España, 25-09-2016

Juan Ponce de León, desde Santervás (su pueblo natal), en el V Centenario del Descubrimiento de Florida

España
José Manuel González Torga (19/9/2013)

Juan Ponce de León

Juan Ponce de León

Este año se conmemora el V Centenario del Descubrimiento de la península de Florida, hito histórico protagonizado por Juan Ponce de León. Lo que resulta insólito es que la efeméride cobra más relieve por aquellos pagos estadounidenses que en la España de nuestros legendarios compatriotas.

Aquí, como ya es tradicional, no acertamos a obtener todo el reconocimiento debido a la importancia de las acciones históricas propias, como tampoco a neutralizar las abultadas falsedades de la Leyenda Negra. ¿Por qué a nuestros grandes capitanes se les da peor imagen humana por el mundo que al macedonio Alejandro Magno, al romano Julio César o al cartaginés Aníbal? Como si más bien se hubieran parecido al mongol Gengis Kan o, más atrás, al rey de los hunos,

, conocido – exagerando a su vez- como “El Azote de Dios”, o por la afirmación de que no volvía a crecer la hierba por donde hubiera pasaba su caballo. Para empezar a hablar, aquellos esforzados españoles llevaron el caballo –muchos ejemplares- a las latitudes americanas, donde se multiplicaron y quedaron.

Lo cierto es que navegantes y conquistadores españoles llegaron al territorio entonces ignoto de la actual potencia cuasi imperial y colonizaron buena parte de su extensión 107 años antes de que desembarcaran más al norte –en lo que sería Nueva Inglaterra- los célebres padres peregrinos del Mayflower, realmente cofundadores de segunda hornada de cuanto albergan las fronteras de Estados Unidos. Los españoles mantuvieron sus reales allá por tres siglos largos.

Con ánimo hispánico he aprovechado una fecha de esta anualidad conmemorativa para visitar el pueblo donde nació Juan Ponce de León, quien encabezaba la expedición a aquella tierra exótica, entonces denominada Bímini y que rebautizó como Florida porque, al avistar la buscada costa, coincidían la celebración pascual del calendario con la estampa primaveral de la vegetación. En realidad aquellos navegantes y soldados creían que llegaban a una isla más.

Nuestro protagonista iba desde Puerto Rico (antes Borinquén), donde había sido Gobernador; pero su lejana localidad natal era el pueblo de Santervás de Campos, actualmente de la provincia de Valladolid aunque durante mucho tiempo estuvo englobado en León.

Libro de Agúndez Ponce
En Santervás he podido hablar con Juan Antonio Agúndez Ponce, cuyo segundo apellido no descartan allí que pueda venir de la estirpe de Juan Ponce de León. Además, le da una cualificación especial el hecho de haber escrito el libro “Santervás de Campos, la Villa Citti mozárabe” que editó, en 1994, la Diputación Provincial de Valladolid.

Juan Antonio Agúndez Ponce recoge, como antecedente protohistórico, el nombre de un rey llamado Brigio, en el pasado remoto de esa Tierra de Campos. La relación de Santervás con el apelativo “Villa Citti” guardaría relación con los mozárabes: “Citti – concreta Agúndez Ponce – deriva con probabilidad de la raíz árabe: cidi, sidi, o cid: señor”. Más adelante el mismo cronista aporta pinceladas históricas significativas como las que reproduciré entrecomilladas en calidad de citas, en los párrafos siguientes:

“Santervás, en manos del todopoderoso abad de Sahagún hasta su declive, y bajo la jurisdicción diocesana de León hasta bien entrado el siglo XX, puede decirse que transcurrió benedictina todo el Medievo y aún más acá. Cuando la Orden Benedictina pierde un tanto su protagonismo por estas tierras hacia 1151 y 1175, surgen en Santervás, como ya era moda en muchos lugares: el “Merino y el Concejo de la villa”.

Los merinos, auxiliados por “sayones” (así llamaban a sus ayudantes), junto con el Concejo, celebraban reuniones que “se hacían en el atrio de la iglesia convocadas a campaña tañida”. El pueblo, hasta aquí, era una entidad pasiva, sin voz ni voto. Hasta que, a finales del s. XIV, se registra un movimiento de rebeldía. La vecindad se niega a pagar diezmos al monasterio y protesta por las “sernas” (jornadas de trabajo de sol a sol, y con un descanso para comer)”.

El caso llega a la Roma papal y los vecinos de Santervás se topan con el fallo de
Clemente VII en el cual dispone que deben seguir tributando.

Cinco banderas en el Ayuntamiento
Volvamos a nuestro histórico personaje torrecampino y, más en concreto, de Santervás. Había sido bautizado allí, un día de 1460, en la iglesia de San Gervasio. Como hijo de Hernando de Villacorta y de Leonor Ponce, le habría correspondido llamarse Juan de Villacorta y Ponce, pero decidió él la opción que le identificó por el apellido materno.

La aventura americana de Juan Ponce de León desborda las márgenes del espacio del que aquí cabe disponer con normalidad. Así pues, no resulta factible entrar ni siquiera en acontecimientos principales y mucho menos abordar los normales claroscuros de la personalidad de un batallador de la época, que hay que dar por supuestos para cualquier lector avisado. El oro, la gloria, el poder y hasta la búsqueda de la fuente de la eterna juventud jugaron en su trayectoria vital, dentro de un balance que, por otro lado, merece reconocimiento memorable. Su estatua en Santervás de Campos responde, evidentemente, a méritos muy sobresalientes.

Conversación entre González Torga y Agúndez Ponce

Conversación entre González Torga y Agúndez Ponce

A Ponce de León se debe el hecho de que, durante este año 2013 del V Centenario, ondeen en el balcón del Ayuntamiento de Santervás, cinco banderas: con la enseña nacional española, la de Castilla y León y la del Municipio, la de Estados Unidos y la del Estado de Florida. Y no por el actual poder trasnacional estadounidense sino por la gesta descubridora – no hay porqué escarbar tontamente en la literalidad de este término – de un español de a pié – llegó a tierra de Indias como “peón”, es decir que no tenía caballo, y que alcanzó grandes méritos, para sí y para España.

Juan Ponce de León que, había puesto nombre a Puerto Rico y fundado asentamientos como Caparra (luego San Juan), descubrió además, con sus hombres de mar, durante la navegación, la existencia de la corriente del Golfo, que luego permitió utilizar una ruta más rápida para el retorno al Viejo Continente.

En 1521 realizó su segunda y última expedición a Florida, con dos barcos y doscientos hombres a bordo. En las bodegas iban cincuenta caballos y otros animales domésticos. Ya en tierra, en un choque armado, una flecha de los indios semínolas hirió a Juan Ponce de León y, a consecuencia de la herida, retornó a Cuba, donde murió a la edad de 61 años. Su sepultura está en la catedral portoriqueña.

Juan Antonio Agúndez, en su obra citada, incorpora la referencia que sigue: “Juan Castellanos, uno de los escritores proclives a la defensa del aventurero de Santervás, rubrica su admiración con esta redondilla fúnebre:

“Aqueste lugar estrecho
es epulcro de varón
que en el nombre fue León
y mucho más en el hecho”.

“Los Conquistadores de Bradenton”
Un ejemplo digno de tomarse en cuenta es el de “Los Conquistadores de Bradenton”, ciudadano de esa localidad de La Florida, que vienen peregrinando, ataviados a la usanza de la época de Hernando de Soto, a Barcarrota, su cuna extremeña, en la provincia de Badajoz, y en cuya memoria celebran una fiesta anual en el propio solar norteamericano. A los ciudadanos de Bradenton, miembros de esa asociación, les encanta imitar las armaduras de los conquistadores y los hábitos de los frailes misioneros. Poco deben de creer en la tenebrosa Leyenda Negra.

Santervás también podría atraer a puertorriqueños y a ciudadanos del Estado de Forida.

Instituciones de Puerto Rico hicieron patente su homenaje en los términos que tienen permanencia en el frontispicio de la iglesia de San Gervasio:

“A LA MEMORIA DE JUAN PONCE DE LEÓN, CONQUISTADOR, COLONIZADOR Y PRIMER GOBERNADOR DE PUERTO RICO, NACIDO EN SANTERVÁS DE CAMPOS, EN EL VI CENTENARIO DE SU BAUTISMO EN ESTA IGLESIA. –INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUEÑA – SOCIEDAD PUERTORRIQUEÑA DE ESCRITORES – CASA DE PUERTO RICO EN ESPAÑA – MCMLXVII”.

Superadas las incidencias propias de siglos atrás, estas muestras de memoria histórica sí tienen sentido.


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