España, 29-09-2016

Rajoy un desastre sin paliativos

Los Reyes y RajoyEspaña
Diego Camacho (26/6/2013)
El Presidente del Gobierno parece instalado en otro mundo, el suyo. No parece importarle ni la crítica de Bruselas a su política económica, ni el crecimiento del paro, tampoco el incumplimiento masivo de su programa electoral y mucho menos la corrupción que inunda y desborda a su partido. Es como si pensara que su buena suerte llegará, trotando, para sacarle del apuro y mientras tanto a él sólo le resta esperar.

La líder del PP vasco Arantxa Quiroga ponía cierto sentido común al afirmar “resulta vomitivo que mientras unos íbamos a velatorios, otros se llevaban la pasta” y que “los militantes están asqueados por todo aquello que rodea el caso Bárcenas”. Nadie comprende, ni siquiera en su partido, que con la mayoría absoluta que goza, Rajoy sea incapaz de emprender lo que este país necesita. En su lugar permite que sus propios barones cuestionen la tímida reforma administrativa de la Vicepresidenta y que los corruptos de su partido sigan campando alegremente. La razón de esa inacción es sencilla, también Rajoy admitió sobres de Bárcenas para completar su “escaso” sueldo y ha sido cooperador necesario en la financiación ilegal del PP.

Floriano apuntalaba las palabras de Quiroga diciendo “…esa indignación… la sentimos también nosotros (la dirección del partido)” para desviar a continuación el tiro y quejarse de la causa general abierta contra el PP por la Justicia y la prensa. Efectivamente, hay abierta una causa general contra el PP, pero la responsabilidad es de la ejecutiva del partido por no sacar de la política a todos los receptores de los sobresueldos y mantener en el Consejo de Ministros a personas como Ana Mato, a la que le florecen ´jaguares´ en su garaje o que viaja al mundo de Disney gracias a la amabilidad de un tal Correa, y Ruiz-Gallardón, que graciosamente regala cientos de miles de euros de los fondos públicos a un tal Urdangarin. Es una vergüenza que los militantes del PP sean incapaces de regenerar su organización, si no lo fueran no habría “causa general” y es completamente obsceno que el principal responsable, Rajoy, cobre dietas por vivir en el palacio de la Moncloa.

La indignidad del Presidente del Gobierno llegó a su cenit cuando tuvo la ocurrencia de pedir disculpas a la hija menor del Rey por el error de Hacienda al haberle atribuido la venta de 13 propiedades, que justificarían el desembolso realizado para la adquisición de su casa en Barcelona. Cristina no ha explicado donde está el dinero que afanó en comandita con su marido y cuya evidencia está constatada, independientemente que no tenga un juez que la impute.

Que una persona pueda eludir la acción de la justicia por los privilegios e influencias de las que goza no la exime de la responsabilidad moral de haber cometido un robo y para todos los efectos morales la Infanta es una ladrona mientras no explique sus cuentas. Que la Casa Real consiga su no imputación a base de presionar en la dirección adecuada es un detalle penalmente importante, aunque irrelevante desde un punto de vista ético. Cada vez está más claro que lo más importante para la duquesa De Palma es no devolver el dinero. ¿Cómo se le ocurre pedir perdón a una persona que ha desvalijado a los españoles a costa del erario?

Si Rajoy desea ejercer como ministro servil en lugar de hacerlo con la legitimidad que le ha otorgado el pueblo español, es su problema. Pero no en mi nombre.

N. de la R.
El autor es coronel del Ejército, diplomado en Operaciones Especiales, licenciado en Ciencias Políticas y escritor.


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826