España, 01-10-2016

El relato del Sucedido de antes de ayer

DentaduraSin Acritud…
Marc Celino Breadnwine (17/9/2015)
Las Rozas de Madrid, zona de Yucatán. 26 grados, ligera llovizna. Estado de la mar: Marejadilla. Viento de componente sur-sureste a eso de las hace un rato.

Señor de los de toda la vida, de edad aproximada entre los 70 a 75 años, andando hacia mi en trayectoria de colisión que evitarán nuestras pulcras educaciones y el uso de gafas graduadas por parte de ambos. Buen porte que denota esa educación de la que hablaba y hombros que delatan pasado deportista.

Como buena persona que intento ser con un éxito más bien escaso, deambulo por la vía pública por mi izquierda, dejando la parte interior de la calzada al Señor en cuestión.

Apenas tres metros antes de producirse el cruce de nuestras vidas, el caballero echa ligeramente atrás la cabeza, tal como “Hulk Hogan” solía hacer antes de administrar el somnífero de final de programa de certero cabezazo en la tocha del rival de turno.

Inmediatamente llegado al límite del ángulo (40 grados diría yo sin portángulos con que cerciorarme ni posibilidad alguna de darle uso en esa situación), el caballero estornuda.

Calculo mediante el recuerdo y la wiki que estamos hablando de una salida del aire de entre 50 a 70 Km/hora en fracción de segundo de las pequeñas, sin duda suficientes para lanzar su prótesis dental superior casi rectilíneamente en dirección calzada.

Semejante explosión de presión, digo yo que los 50 gramos de masa que tiene la piñata superior, sale con unos buenos 8 ó 9 newtons de fuerzaen trayectoria balística rectilínea que al final, bien por la Ley de la Gravedad, bien por su propio peso, estaba destinada a acabar en el asfalto. En el duro y sucio asfalto.

Hete aquí que Paulov me posesiona sin negociación posible, y me manda un reflejo condicionado que me hace protagonizar un bonito escorzo a mi izquierda, con extensión de brazo, antebrazo y resto de cachos que tengo en esa extremidad, incluida una placa de titanio, 7 clavos y dos tornillos bajo una cicatriz que el propio Doctor Frankenstein firmaría orgulloso sin duda alguna.

El escorzo culmina con la apertura de la mano en plan 5 lobitos y como si de la Liga Pro de Baseball Americana, atrapo al vuelo a una altura de entre medio metro a 75 cm del suelo dicha prótesis cuya temperatura aproximada es de  unos 37 grados celsius (doy fe) y orbitada y rebozada por detritus (doy asco) en los que no abundaré, pues de todos son conocidos los Diegocigalas que te salen de tres de los orificios cuando se estornuda.

Una vez recogida he dudado si sacar con la mano y abrir el juego por las bandas con la dentadura controlada en plan Del Bosque, o simplemente sacar con el pie a rifarla entre los delanteros en plan Clemente. Como está de moda la tercera vía, a la postre se la he dado al caballero, que me ha agradecido infinito el gesto y me he vuelto a casa con la mano tal como os imagináis. Colgando a mi siniestra como si fuese recién salida de mi cuerpo.

Una vez convenientemente aseada, creo que ya no la miraré jamás de la misma forma.

* Nota del Autor del paradón: se han dado casos de la intervención de un cuarto, y el lector sabe exactamente que me refiero a sólido y/o gaseoso, o sea que no os pongáis estupendos)


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826