España, 26-09-2016

EE.UU.: ¿Tiene de verdad que cerrar el gobierno y bloquear Obamacare?: Guerra ideológica: la clausura de un gobierno (2)

Estados Unidos
Alejandro Nadal (14/10/2013)

Soy Obama, y te puedo espiar

Soy Obama, y te puedo espiar

Guerra ideológica: la clausura de un gobierno
Para la agenda neoliberal el gobierno siempre es el enemigo. Es el diablo que hay que eliminar, no importa que eso pueda provocar una recesión o una crisis. El breviario ideológico de la derecha es el mismo, de Grecia a Washington, pasando por Berlín y Bruselas.

El cierre de las operaciones de rutina del gobierno estadounidense es el último resultado de una furiosa ofensiva ideológica lanzada por el núcleo ultraconservador del Partido Republicano. Su dominio en la Cámara de Representantes le permitió desafiar a la Casa Blanca. El pretexto es frenar el gasto público y el endeudamiento “excesivos”. El objetivo real es destruir la reforma de salud que impulsó la administración Obama y atajar cualquier intento que tenga visos de regresar a esquemas parecidos al estado de bienestar (en especial en materia de salud y educación).

El esquema de la reforma en salud de Obama no tiene nada de radical: sus beneficiarios son unos 40 millones de personas que anteriormente carecían de un seguro médico y… las compañías de seguros. Pero el eje ultra de los republicanos considera al Obamacare, como le dicen peyorativamente, un paso más en la ‘inexorable marcha hacia el socialismo’ impuesta por el gobierno ‘central’. Por eso retó al ejecutivo buscando imponer una enmienda en la ley del presupuesto para impedir el financiamiento de la reforma de salud.

El argumento de los republicanos es que “el pueblo de Estados Unidos no quiere la reforma Obamacare”. Pero esa reforma fue aprobada por el Congreso hace un año y fue debidamente promulgada. Un grupo neoliberal argumentó que era anticonstitucional y el caso llegó hasta la Suprema Corte. El fallo del tribunal fue claro: la reforma sobre salud está de acuerdo con los términos de la ley suprema de la unión. Aun así, el núcleo ultraconservador de los republicanos dice “saber” que el pueblo está en contra y eso le confirma su decisión inquebrantable de oponerse al gobierno federal.

Para estos caballeros de la pureza neoliberal, todo vale. Por ejemplo, el senador republicano de Texas, Ted Cruz subió a la tribuna y habló durante veintiún horas, comparando al gobierno con el régimen Nazi y con la Unión Soviética. La táctica de ocupar la tribuna es permitida a un orador (aunque con algunas restricciones como la de no poder sentarse o ir al baño) pero el desplante de Cruz no pudo evitar que el Senado votara las enmiendas necesarias para desbloquear los fondos requeridos por la reforma en materia de salud de Obama. Aunque puede ser prematuro para hacer conjeturas, es posible que la maniobra de Cruz se le revierta a los republicanos. Lo cierto es que en la guerra ideológica nada se perdona, especialmente si se tiene la consigna de no tomar prisioneros.

La economía estadounidense sigue estando en una situación delicada. Su fragilidad se puede observar en casi todos los indicadores importantes: tasa de crecimiento, mercado laboral, construcción y precios de bienes raíces, desconfianza de los hogares frente a la incertidumbre, inversión endeble, etcétera. El cierre de las operaciones del gobierno ciertamente no ayuda en un contexto en el que la demanda agregada todavía no se acaba de recuperar. Por supuesto, la magnitud del efecto negativo depende de la duración del cierre de operaciones: un cierre de tres semanas podría restarle 1.4 puntos porcentuales al crecimiento del último trimestre del año en curso. Eso sería desastroso para la economía estadounidense y sus satélites (léase México).

El drama del cierre gubernamental debe ser evaluado a la luz de los efectos de la austeridad fiscal en Europa. El año pasado el Fondo Monetario Internacional admitió haberse equivocado al subestimar el impacto de la política de austeridad fiscal sobre la actividad económica. Los modelos del FMI partían del supuesto de que un recorte fiscal equivalente al uno por ciento del PIB tendría un multiplicador de 0.5. Pero en octubre 2012 el FMI dio a conocer un estudio sobre 28 economías que descubrió multiplicadores de entre 0.9 y 1.7. Es decir, la llamada consolidación fiscal (en búsqueda de reducir el déficit) ha tenido un impacto negativo sobre el crecimiento hasta tres veces más severo que el pronosticado por los modelos del FMI. A pesar de esto, la OCDE y el comisionado Olli Rehn siguen empeñados en sus alabanzas a la austeridad fiscal aunque la tasa de desempleo supera 27 y 26 por ciento en Grecia y España, respectivamente.

En este último episodio de guerra ideológica los ultraconservadores enarbolan la bandera de “bajos impuestos, menos gobierno y más libertad”. Es una vieja canción que se promueve por los neoliberales. Es la consigna del uno por ciento que se ha beneficiado por el neoliberalismo. Mientras Fox News pueda seguir moldeando la opinión pública a su antojo, una parte importante de la población estadounidense podría seguir avalando ese lema. Pero el estancamiento económico, con su secuela de desempleo, pobreza y desigualdad no va a desaparecer. La clausura gubernamental prolongará y profundizará el letargo de la economía estadounidense.

N. de la R.
Alejandro Nadal es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.
Este artículo se edita con la autorización de SinPermiso,


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826