España, 28-09-2016

Secuestros

José Manuel López, Ángel Sastre y Antonio Pampliega. Foto EFE.

José Manuel López, Ángel Sastre y Antonio Pampliega. Foto EFE.

España
Javier Perote
(30/7/2015)
La prudencia y la discreción son la mejor garantía de éxito, recomendaba el Ministro García-Margallo refiriéndose a la actitud que habría que adoptar ante el  secuestro en Siria de tres periodistas españoles, José Manuel López, Ángel Sastre y Antonio Pampliega. Por su parte, un comunicado de los familiares de los secuestrados pedía respeto y discreción en estos momentos tan complicados. Prudencia  y discreción son garantía de éxito para casi todo; hasta para morirse.

Pero la advertencia del ministro tuvo poco éxito. Enseguida hubo algún infalible que, desde su cátedra verbal, se lanzó al ruedo saltándose la barrera del respeto que pedían los familiares, y con poca conciencia del dolor que pudiera estar causando. Faltó caridad, para con los familiares afectados, en la forma en que se abordó el tema del pago del secuestro, pese a ello, la intervención contó con un claro apoyo corporativista. . Es injusto y cruel y además innecesario en estos momentos añadir juicios de valor tan peyorativos que parezcan insultos.

Hay que tener ganas de soltarlos y alguna razón oculta. Suena a revanchismo o a celos profesionales. Recordé a Miguel Gil Moreno: ¡lo que pudo ver el mundo gracias a su sacrificio!. Sí, llevaba una red… para no tener que dormir en el suelo en la selva.

El Ministro se quedó corto y además de prudencia debió pedir sentido común. Carece de sentido enzarzarse en una discusión y pretender llegar a una valoración equilibrada sobre pagar o no rescate  cuando está en juego la vida de los tres periodistas. Esa discusión se debe  abordar en situación  de normalidad  pero no ahora. Cuando se suscita este tema, el argumento de más peso suele ser que el dinero que se paga a los terroristas sirve para financiar más terrorismo. Esto  nadie lo duda y nos concierne a todos; consecuentemente parece que  lo que habría  que hacer es no pagar. Pero la cosa no es fácil: es posible que el pago sirva para financiar más terrorismo, pero es más cierto que en un primer momento sirve para salvar una vida, y además no se puede asegurar que por no pagar fuera  a desaparecer el terrorismo; los terroristas tienen otras fuentes de financiación. Lo que sí es seguro que desaparecería sería la vida del rehén si no se paga.

En realidad se  viene pagando rescate desde la más remota antigüedad. En las guerras, el destino de los prisioneros era  trágico, en el mejor de los casos les esperaba la esclavitud, así que, como un gran avance en la moral de las sociedades se empezó a desarrollar un sentimiento de compasión por la suerte de los cautivos. Padres de la Iglesia como San Agustín y otros ya se ocuparon de este asunto.

La gente sencilla no tenía medios para cubrir los pagos  por lo que era necesario la acción de los poderes públicos. Con el tiempo aparecen las órdenes religiosas y la práctica de la redención se humaniza. Es decir: la idea del pago del rescate y la intervención de los poderes públicos está generalizada y admitida en la mente de la colectividad desde tiempo inmemorial.

Estos días de tanta efervescencia política vemos como van saliendo adelante decisiones, a veces difíciles de entender o costosas de aceptar, pero que tienen el aval de haber sido tomadas democráticamente, por lo que nadie las cuestiona. Quizás ha llegado la hora de someter a referendo esta cuestión del pago del rescate.

N. de la R.
El autor es Coronel del Ejército de Tierra.


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826