España, 04-12-2016

Sucesos extraños; reflexiones de un mal pensado (II)

Sandra Mozarowski

Sandra Mozarowski

Mi Columna
Eugenio Pordomingo (28/7/2016)
Me imagino que habrán leído la primera parte de esta columna, que se publico hace días. Pero si no ha sido así, aquí la tienen para que sepan de qué va el asunto: Sucesos extraños; reflexiones de un mal pensado (I).

En esa columna escarbaba yo sobre algunos óbitos nada claros. La muerte, ya lo dijo un  filósofo, es una incógnita, pero más cuándo se desconoce su causa, digo yo. Vamos, que hay fallecimientos que inducen a la sospecha.

Por entonces comenté el caso de  la muerte de Jo Cox, parlamentaria laborista, cuya vida fue segada por un mal nacido escasas jornadas antes de que los británicos votasen en el referéndum que les apartará de la UE, quieran o no quieran. Seguí con el extraño deceso del fiscal jefe de Lugo, Juan José Begué, que llevaba sobre sus espaldas casos de corrupción político-empresarial. No dejé en el saco del olvido, las cinco muertes –que se sepa- relacionadas con el ´caso Gürtel´, y algunos asuntillos más.

Me remonté al final de la dictadura y el inicio de la Transición. Y, lógico, me topé con el famoso, extraño, macabro e impune, asunto del ´Aceite de Redondela´. Recordemos que el tribunal que juzgó a los presuntos culpables lo presidió don Mariano Rajoy Sobredo, padre del presidente en funciones, Mariano Rajoy Brey. Pero, como ya dije, un oportuno incendio, algunas obras de reparación, hizo desaparecer los casi 5.000 folios del sumario.

Aquella primera parte de “Sucesos extraños”, la finalicé con “Seguiremos”. Bueno, pues aquí estamos.

La revista Campo, del sector agro-pecuario, editada en Sevilla, siendo el director en aquellos días, Joaquín Carlos López Lozano, publicó lo siguiente sobre ese feo asunto: “Otro affaire aceitero: Redondela  ¿Cuándo habrá una luz clara? Se ha producido la desaparición de 4.052 toneladas métricas de aceite de oliva de los depósitos de REACE en la estación de Guixar (Redondela). La cantidad total del fraude asciende a 200 millones de pesetas, ante lo cual se reclama actúe la justicia por medio de un juez especial, y no se proceda al “top secret”, como ha sucedido con anterioridad en un caso de adulteración de aceites en Barcelona (….) es hora que esa tradición fraudulenta con el aceite en nuestros días tenga serio escarmiento para ejemplo de todos (…). El Delegado de Prensa del Ministerio abre expediente inmediatamente al Director de la revista Campo por el contenido de los trabajos”.

La vista –hasta donde llegó- descubrió doble contabilidad, trasvase de aceite de depósitos estatales a privados, los precintos de almacenamiento eran puramente simbólicos, algunos funcionarios encargados de la inspección y medición cobraban gratificaciones de la empresa defraudadora (REACE), etc., etc.

El presidente del Tribunal, el padre de nuestro presidente en funciones, llevó férreamente la vista, evitando sobre todo que salieran a la luz “los aspectos más comprometidos de este grave asunto” –según  una revista de la época-, pues había asesinatos, y sobre todo, que la participación de Nicolás, hermano del general Franco, estaba más que clara. Como se comentó en la prensa del momento –aunque cueste creerlo-, “un paripé político”.

No hagan elucubraciones sobre la sentencia -en el caso que la desconozcan-, pues sucedió como casi siempre, en todos los regímenes y en todas las épocas. Los de “cuello blanco” se suelen librar. Los asesinatos quedaron sin autor; los millones de kilos de aceite no aparecieron; nunca se supo ni se quiso saber, quién o quiénes lo compraron. T así… Más o menos como ahora.

Una muerte nunca aclarada fue la del almirante Luis Carrero Blanco, que tuvo lugar el 20 de diciembre de 1973. Carrero acababa de ser nombrado por Franco, Presidente del Gobierno. La “Operación Ogro”  fue perpetrada por un comando de ETA integrado por seis hombres.

El caso quedó archivado al comienzo de la Transición y nunca se esclarecieron del todo las circunstancias. Los autores del atentado tampoco llegaron a ser juzgados por esos hechos y tras la muerte de Franco se beneficiarían de la amnistía concedida en 1977.

El atentado contra Carrero Blanco tuvo lugar en la céntrica calle de Claudio Coello de Madrid, muy cerca de la Embajada de Estados Unidos. Tres potentes cargas antitanque (de procedencia militar) equivalentes a unos cincuenta kilos de dinamita, fueron accionadas para que hicieran explosión al paso del coche oficial de Carrero lanzándolo encima del tejado de una institución eclesiástica.

Al parecer, el atentado estaba previsto para el día 18, pero la llegada a Madrid del  secretario de Estado USA,  Henry Kissinger (padre de la Operación Gladio y otras maldades), obligó a aplazarlo. La nueva fecha era el día 20, cuando el político estadounidense se hubiera ido sin conseguir nada por las buenas.

Dicen las malas lenguas, aunque bien informadas, que Kissinger era muy dado a ciertos placeres mundanos. Uno es gastronómico, el otro ya se lo pueden imaginar. Y dicen que antes de abandonar Madrid, cumplió los dos.

Ocho años después del atentado, la Agencia de noticias rusa, Tass, publicó que el almirante Carrero Blanco había sido asesinado por ETA, pero que detrás estaba la negativa del almirante «a cumplir ciegamente con las órdenes que recibía del otro lado del Atlántico».

Eugenio Pordomingo

Eugenio Pordomingo

Años más tarde, con motivo del juicio que tuvo lugar con motivo del intento de golpe, conocido como 23-F, ocurrieron unos hechos que dan que pensar.

El comandante José Luis Cortina, adscrito al CSID, estuvo acusado en ese proceso de rebelión militar, y en el transcurso del juicio, en un interrogatorio del fiscal militar José María  Claver, empezó a temer que la acusación fuera adelante.

En el libro “La CIA en España”, de Alfredo Grimaldos, se relata la explicación del por qué el comandante Cortina terminó absuelto por falta de pruebas. El fiscal, durante la mañana, le está sometiendo a un interrogatorio, en el que Cortina no es capaz de dar respuestas plausibles. Se hace un receso para almorzar y Cortina solicita llamar por teléfono; marca un número y le dice a su interlocutor que si el fiscal sigue acosándole de ese modo, cuenta “lo de Carrero“.

Cuando se reinicia el juicio, el fiscal deja de hacerle preguntas incómodas; y no presenta cargos contra él.

Nos quedamos aquí. En la próxima entrega trataré sobre las muertes de Torcuato Fernández Miranda, Francisco Herrero Teje­dor y Alejandro Rodríguez de Valcárcel, además de la bella y jovencísima (18 años)  Sandra Mozarowski, actriz de “destape”, y amiga del rey Juan Carlos (por entonces tenía 39 años), que se quedó embarazada. Murió en 1977 al caer –se dijo- desde el balcón de su casa, en la calle Barquillo (Madrid).


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826