España, 27-09-2016

La Vía Catalana, una movilización popular y transversal

Cataluña (España)
David Companyon (18/9/2013)Avui
A las 72 horas de la celebración de la Diada llegó la respuesta de Rajoy. Fiel a su estilo de no abordar la cuestión de fondo y dar un rodeo a los problemas, ni nombra la consulta que mayoritariamente exige la sociedad catalana sobre la relación entre Catalunya y España. Ofrece “diálogo sin fecha de caducidad”, insinúa salidas que pueden intuirse como “hablemos del pacto fiscal”: ¿cuál sería el precio? Parece no haber entendido nada a ojos de la mayoría de los catalanes que quieren algo que, en principio, se antojaría simple: democracia, poder votar, decidir sobre como gobernar su vida.

La Carta de Rajoy, larga y reiterativa, parece una burla y un desprecio a la movilización catalana. Los intentos desesperados del presidente Mas, presionado por los poderes económicos para que llegue a algún acuerdo con el gobierno del Estado, caen en saco roto. Rajoy se pone unas orejeras y unos anteojos legales constitucionalistas totalmente opacos.

Rajoy dice que los límites son los de la Constitución. Eso ya no sirve para el pueblo catalán y tampoco debería servir para el resto del estado. Esa Constitución es la que, además de negar el derecho democrático a decidir que se reivindica en Catalunya, consagra el pago de la deuda y los intereses a los bancos por encima del derecho al trabajo, a la vivienda digna, a una sanidad y una educación pública de calidad tras la reforma del artículo 135 por parte de PSOE y PP.

11-S 2013, un punto de no retorno
Si la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatut sacó a la calle el 10 de julio de 2010 a centenares de miles de ciudadanos bajo el lema “Som una nació, nosaltres decidim” (Somos una nación, nosotros decidimos) e hizo girar el “centro de gravedad” del catalanismo desde el pacto (el Estatut de 2006) hacia el derecho a decidir; si la manifestación inmensa de hace un año marcó un punto de inflexión con Independencia y hacia el Estado propio, la manifestación del 2013 –más numerosa aún que la de 2012- marca un punto de no retorno. Para una sociedad en la que más del 80% quiere una consulta, ésta no tiene precio. El tiempo del “peix al cove” (negocia y saca lo que puedas), que caracterizó la política catalana en los años del pujolismo, hace años que caducó.

Si el Presidente Zapatero pasará a la historia por no reconocer y negar obstinadamente la crisis, hasta que la crisis y la troika le cayeron encima, Rajoy sigue empecinado en buscar circunloquios para negar la consulta y negar la realidad que expresó esta Diada. Las primeras declaraciones, en boca del ministro del interior Fernández Díaz, fueron para negar la magnitud de la movilización, a pesar del eco que ha tenido internacionalmente, y recuperar el manido mantra franquista de la “mayoría silenciosa”.

Nadie puede negar que la “Via Catalana cap a la independencia”, convocada por la Asaemblea Nacional Catalana (ANC) fue un éxito total. Centenares y centenares de miles de personas, posiblemente más del 1.600.000 que se ha dado como cifra oficial, llenaron los 480 kilómetros que enlazaron El Pertús, en la comarca del Vallespir (la Catalunya francesa), hasta Vinarós, en el País Valencià. Una cadena humana jalonada de multitudinarias concentraciones en Barcelona, Girona, Figueres, Reus, Amposta, Tarragona, Mataró…, 400.000 personas dieron nombre, DNI y dijeron en que tramo de la La Via Catalana participarían, el resto se sumó ese mismo día y la Via Catalana se podía haber llenado tres veces.

Nadie, ni las referencias a la mayoría silenciosa, puede ocultar que se trata de un movimiento fuerte, participativo y con un objetivo claro: el derecho a decidir y la independencia de Catalunya. Se puede estar a favor o en contra, se pueden buscar las explicaciones que se quieran, pero las cosas son así.

Naturalmente que la composición era muy heterogénea, pero básicamente formada por la clases populares. La fuerza de la movilización obligó a todo el mundo a pronunciarse y percibían que si la Via Catalana fracasaba en su intento de unir los 480 kilómetros (por poco que fuera), la lectura que se haría sería la del fracaso del derecho a decidir.

Se convocaron diversos actos complementarios para entrelazar las reivindicaciones nacionales con las reivindicaciones por los derechos sociales y contra los recortes, como “Encerclem la Caixa” por parte de Procés Constituent; los sindicatos CCOO y UGT y la Plataforma “Prou Retallades” (Basta de recortes) convocaron un ramal de la cadena que empezaba en la sede de la patronal; la FAVB llamó también a la acción dando apoyo a la cadena y a otras expresiones de movilización. A lo largo de toda la Via Catalana, junto a la estelada (la senyera independentista) mucha gente fue con las camisetas de SOS Educació, de la PAH, contra los recortes. Fueron muchos los que participaron para que Catalunya decida y los catalanes puedan decidir sobre todo: para que no recorten las pensiones, para que haya trabajo, para que no se privatice la sanidad…

No cabe duda que si la movilización no hubiese sido marcadamente independentista se hubiese sumado mucha más gente favorable a la consulta, pero no a la independencia. Si la ANC hubiese hecho de puente entre todos los partidarios del derecho a la autodeterminación la movilización no tendría adjetivos, pero el independentismo (superior al 40% de la población, hasta un 52 % según la SER) está muy movilizado, mientras que aquellos que propugnan una vía federalista o confederal (alrededor del 30%) están desmovilizados ante la cruda realidad de que “no hay nadie con quien federarse”. En España, el PSOE no reconoce el derecho a decidir. Sólo Izquierda Unida lo apoya, pero su capacidad de influencia todavía no es suficiente como para generar una alternativa creíble, que pasa por reconocer la capacidad soberana de Catalunya para realizar la consulta.La prensa extranjera y Cataluña

Tampoco parece realista pedirle a esa mayoría del 70-80% de catalanes partidarios del derecho a decidir que se esperen a que se proclame una República Española para entonces ejercer el derecho de autodeterminación. La reivindicación catalana tiene un ritmo y una movilización muy superiores a la que en España se da a favor de una salida republicana a la crisis (social, económica, nacional) del régimen de la segunda restauración borbónica. Más bien se intuye que la reivindicación de los derechos democráticos de Catalunya son el mayor acelerador de esa crisis.

La manera de expresar esta opción es también muy precisa: que el pueblo decida. Así de sencillo. Así de democrático. El sujeto político debe ser el conjunto del pueblo de Catalunya. El intento de que sea el conjunto de España quien decida sobre Catalunya es, otra vez, querer imponer sobre Catalunya el peso del Estado español.

La Asamblea Nacional Catalana
La ANC es la entidad que ha nacido con este nuevo ciclo del movimiento popular catalán. La Asamblea Nacional Catalana surgió de la experiencia municipalista de consultas paralelas a favor o en contra de la independencia. La ANC es una entidad ciudadana con proyección política de gran impacto por la base de masas movilizada y la conciencia y organización que imprime.

Esta entidad es el motor y se ha consolidado como promotora de la aspiración de libertad. Incluye una Asociación de Municipios por la Independencia y a miles de ciudadanos. Han formado una sectorial de trabajadores y trabajadoras. Intercambian apoyos con los Sindicatos CCOO y UGT, y se adhirieron a la convocatoria de la última huelga general.

Esta nueva institución ciudadana nació hace dos años (30 de abril de 2011), con una asamblea fundacional multitudinaria en el Palau Sant Jordi de Barcelona (10 de marzo de 2012) proclamando que “lo social” tendría que esperar a la Independencia para “no dividir”. Ahora bien, resulta que enseguida viró para apoyar la convocatoria sindical de huelga general, hasta llamar con profusión actualmente a incorporar todas las sensibilidades y reivindicaciones a la Via catalana. La presión popular de la ciudadanía ha impuesto que vayan de la mano lo nacional con lo social para facilitar la mayor confluencia y unidad. Lo social ha pasado de dividir a sumar para hacer fuerte la movilización “hacia la independencia.”

Conseguida la gigantesca cadena humana – que quedará para la memoria en una gigafoto-, la ANC consolidada es la que recuerda y marca la hoja de ruta a partidos y gobierno. Una emocionada Carme Forcadell, con la voz entrecortada, decía: “ahora Consulta, sin dilaciones”, “no en 2016”, “Estado catalán”, la ciudadanía catalana tiene que poder decidir, las instituciones tienen que cumplir con la Declaración de soberanía del Parlament.

La Asamblea Nacional Catalana es un lugar privilegiado para la confluencia ciudadana y política, incluidas ahora las demandas sociales. Los meses venideros dirán quién o quiénes rentabilizan este ámbito de confluencia y qué hegemonía política va a destacar en la amplia variedad de la población.

La movilización refuerza a la izquierda favorable al derecho a decidir
Esta marea humana es fruto de un movimiento popular, transversal, que va mucho más allá de la composición actual de los partidos en Catalunya y que está metamorfoseando el panorama político catalán. A las nueve de la mañana del 11-S, momento en que todos los partidos hacen –uno tras otro- una ofrenda floral a la estatua de Rafael de Casanovas, lo más comentado era la encuesta de la cadena SER: ratificaba el “sorpasso” de ERC sobre CiU, colocaba a Ciutadans como tercera fuerza, ICV-EUiA como cuarta y luego al PSC, PP y la CUP.

 Pero más sorprendentes eran las intenciones directas de voto: ERC (20%), ICV-EUiA 11,5%), CiU (11%), C’S (7,5), CUP (5%), PSC (3,5%), con el PP (2%) como último partido.

 Más allá de las valoraciones, cocinas demoscópicas y votos ocultos, la tendencia continuada de todas las encuestas demuestra hasta qué punto es compleja la situación, como afecta hasta el último rincón de cada partido y de arriba abajo a toda la sociedad. La misma encuesta seguía mostrando un amplísimo apoyo a la consulta y una mayoría (52%) favorable a la independencia de Catalunya y una minoría (24%) en contra. El otro 24% son indecisos y estos cada vez basculan más hacia la mayoría. El 80% sigue siendo partidario de la consulta y un 74% quieren que se celebre aunque no tenga el acuerdo del Gobierno de España.

La importancia de este movimiento consiste en que es capaz de expresar la voluntad de cambio, el hartazgo sobre la crisis económica, la voultad de plantear sobre nuevas bases las relaciones entre España y Catalunya tras el fracaso de los sucesivos intentos de pactar nuevas formulas. Esta voluntad de cambio es la única manera hoy de modificar las relaciones impuestas, tanto sobre las clases trabajadoras como sobre los pueblos del Reino de España.

Desde las izquierdas, eso es lo que deberíamos ver como positivo: la posibilidad de confluir las luchas por los derechos de los pueblos y las luchas sociales contra las políticas neoliberales.

No es la gran burguesía catalana quien encabeza el movimiento ni quién se beneficia de él. Al contrario, la gran burguesía catalana de los Godó, Fainé, Alemany, Piqué… es la que se reúne a comer con Rajoy en la Moncloa para hacer descarrilar el proceso soberanista.

Quienes aseguran –para despreciarlo- que el movimiento está manipulado y dirigido por CiU deberían explicar cómo es posible que desde el anterior 11 de Septiembre CiU no sólo perdió 12 diputados en las elecciones de noviembre, sino que todas las encuestas reflejan una erosión continua de apoyo popular para la coalición de Mas y Duran, hasta mínimos históricos, en beneficio especialmente de su actual socio ERC, pero también de ICV-EUiA y las CUP (que combinan la reivindicación nacional con las luchas contra los recortes sociales). Y por otro lado, por la derecha y el “unionismo”, de Ciutadans, con un descenso constante del PSC, a pesar de su pseudo-federalismo, y el PP. La movilización por el derecho a decidir está reforzando las opciones más a la izquierda, que reflejan mejor el movimiento transversal y popular y no a las que están a la derecha, como CiU.

La exigencia de una consulta y del derecho a la autodeterminación no oculta la crisis social que vive Catalunya. La lucha por los derechos sociales es inseparable de los nacionales. Se vio en el Concierto por la Libertad en el Camp Nou o incluso en la misma cadena de este 11-S.

David Companyon

David Companyon

Una República Catalana
El federalismo que la izquierda defiende sólo podría ser una respuesta si tiene como punto de partida el derecho a decidir sin condiciones, es decir incluido el derecho a separarse, a ser independientes. En ese sentido Joan Josep Nuet, (coordinador de Esquerra Unida i Alternativa y diputado en el Congreso de la Izquierda Plural por ICV-EUiA) en una conferencia celebrada esta semana apostaba claramente por un República Catalana, basada en la soberanía del pueblo catalán para decidir su futuro y un referéndum vinculante con una pregunta clara sobre el Estado propio. Una República Catalana que podría federarse libremente con los otros pueblos de España (esa es su opción) o ser independiente: que el pueblo decida.

 Pesde la izquierda, la reivindicación de una República Catalana libre y social permite unir, entrelazar de manera “natural”, la reivindicación nacional y social frente a los poderes económicos y políticos en España y Catalunya. Comparto esa visión, que él llama “nuevo federalismo” y que posiblemente ya tenía nombre: “confederal”. Si el “federalismo” que propugnan algunos sectores socialdemócratas e incluso más a la izquierda, es para mantener las cosas como están o para alargar una relación impuesta, no sirve para nada. Hoy para que haya federalismo, la izquierda del resto del estado tiene que defender el derecho a decidir del pueblo catalán.

N. de la R.
David Companyon i Costa es miembro del Consell Nacional d’Esquerra Unida i Alternativa y diputado por la coalición ICV-EUiA en el Parlamento catalán.
Este artículo se publica con la autorización deSnPermiso.


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