España, 30-09-2016

El mensaje-discurso navideño del Rey de España visto por algunos de nuestros colaboradores

El Rey de EspañaEspaña
espacioseuropeos (26/12/2013)
Como siempre, el discurso-mensaje navideño de Juan Carlos I despierta comentarios, que no pasiones, entre los medios de comunicación. Ya se sabe, los que su peculio depende del poder, se muestran proclives a halagar la perorata navideña del monarca; el resto, oyen pero no escuchan. Sólo miran la nevera, el recibo de la luz y poco más…

Nosotros hemos pedido a algunos de nuestros colaboradores y amigos que nos den su opinión. Y así lo han hecho: Javier Martínez, licenciado en Derecho, Master en Economía y miembro de la Junta Rectora de ATTAC; Blog de Cordura el abogado José Luís Mazón; el embajador Jesús Riosalido; el periodista y abogado Javier Castro-Villacañas; la periodista Ana Camacho (por teléfono desde la sierra madrileña donde se encuentra recuperándose del ERE del diario ´El País´); Venancio Díaz Castán, doctor en Medicina y escritor; el coronel de Ejército, Diego Camacho; el periodista David Bollero y Manuel Funes Robert, Técnico Comercial, Economista del Estado, licenciado en Derecho y escritor.

Ni hemos quitado ni puesto un punto o una sola coma. Aquí están sus opiniones:

Javier Martínez

Javier Martínez

Javier Martínez
Ser consciente y declararlo públicamente, del esfuerzo y sufrimiento de la ciudadanía por las medidas tomadas contra la crisis que nos azota desde 2007 es la mayor de las falacias, de los sadismos y de la falta de empatía real con el otro, pues si realmente se reconoce se intentan buscar el o los culpables de tales males y desmanes al ciudadano, se han de perseguir las causas del deterioro de la calidad de vida del país y sobretodo no permanecer impasibles como una estatua de marfil o mejor aún como animal disecado en pabellón de fieras y creer que con sólo decirlo en un discurso exonera de responsabilidad al Jefe de un Estado de la situación de genocidio alimentario, sanitario, económico, social y cultural de la mayoría de los españoles.

Hay que ser consecuentes en palabras y hechos, saber a quién sentamos a cenar en nuestra mesa, hacer que la justicia sea realmente igual para todos y predicar con el ejemplo; por eso, el mejor discurso, para mí, hubiera sido el de la abdicación y el de la propuesta de un nuevo periodo constituyente que permitiera que los ciudadanos que integran España sean realmente soberanos de su destino y puedan darse su constitución y su régimen de libertades reales y no seguir viviendo con una democracia de carta otorgada y con un consenso de intocables.

Cordura
Te soy sincero: nunca he logrado escuchar entero el mensaje “navideño” de este buen hombre. No creo que sea por nada personal contra él (le deseo lo mejor, la verdad). Es que me resulta plomizo. Además con él me ocurre lo mismo que con todas las personas carentes, a mis ojos, de la menor autoridad moral. No me inspira ninguna credibilidad. Sus palabras las encuentro vacuas y meramente retóricas. Se las escriben otros y él las lee lo mejor que puede y sabe.

Es alguien sin fuste, sin columna vertebral, un ser borroso. Si le tuviera delante de mí, me pregunto si le vería (esto mismo me ocurría tiempo atrás con un jefe al que tuve que padecer unos añitos, mentiroso cuasi compulsivo: lo tenía delante pero la verdad es que ni reparaba en él…).

En Twitter, dado que noté cierta expectación ante su discurso, se me ocurrió poner lo siguiente, que tuvo cierta repercusión entre la gente con la que me muevo allí: “El golferas cuyo pabellón de caza nos costó 3,4M€, ¿volverá a hablarnos de “austeridad” en su tostón de Nochebuena?”

Aunque solo fuera por comprobar eso, sentí curiosidad por escuchar su mensaje de este año, pero luego se me pasó, o llegué tarde… Ahora, tras ver tu correo, he mirado por ahí alguna crónica y he encontrado el texto del discurso. Lo he leído muy deprisa. Parece que no mencionó la austeridad esta vez.

He visto que habló contra “los casos de falta de ejemplaridad en la vida pública”, pero como si no fueran con él. Aunque se pudiera pensar lo contrario cuando, un poco después, añadió: “…asumo las exigencias de ejemplaridad y transparencia que hoy reclama la sociedad…” Algo solo creíble si abdicara en el acto y se pusiera a disposición de la Justicia para que le procesaran junto a todos los miembros de la “Casa Real” implicados en tanto robo a mano armada al pueblo que dicen representar y amar.

Para colmo, un año más, volvió a hacer demagogia con las (eternas) víctimas del terrorismo… En fin, no sé si de las líneas precedentes puedes sacar algo que te sirva.

José Luís Mazón, abogado

José Luís Mazón, abogado

José Luís Mazón
Como nos hablas de tu (“vosotros”) me permito tutearte Juan Carlos. No has aceptado tu destino porque no tienes valor para ello, la corona se hunde y tú te empecinas en seguir. Se hunde, entre otras cosas, por tu falta de ejemplaridad y de regeneración que pides. Si se te aplica la ejemplaridad y la regeneración, Juan Carlos, desapareces como rey. El trono se desmorona y tú estás como aquel personaje de la tele de los 70, Joe Rigole, con su “yo sigo”.

La corrupción institucional imperante la has generado también tu, que bien te has aprovechado y enriquecido con ella desde los comienzos con tus comisiones sobre operaciones públicas, tu administrador Carvajal murió con todos tus secretos al respecto. Lo que ha hecho tu yerno Urdangarín no tiene ningún sentido si no es con tu apoyo, si tú no estás detrás. Por tanto el juez tendría que tomarte declaración en calidad al menos de testigo para que nos expliques si ese dinero al marido de tu hija luego exigía favores tuyos a los donantes en un toma y daca, porque en este mundo el toma sin el daca no funciona.

El régimen monárquico-bipartidista se hunde, tu, el PP y el PSOE, por ser los tres mosqueteros abusones y caciques, habéis sido los tres una partida de jugadores tramposos y os hemos descubierto. Así que tenéis la noche oscura del alma por delante los tres en el horizonte, el pueblo se va a levantar.

En fin, amigo, que posiblemente tu familia te obligue a abdicar en este mismo 2014 y que tal vez este mensaje del 2013 haya sido tu último mensaje como Rey de las Españas, estás al borde de la abdicación como Ratzinger que solo se fue cuando los nuevos amos del mundo que se hicieron con Vaticano S.A., le pusieron un puñal en el pecho; pero a ti quienes te echarán seremos los españoles y no nos conformaremos con nuevo rey, queremos rey electo y no vitalicio ¿lo entiendes?. Si tuvieras la suficiente hombría aceptarías el fin de la monarquía jubilándola a toda ella para siempre y antes que te pueda pasar lo que a Luis XVI por no renunciar a tiempo. Pero te falta el valor y la lucidez para ello, la casa real se hunde y tú no quieres aceptar la realidad. Feliz Fiesta del Sol Naciente amigo, que el astro rey te haga leve el desmoronamiento del régimen.

Jesús Riosalido
Mi respeto siempre para S.M. y lo que dice. 

El tono fue algo elusivo y parabólico y sin embargo no consiguió eliminar los ataques de CiU y el PNV. Ello demuestra que Rajoy no acierta en su gestión de la actual crisis política. Lo siento.

Javier Castro-Villacañas

Javier Castro-Villacañas

Javier Castro-Villacañas
El rey en una monarquía parlamentaria no tiene voz ni opinión política. Realiza una función meramente representativa, como símbolo del Estado que es, no debiendo entrar en las disputas políticas que afectan a partidos y ciudadanos. Tan es así que, en una monarquía parlamentaria, los discursos del rey no son propiamente suyos y sí discursos del Gobierno elegido por el Parlamento. Son intervenciones elaboradas por los escribas del poder ejecutivo que deben preservar en sus mensajes el carácter simbólico de la Corona. Por lo tanto, el rey en una monarquía parlamentaria cuando habla lo hace emitiendo la opinión del Gobierno y sus intervenciones públicas deben ser entendidas como tales.No ocurre así en España. Pese a lo que afirma nuestra Constitución, el régimen de Juan Carlos de Borbón, el juancarlismo, no es propiamente un régimen parlamentario. Es, en la práctica, una monarquía de partidos. En una monarquía de partidos la figura del rey trasciende el papel representativo que le asigna el régimen parlamentario y toma partido (nunca mejor dicho) en la lucha de poder, siempre, a favor de sus intereses. Más aún en nuestro sistema, donde el juancarlismo es fundamento y origen del pacto de consenso que funciona como auténtica norma fundamental de nuestro régimen.

Los discursos de Juan Carlos de Borbón hay que entenderlos e interpretarlos, por lo tanto, teniendo en cuenta las anteriores premisas: son opiniones políticas de una de las partes que suscribieron los pactos del consenso emitidas a favor de sus intereses. El discurso de la Navidad de 2013 de Juan Carlos de Borbón no ha sido, en este aspecto, ninguna excepción: defensa a ultranza de su obra política (el régimen del 78); posicionamiento personal junto a la casta política para liderar una tan futura como improbable regeneración de un sistema que ya no se sostiene; comportamiento similar a cualquier otro político del régimen al manifestar con solemnidad que “asumo las exigencias de ejemplaridad que reclama la sociedad” (y lo dice una persona que es irresponsable judicialmente), y quizá, lo que es más importante desde el punto de vista de la monarquía, una declaración expresa de su decisión de mantenerse en el trono descartando, de este modo, cualquier próxima abdicación.

El discurso de Nochebuena de Juan Carlos I representa, por tanto, una nueva etapa dentro de la bunkerización de su régimen. Un posicionamiento retórico y a la desesperada que repite sus recetas de siempre: más consenso, más “cesiones” para los nacionalistas, más monarquía y ninguna libertad política.

Ana Camacho

Ana Camacho

Ana Camacho
Estoy en la sierra y sin wifi y con internet telefónico solo para correo. Pero si te sirve de algo me pareció llamativo tanta insistencia en su solidaridad con las victimas del terrorismo, la excelencia política y su insistencia en seguir sacando provecho de la supuesta transición.

Venancio Díaz Castán
Lamento comunicarte que no lo he visto ni oído. El masoquismo, al menos el político, no entra en mis aficiones y prácticas personales. En general, todos los mensajes de Navidad me parecen una continuación de otros que se iniciaban en la radio con toque de corneta en la infancia y luego se emitían en una granulosa televisión en blanco y negro en la adolescencia. Han cambiado los aparatos y los colores, pero el mensaje de felicidad es igualmente falso, pues guarda exclusivamente advertencias subliminales para quienes quieran desbancarles del poder que de forma ilegítima han conseguido.

Diego Camacho
El discurso real tenía esta Navidad un interés especial por los graves problemas que acosan a España. Al escucharlo prevalecía más la curiosidad y el escepticismo que otra cosa. ¿Qué podría trasmitir el Rey, tan carente de credibilidad, para ser tenido en cuenta? Mi percepción fue que nada; unas palabras llenas de buenos deseos no pueden borrar la falta de responsabilidad institucional de un reinado de más de 38 años.

Coronel Diego Camacho

Coronel Diego Camacho

Juan Carlos I tuvo el apoyo generalizado de los españoles, sin distinción de clase o de ideología. Su frivolidad al desarrollar la acción institucional ha sido, en mi opinión, un factor determinante en el fracaso del régimen político.

La disociación de la Corona con el interés nacional se ha materializado en tres momentos de nuestra historia reciente: 1º cuando fracasado el intento de golpe de Estado de 1981, del que era el principal responsable, sacrificó a las Fuerzas Armadas para salvarse él ante la opinión pública; 2º la presión ejercida sobre el Estado de Derecho, con tal de evitar que su hija fuera imputada por variados delitos y 3º el sometimiento de su acción internacional a las directrices estratégicas de nuestros principales aliados, que a la vez le permitían unos beneficios materiales evidentes.

En el discurso habla varias veces de la ejemplaridad como si fuera asunto que afectara a otros. No estaría mal, que para intentar recuperar la credibilidad, mostrara los ingresos totales de la Corona así como dónde están depositados y devolviera al tesoro el dinero afanado ilegalmente por los duques de Palma. Todo ello con carácter de urgencia.

David Bollero
Muchísimas gracias por contar conmigo. Siento la demora en mi respuesta, pero aún en medio del asentamiento definitivo tras las mudanza desde Londres, salimos a pasar la Nochebuena y la Navidad a la montaña palentina y estuve prácticamente incomunicado.

Manuel Funes Robertfunes-robert
Lo que destaca del discurso del rey de ayer noche no es lo que dijo sino lo que se dejó en el tintero. En un año particularmente difícil, en el que se ha cuestionado hasta la figura regia, por asuntos oscuros, asuntos familiares, y por el desafío de Artur Mas, por otro lado, se ha echado de menos una concreción mayor, con un posicionamiento claro en este tema determinado y una condena, aunque fuera genérica sobre los asuntos de corrupción.

El rey debe ser consciente de su responsabilidad histórica y del momento también histórico que vivimos actualmente. No le hará falta al monarca recordar que su decisión de estar al lado de la Constitución, impulsó su figura durante décadas incluso para aquellos que enfrentados a la corona como institución, supieron valorar el apoyo que Juan Carlos prestó en aquellos momentos.

Tampoco debió olvidar aquella noche de hace 32 años, la decisión de separarse del orden constitucional que le costó a su abuelo la corona y que instauró la II Republica. Deberá Juan Carlos pues, hilar fino pero transmitir un mensaje diáfano y firme.

Solo entonces, es decir, comunicando y entregando su mensaje claro en estos dos temas, recuperará la iniciativa que parece ser que le falta. Conocí a Su Majestad y tuve audiencias con él en varias ocasiones, una de ellas cuando era príncipe. Me llamó la atención su determinación y su fe en el proyecto que se ponía en marcha en 1975.

Esperamos ese gesto, que debería ir seguido de otro: la abdicación en su hijo Felipe, dejándole despejado el camino y garantizándole de esta forma varias décadas más de monarquía, en un país como el nuestro en el que actualmente todo es cuestionable y muchas instituciones aparentemente prescindibles, comenzando por la propia corona.


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826