España, 29-09-2016

EE.UU. todavía decide el futuro del capitalismo, no el G-20 o los BRICS

Capitalismo Internacional
Leo Panitch (8/9/2014)
El nuevo banco de desarrollo puesto en marcha por los principales países emergentes, le ha robado los focos al G20. Pero no supone un verdadero desafío a la dominación estadounidense de los mercados globales.

La atención internacional se ha desviado de las reuniones del G-20 de este año en Australia por la declaración de los líderes de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, en su reunión en Fortaleza, Brasil, este mes de julio, para lanzar un nuevo “Banco Brics” [1].

El G-20, que fue creado por el Tesoro de Estados Unidos a raíz de la crisis financiera asiática de fines de la década de 1990, fue diseñado para que los principales estados de los “mercado emergente” asumiesen su responsabilidad junto con el G-7 en la “nueva arquitectura financiera internacional”. Se creía que ello reforzaría la legitimidad del papel central de los EE.UU. como superintendente de un capitalismo global muy ampliado, pero cada vez más volátil.

Ello implicaba especialmente lo que el Tesoro de Estados Unidos llama la “contención del fracaso” de las crisis financieras recurrentes. Con esta preocupación prioritaria en mente, los jefes de Estado del G-20 fueron convocados a Washington DC en noviembre de 2008 para evitar que la primera crisis del capitalismo global del siglo XXI se convirtiese en una repetición del colapso del capitalismo internacional de 1930. En este sentido, el “compromiso con una economía global abierta” del comunicado final de la Cumbre de Washington de 2008 fue especialmente significativo [2]:

“Subrayamos la importancia vital de rechazar el proteccionismo y no encerrarse … nos abstendremos de erigir nuevas barreras a la inversión o al comercio de bienes y servicios”.

Este compromiso se ha visto reforzado en todas las reuniones anuales del G-20 desde entonces, incluyendo las preparatorias para Brisbane del pasado mes de noviembre. Cuando los ministros de finanzas y los gobernadores de los bancos centrales prometieron en su reunión de febrero de 2014 en Sydney “eliminar las restricciones a la inversión privada”, estaban cumpliendo con la condición central de Estados Unidos para sostener el capitalismo global [3].

Esto no quiere decir que los EE.UU. hayan cedido mucho control operativo al G-20, como nunca lo hicieron en el caso del G-7. Las decisiones políticas clave se toman en Washington DC, donde el FMI y el Banco Mundial tienen su sede pero, aún más decisivo, donde se encuentran el Tesoro y la Reserva Federal. El estímulo fiscal coordinado del G-20 en 2009 fue significativo, sobre todo porque facilitó que el Congreso de Estados Unidos aceptase el plan inicial del Tesoro de gastos deficitarios masivos para evitar la espiral hacia otra gran depresión.

Cuando el Congreso en 2010 se puso en contra, el eje central de la política paso a ser la política monetaria de “flexibilización cuantitativa” de la Reserva Federal [4], y así ha sido desde entonces. Su impacto se hizo sentir tanto a nivel internacional como a nivel nacional, ya que la Fed actuó efectivamente como el banco central del mundo mediante la fijación de los tipos de interés de referencia y su transferencia de dólares tanto a los bancos extranjeros como a los de Estados Unidos.

Había expectativas generalizadas –dado que la gran crisis financiera había tenido su origen en los EE.UU., por no hablar de la política posterior poco ortodoxa de “dinero fácil”– de que los “privilegios exorbitantes” del dólar en las redes financieras que conectan los Brics con la producción y el comercio mundial se vieran amenazados. Brasil, Rusia, India y China no fueron tan ingenuos como para imaginar que el G-20 sería el lugar para supervisar la desaparición del dólar, y celebraron por primera vez su propia cumbre en Ekaterimburgo en 2008.

Junto con Sudáfrica en 2010, pronto comenzaron incubar planes para su propio banco internacional, autónomo de los EE.UU. y las instituciones financieras con sede en Washington. Estos planes se vieron reforzados cuando el Congreso de Estados Unidos se negó a respaldar un aumento de la cuota de voto de los Brics en el FMI y el Banco Mundial, como se había acordado en las reuniones del G-20.

Para Joseph Stiglitz, premio Nobel y antiguo economista jefe del Banco Mundial, el anuncio del nuevo banco Brics en Fortaleza supone un claro desafío al orden mundial liderado por Estados Unidos [5], lo que refleja “un cambio fundamental en la economía mundial y el poder político”. Fidel Castro lo asocio con la resistencia de su propio país contra “el imperio más poderoso que jamás haya existido” [6], y expresó su confianza en que el impulso por parte de los dirigentes de los Brics de la “cooperación y solidaridad con los pueblos… en el logro del desarrollo sostenible, y la erradicación de la pobreza”, culminaría siendo “una de las mayores hazañas de la historia de la humanidad”.

Sin embargo, la principal razón de la permanencia del papel central del dólar tiene muy poco que ver con la estructura institucional del FMI, o el mayor tamaño de su capitalización en relación con lo que el banco Brics pueda reunir. Se refleja principalmente en la ausencia -incluso en Shanghai, donde tendrá su sede el nuevo banco- de algo parecido a la amplitud y el alcance de los mercados financieros concentrados en Wall Street y su satélite la City de Londres. Y es la forma en la que estos mercados están, a su vez, tan profundamente entrelazados con el Tesoro y la Reserva Federal de Estados Unidos, lo que explica el papel dominante de esta última en la gestión económica global.

Es más, el margen de maniobra que el FMI permitirá al banco Brics es claramente limitado. En efecto, para obtener el beneficio completo de los préstamos bajo “acuerdo de reserva contingente” del banco Brics [7] los países deberán tener un “acuerdo de programa de préstamo” con el FMI. De hecho, esto se parece mucho a la “Iniciativa Chiang Mai” del año 2000 para los swaps de monedas entre China, Japón, Corea del Sur y los países de la ASEAN después de la crisis financiera 1998-1998, que fue poco utilizada y resultó en gran medida simbólica.

La acritud con la que el Banco Mundial ha dado la bienvenida al banco Brics también tiene que ver con el hecho de que sus objetivos como un banco de desarrollo no son muy diferentes a las estrategias económicas orientadas a la exportación, en especial de materias primas, que hasta ahora rigen la participación de los mercados emergentes en la globalización capitalista. Siguiendo el ejemplo del banco de desarrollo BNDES de Brasil [8], promoverá las corporaciones multinacionales de los Brics, lo que tiene muy poco que ver con los principios socialistas de cooperación del ya extinto Banco Latinoamericano del Sur que los gobiernos revolucionarios en Venezuela y Bolivia inicialmente habían pensado [9].

Las organizaciones de la sociedad civil y los sindicatos independientes, reunidos también en Fortaleza en una conferencia de “Brics desde abajo”, destacaron hasta que punto las clases dominantes y los gobiernos de cada uno de los estados miembros Brics se han comprometido a mantener las políticas neoliberales, a menudo administradas brutalmente, en sus propios países.

En este sentido confluían con la reciente declaración sindical L20 con ocasión de la reunión del G-20 de Australia [10], que al criticar las “políticas de austeridad y las reformas estructurales que reducen los salarios y la protección social de los trabajadores” no creen que los Brics sean un modelo para una alternativa. De hecho, la declaración de los “Brics desde abajo” señala que “si la distribución del ingreso en las economías emergentes de Asia no hubiera empeorado en los últimos 20 años, el rápido crecimiento de la región habría podido sacar de la pobreza a 240 millones de personas más”.

A pesar de toda la fanfarria que ha acompañado el anuncio del Banco Brics en la cumbre de Fortaleza, servirá de muy poco para cambiar el equilibrio y, aún más importante, la sustancia del poder financiero global. Merece la pena recordar una vieja lección, que también se aplica al “Plan de Acción de Brisbane” de este otoño: el verdadero cambio empieza por uno mismo.

Leo Panitch

Leo Panitch

Notas:
[1] http://www.theguardian.com/business
[2] http://www.nytimes.com/2008/11/16/w
[3] http://www.bloomberg.com/news/2014-
[4] http://www.theguardian.com/business
[5] http://www.washingtontimes.com/news
[6] http://www.counterpunch.org/2014/07
[7] http://www.dw.de/brics-launch-new-b
[8] http://www.bndes.gov.br/SiteBNDES/b
[9] http://www.theguardian.com/global-d
[10] http://www.ituc-csi.org/l20-trade-u

 N. de la R.
Leo Panitch
es editor del Socialist Register, famoso y ya clásico anuario de la izquierda anglosajona, y profesor investigador de Ciencias Políticas en la Universidad de York, en Canadá y coautor con Sam Gindin de The Making of Global Capitalism: The Political Economy of American Empire (Verso, Londres, 2012).
La traducción para sinpermiso.info es de Enrique García.
Este artículo se edita con la autorización de SinPermiso.


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826