España, 25-09-2016

Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros

Duelo a garrotazos, pintura de Goya.

Duelo a garrotazos, pintura de Goya.

Mi Columna
Eugenio Pordomingo (29/2/2016)
En el transcurso de una conversación con Aniceto Setién, compañero de fatigas en la Tertulia Espacios Europeos, hablando del carácter de los españoles y las dificultades que entraña gobernar, él mencionó la frase que pronunció Don Estanislao Figueras y Moragas, Presidente del primer gobierno de la Primera República española: “Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros”. Hoy la tomo como percha de lo que relato a continuación.

 La frase, como digo, la soltó Figueras como preludió de su “esperpéntica espantada de Gobernar  España” –a decir de algún historiador-, tarea ésta, la de gobernar, nada fácil.

Transcurría el mes de febrero de 1873, cuando Amadeo I de Saboya renunciaba al trono español, que en medio de una tremenda inestabilidad social y política, supuso la proclamación de la Primera República y, con ella, el nombramiento de Figueras como su primer presidente. La tarea de éste iba a ser harto difícil: crisis económica, intrigas políticas, en su partido y fuera; y como siempre, los problemas territoriales.

Ante la imposibilidad o incapacidad –no me corresponde juzgarlo a mi-, la decisión de Don Estanislao, inédita hasta entonces, fue “Tomar las de Villadiego”, que en este caso no era otra cosa más que atravesar la frontera para “fugarse” a Francia.

Las crónicas de la época relatan así el hecho: durante el Consejo de Ministros celebrado el 9 de junio de 1873, tras discusión y discusión, tratando de resolver la crisis institucional del momento, y sin poder llegar a acuerdo alguno, la paciencia del Presidente de la Primera República se agotó, y en un meditado hartazgo dijo: «Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros», abandonando acto seguido la reunión.

Al día siguiente –cuentan los historiadores y los medios de comunicación de la época-, al ver que el Presidente no se presentaba en la sede presidencial, los ministros Castelar y Pi y Margall, ordenaron que se fuera en su busca. Cuando llegaron los funcionarios ministeriales a la casa de Don Estanislao, los criados dijeron que la noche anterior el Presidente había hecho las maletas precipitadamente y había “salido con la intención de tomar un tren con destino a Francia”. Efectivamente, harto “hasta los cojones”  Don Estanislao Figueras y Moragas se había marchado a Francia.

Lo que aconteció después lo pueden ver en cualquier libro de Historia, si es que no lo conocen.

¿A cuento de qué viene todo esto? Pues verán. Resulta, que uno –yo, en este caso- también empiezo a estar hasta las criadillas de todo esto, me refiero a lo que sucede a mi alrededor y que protagonizan, en estos acontecidos, los españoles.

De menor a mayor. Hace unos días asistí al Pleno del Ayuntamiento donde vivo, resido y moro, Galapagar, y al entrar –el Pleno mensual había comenzado-, una funcionaria o contratada laboral, sentada ante un artilugio que no supe adivinar qué era, me presenta una hoja para que ponga mi nombre y apellidos, DNI, y mi firma. Cojo el bolígrafo que amablemente me cede. Respiro, miro alrededor –a mi derecha un policía local sentado-, y la nada. Estoy solo. Displicente pongo los datos que la autoridad me exige, y firmo. Pero la cosa no termina ahí. ¡Por favor, su DNI! –me dice la funcionaria o contratada laboral-, y un frío recorre mi organismo. Lentamente meto mi mano en el bolsillo donde llevo tal documento, y dudo en cumplir la exigencia…

Transcurren unos segundos –pienso que será, simplemente, para comprobar la veracidad de lo escrito-, y al fin logro articular palabra: ¿Para qué? -pregunto,

La respuesta destrozó todos mis esquemas mentales. Me anuló como homo sapiens: ¿Es para escanearlo”, me dijo.

¿Escane… qué? –pregunté.

Mi pregunta, la respuesta, mi llamada telefónica a la Guardia Civil, no tienen ninguna importancia. Va en el oficio, en el sueldo, y forma parte del debate entre poder –en este caso local- y el sometimiento ciudadano a base de legislación de poca monta y antidemocrática, para amedrantar al ciudadano. Esas ordenanzas pueden ser legales, pero en ningún caso son legítimas, que no es lo mismo.

Lo malo, lo peor, no fue eso; sino que todos los que asistimos a ese Pleno Municipal, pasamos por las horcas caudinas.

Esto pudo ser lo menor. ¿Lo mayor? Por ejemplo, ver como la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se sitúa al lado del Poder, y exhibe públicamente las nóminas de los trabajadores del Metro de la Ciudad Condal que estaban en huelga, y les exige la vuelta al trabajo. Otro acto mayor: las mentiras de Pedro Sánchez, insistiendo que su partido eliminará la Reforma Laboral de Rajoy, cuando ha pactado con Albert Rivera, su mantenimiento ¡Vergonzoso!

Y el colmo de los colmos, que aún andan sueltos, Miguel Blesa, Rodrigo de Rato y Figaredo, Ignacio González, Rita Barberá, y un larguísimo etcétera.


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826