España, 01-10-2016

La partitocracia catalanista, entre la inmersión asfixiante y la leyenda urbana

El Rey de Patones

El Rey de Patones

Cataluña (España)
José Manuel González Torga (27/9/2013)
El pasado día 18 de los corrientes mes y año, Eugenio Pordomigo, director de espacioseuropeos  dio albergue en estas páginas a un artículo titulado “La Vía Catalana, una movilización popular y transversal”. Procedía de “SinPermiso”, como otros materiales tomados a través del tiempo, con la correspondiente autorización. Siempre había leído con interés tales contenidos; pero no me ha ocurrido lo mismo con este reciente.

Creo que supone un exceso de generosidad reproducir monsergas de independentistas catalanes cuando los medios subvencionados de Cataluña actúan como los tres monitos ciegos, sordos y mudos ante lo que no sintoniza con sus planteamientos.

No querría hurtar mi disenso ante el artículo de marras. Como me resulta cansino ponerme a escribir de nuevo en línea opuesta, solicito de la misma benevolencia de Eugenio Pordomingo que acoja un artículo mío que publicó “vistazoalaprensa” hace dos añitos (21-09-2011) bajo el título que encabeza estos textos y con el tenor literal que sigue, entrecomillado:

La inmersión puede ahogar
“Para la inmersión lingüística, los catalanistas militantes buscaron en Quebec y seleccionaron al padre putativo del problemático invento, el sicólogo de aquella provincia canadiense, W.E. Lambert. Luego, en Barcelona, recibiría la encomienda, por parte de la Generalidad, de ponerlo en marcha, Joaquín Arenas Sampera, ex-cura pujolista. Interpretaba la lengua materna “en el sentido de lengua materna de la tierra, es decir de lengua territorial”. Esto, por asociación de ideas, nos lleva a la “pacha mama”, la madre tierra, expresión con la que Evo Morales embaucaba –cada vez menos- a la población de indígenas ancestrales bolivianos. No está mal como referencia para la evolución del siglo XXI en Cataluña. Sin contar con la suplantación que la metáfora del territorio-madre representa para madres reales y verdaderas.

Los brotes de oposición a la política lingüística catalana, fueron haciéndose visibles, pese a las dificultades de la presión ambiental. Un auténtico hito lo marca el conocido como Manifiesto de los 2.300 (“Por la igualdad de derechos lingüísticos en Cataluña”), de 1981. La reacción terrorista de Terra Lliure no se hizo esperar y llevó a algunos de los promotores del manifiesto a poner pies en polvorosa.

En otro golpe de mano de Terra Lliure murió una anciana de Les Borges Blanques al resultar alcanzada, fuera de lo planeado, por la explosión de una bomba.

El 9 de setiembre de 1994 se produce una agresión a la vicepresidenta de CADECA (Coordinadora de Afectados en Defensa de la Lengua Castellana). Asunción García, médico, es engañada por dos individuos, los cuales solicitan que les acompañe para prestar asistencia al padre de uno de ellos, supuesta víctima de un ataque cardiaco. La obligan a dirigirse a un descampado, donde le propinan una paliza e incendian el vehículo. Asunción García encabezaba “las madres de Salou”, movilizadas para impedir que a sus hijos pequeños los sumergieran forzosamente en el monolingüismo catalán escolar.

La resistencia ante ese monopolio idiomático va implicando a sectores afectados contra su voluntad, que dejan muestras de ello con iniciativas de rebeldía: Asociación por la Tolerancia y contra la Discriminación, Asociación Miguel de Cervantes y Foro Babel (en la gestación de éste hubo nombres ligados a revistas como El Viejo Topo y Ajoblanco).

Con la llamativa firma de Azahara Larra Servet, ve la luz un libro que denuncia la situación a que se somete a las mentes infantiles, a base de catalán y catalanismo. La obra lleva por título “Extranjeros en su país” y, la lanza Ediciones Libertarias. Acabaría sabiéndose que el nombre del autor era Antonio Robles, profesor de Instituto de Enseñanza Media, que había optado por el seudónimo a causa de su temor realista a las represalias. <<Hoy, en Cataluña -escribía- el conflicto lingüístico es un tabú. La criminalización llevada a cabo por el nacionalismo contra la legitimidad del castellano ha dejado sin palabra a los catellanohablantes. Nadie se atreve a hablar de la “limpieza lingüística” que se está llevando a cabo, de la voluntad monolingüísta del catalanismo o, si prefieren, del deseo de erradicación del castellano en Cataluña. Y cuando alguien se ha atrevido, se le ha estigmatizado>>.Extranjeros en su país

La situación más pintoresca tiene como protagonista al catedrático de Lengua catalana, Jesús Royo, a quien la corriente oficialista le premia su libro “Una llengua és un mercat”, dando por supuesto que estaría en la línea propugnada desde el poder; pero el tiro les sale por la culata. Royo, nacido en Barcelona, de padres riojanos, se rebela a favor del bilingüismo, en contra de la inmersión, y como partícipe de la Asociación por la Tolerancia. Por lo visto, actúan a ojo de buen cubero, sin preocuparse de leer. Lo escrito en catalán, por principio, se premia. Y lo escrito en castellano, se multa. Palo y tente tieso.

Otro botón de muestra: el caso Gómez Rovira. En uno de los campamentos de la Milicia Universitaria, en Robledo (La Granja de San Ildefonso), compartimos, con otros compañeros, la misma tienda, de círculo abierto de pared y de lona. Esteban Gómez Rovira estudiaba Derecho, aspiraba por entonces a entrar a trabajar en un banco, y demostraba tener un carácter excelente. Alguna vez me contó que era descendiente del periodista, célebre en su tiempo (falleció en1929), Eduardo Gómez Baquero, que firmó mucho con su seudónimo de Andrenio, por el personaje de Gracíán; escribió en muchos periódicos, como El Sol o La Vanguardia, éste último, como es sabido, de Barcelona.

Con Esteban no volví a encontrarme desde entonces; pero durante cierto tiempo leí en la Prensa sus luchas, en la Ciudad Condal, por los conflictos lingüísticos. Sus pleitos con la Generalidad, su radicalización política y el enconamiento, que había que suponer fruto de un ambiente opresivo puesto que su temperamento no era dado a la irritabilidad.

Iván Tubau recogió algunas curiosidades de la hibridación de lenguas: contra “catanyol” en la calle y el patio, “espatalán” en el aula. Igualmente alude a una perspectiva de catalanizar apellidos: Peris, por Pérez; Gomis, por Gómez; Sanchis, por Sánchez: Roís, por Ruiz; Llop, por Lobo…

Abolengo de reyes
Aparte de imponer la asfixiante inmersión lingüística, los catalanistas febriles han excavado en busca del abolengo histórico para reforzar su argumentario, pero sin pararse en barras. Allá por los tiempos de transición entre el primer milenio y el segundo, de entre los varios condes catalanes tratan de atribuir una primacía centralizadora al de Barcelona, atribuyéndole la consideración de príncipe y hasta la de rey. Quien fuera monje de la Abadía de Montserrat y, luego, profesor de la Autónoma de Barcelona, Anscari M. Mundó, publicaba, con el relativismo correspondiente, que “…los historiadores cordobeses, según parece, aplicaron, desde el siglo X el titulo de malik, rey, a los señores cristianos considerados soberanos: por un cierto orden cronológico, lo atribuyen a los de Asturias, León (Galicia), Pamplona y Barcelona”.

Para más tarde concede que Aragón recibe una compensación, al imponer al conjunto gobernado por los condes de Barcelona, su “corónimo” (aclaro, con el “Diccionario del español actual”, de Manuel Seco y otros, que el término alude al “nombre propio de un territorio”).

Sin referencias tan imprecisas habría licencia para recordar como sedes reales dos localidades asturianas: Cangas de Onís y Pravia. Mientras Asturias luego quedó en principado, Cataluña pretende el reconocimiento retroactivo como reino, para lo cual hace juegos malabares, como utilizar la denominación de reino de Cataluña-Aragón. Así lo airea, y uno puede tropezarse en Andorra con la explicación de que las barras de su escudo proceden no de Aragón sino de Cataluña.

Hay realidades catalanas que basculan entre el sainete y el drama. Una parte importante de los catalanes perseveran, como es obvio, en sus valores humanos, sociales y políticos; pero su partitocracia gobernante representa una plaga que les ha caído y no precisamente en suerte.

Si se me permite distender el ánimo belicoso que viene elevándose con la cuestión catalana, traeré a colación un reportaje que publiqué hace muchos años en el suplemento que editaba la extinta “Hoja del lunes”, de Madrid, con texto y fotos, bajo el título “Patones, el reino perdido de la Sierra”, a poco más de sesenta kilómetros de la Puerta del Sol. El alcalde de entonces, Andrés López, a quien encontré recogiendo maíz en una huerta del pueblo, me dijo, entre otras cosas: << El reino se llamó antes “de los Batones” y, posteriormente, pasó a denominarse “de los Patones”>>.

Un clásico como Antonio Ponz, académico de la Historia, en su “Viage de España”, trata sobre Patones, con el estilo de su época: “…en aquella desgraciada edad en que los sarracenos se hicieron dueños de España, ya se sabe que muchos de sus moradores huyeron a las montañas y parajes más escondidos y retirados. Algunos buenos cristianos de la tierra llana decidieron, pues, introducirse por la expresada abertura (en la cordillera, entre Torrelaguna y Uceda) buscando en lo interior de la sierra cuevas donde esconderse y fue de tal suerte que, no cuidando los enemigos de la religión de territorio tan áspero y quebrado, pudieron aquellos godos fugitivos vivir en él todo el tiempo del poderío musulmán, manteniendo sus costumbres y creencias, y sustentándose de la caza, la pesca, colmenas…”Y así –prosigue- …de siglo en siglo , con un gobierno hereditario, llamando a su cabeza rey de los patones”.

Carlos III terminó con aquella monarquía patriarcal, a pocas leguas, del palacio de Oriente, y debió de cortar la tradición de comunicaciones oficiales con el encabezamiento “Al rey de los Patones”.

José Manuel González Torga

José Manuel González Torga

En 1921, el historiador Juan Ortega Rubio señalaba peculiaridades en el lenguaje de los rústicos habitantes de la aldea de Patones de Arriba, que hacían sospechar su procedencia directa de los godos. El apellido más repetido del lugar es el de Melones; como en Torremocha abundan el Sanz y el Díaz, existe un dicho de extensión comarcal que hace el juego de palabras: “En Patones, melones; y en Torremocha, sandías”.

Desde luego, con algo más, hay quienes se subieron al carro de las autonomías históricas, con el equívoco apelativo de nacionalidades. ¡Viva la leyenda urbana, o sea el bulo!”.

Hasta aquí lo escrito entonces. Y como ahora Paco Boya, secretario general de Unitat d’Arán, ha reivindicado que los araneses puedan llevar a cabo una consulta propia para decidir su futuro singular, propongo que brindemos. Con cava de Almendralejo, en recuerdo del viejo reino moro de Badajoz. Y por los más antiguos, y para mi, emocionalmente próximos, de Cangas de Onís y de León, sendos brindis, con sidrina el uno y con cava de Cacabelos el otro. Prefiero decidir brindar y beber que votar.

 

 


Contenido relacionado...


Compartir:


Espacios Europeos © Copyright 2005-2016 No nos copiéis, nos cuesta mucho trabajo mantener esta página.
Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826