público que la total falta de competencias de los cascos azules de la MINURSO no es normal en la historia de las misiones de paz onusianas. Persistir en esta anomalía, desacredita a la ONU y carga de razón el grito con que los saharauis exigen justicia tras 22 años de espera, sin que la MINURSO haya organizado ese referéndum que se supone era el objeto de la misión.

Un “toma” marroquí en derechos humanos hubiese dejado fuera de lugar la agitación callejera. Aún suponiendo que el júbilo popular hubiese adquirido excesivos decibelios, la Administración de Obama hubiese podido aprovechar el prestigio que se ha ganado ante los saharauis con su frustrada intervención para presionar a los dirigentes del Frente Polisario a favor de la calma. De no responder a sus benefactores, el Frente Polisario hubiese sido fácilmente acusado de maximalismo o, lo que es peor, de falta de liderazgo sobre la población al otro lado de los muros.

Ahora, en cambio, los maximalistas son los hombres de Mohamed VI y quien sabe si Obama no le dice al rey alauita eso de “ya te lo dije, cabezota, que te leyeses Il Gattopardo para comprobar cómo a veces, hay que cambiar algo para que todo siga igual”. En cualquier caso, es el Gobierno francés el que se ha visto obligado a recomendar al régimen marroquí prudencia y respeto a los derechos humanos en un vano intento por detener la espiral que está dejando por los suelos la supuesta “apertura” democrática del monarca alauita. Si la situación se desbordase, a Hollande no le quedaría otra salida para intervenir del lado de su peón favorito que cruzar los dedos para que, en alguna esquina del Sáhara Occidental, surgiese una amenaza yihadista susceptible de justificar un desembarco francés en el nombre de la paz y seguridad internacional.

N. de la R.
Este artículo se publica con la autorización de Ana Camacho, periodista, activista intelectual y física, de los derechos humanos, que también se puede leer en su página de Internet, arenasmov


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826