España, 04-12-2016

Fátima Mernissi y los 11 rasgos de su islamismo burgués

Islam

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Sin Acritud…
Nazanin Armanian (10/8/2016)
A pesar de sus pretensiones aglutinadoras y universalistas, las religiones no dejan de ser ideologías elaboradas en defensa de los intereses  de  determinados grupos étnicos, clases e incluso géneros. Y el enfoque con el que la destacada socióloga marroquí, Fátima Mernissi, trata la situación de la mujer en los textos sagrados del Islam y en algunos países musulmanes, también es un enfoque ideológico. Dado que abundan los elogios hacia la figura y el trabajo de Mernissi, no estaría mal echar una mirada crítica-constructiva (sin que pretenda ser un análisis) a algunas de sus tesis.

Lo que se destaca de sus obras:
1. Un doble y contradictorio discurso, en el que en algún momento aboga por el laicismo como el paso imprescindible para la consecución de derechos de la mujer, y en otros, agita la bandera del llamado “ feminismo ¿Islámico?”, enlazando dos conceptos incompatibles.

2. Dan la impresión de ser respuestas defensivas al desprecio que han sufrido las naciones musulmanas por los países cristiano-occidentales, durante dos grandes agresiones culturales-ideológicas hacia su identidad: el ‘orientalismo’ y el ‘Choque de Civilizaciones‘, ambas elaboradas para justificar el dominio del imperialismo sobre los territorios estratégicos y las naciones  propietarias de grandes recursos naturales en Oriente Próximo y el Norte de África. Una postura que le conduce a Mernissi a caer justamente en la trampa tendida por los agresores: dedicarse en el cuerpo y alma en defensa la religión de los atacados, en vez de luchar contra las nuevas ingenieras de explotación de una pequeña élite mundial —también la religiosa—, sobre el resto de la humanidad. Este empeño le lleva a buscar a los que considera responsables de la lamentable situación de la mujer en las sociedades musulmanas, y culpa a dos principales:

A las incorrectas y manipuladas interpretaciones de los textos sagrados realizados por hombres oscurantistas, cuando en realidad son los sistemas político-religiosos, basados en el “mercado” que convierten a la mujer (y al hombre) en mercancía y le tratan como tal. La religión (no estamos hablando de la espiritualidad personal) es una herramienta más. Para corregir este mal, ella se pone a reinterpretar dichos textos, sacándolos de su contexto histórico, local y étnico, para volver a preséntalos con un lenguaje moderno y un nuevo ropaje. Después, ignora aquellos pasajes con edictos claros que no dan lugar a dadas interpretaciones y que desmentirían sus afirmaciones.

Al este ‘Occidente’ prepotente que se ha apoderado de los conceptos, de los recursos, armas y tecnología para justificar y consolidar su dominio sobre mujeres musulmanes. La mirada de Mernissi en este punto no es otra que la “Occidentofobia”: crea confusión en varios puntos:

  • Identifica los regímenes imperialistas del Occidente con los ciudadanos de dichos países, en su mayoría trabajadores, otras víctimas de la explotación.
  • Considera “conspiraciones y artimañas” de la élite gobernante, aquellas conquistas de sus ciudadanos —las libertades personales, políticas y sindicales, los derechos de la mujer sobre su cuerpo, la protección de menores, la anulación de la pena capital o la prohibición de castigos físicos—, que en su ideología son tabús.
  • Para darse razón, equipara la tiranía de la moda y belleza sobre la mujer en Occidente con la del velo. Con ello, no sólo neutraliza la lucha de las mujeres contra una prenda que es el símbolo del estatus de subgénero de la mujer en los libros de todas las religiones abrahámicas, sino oculta que las mujeres musulmanas de Oriente Próximo son de las principales consumidoras mundiales de la cirugía estética.

La occidetofobia no es la otra cara de la islamofobia. Ésta no demoniza al Islam ni al Oriente, sino sólo a los musulmanes pobres, sino miren cómo en Obama y Merkel hacen reverencia ante los jeques saudíes y qataríes. Ambas doctrinas están al servicio de “divide y vencerás” de los mandatarios de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur.

  1. 3. No revela que el fundamento y objetivo del “feminismo islámico” es instalar un Estado teocrático. Sino ¿qué necesidad hay en “reinterpretar” las leyes (como la poliginia, los malos tratos, etc.), de los textos sagrados? Un intento que podría ser progresista en la Edad Media cuando aun no se había “descubierto” que los derechos de todos los seres humanos y en todas partes del planeta serían mejor protegidos si la religión y el Estado estuvieran separados y la fe dejara de ser utilizada para manipular a las masas.
  2. 4.  Enlaza la cuestión de la mujer y con la religión, intentando mostrar que no existe una opresión santificada, y todo ha sido fruto de un malentendido, y ella se encargará de poner las cosas en su sitio. Pero, ¿qué pasa con cientos de millones de mujeres no creyentes, seculares, ateas, zoroastrianas, budistas, judías, cristianas, izadíes, etc. que comparten el mismo territorio? El mundo islámico es un concepto inventado por la prensa occidental y por los fundamentalistas. Ella contribuye a mantener la religión como actor político-social, asignándole un papel que ni le corresponde ni es capaz de jugar en los tiempos modernos.
  3. 5. No aclara por qué las mujeres objeto de sus estudios deben tener una mirada religiosa para progresar, si ya  hubo programas seculares que dieron grandes resultados en los mismos países “musulmanes”. Ella posiblemente sabía que la primera tierra musulmana donde las mujeres consiguieron el derecho al voto fue Azerbaiyán de la Unión Soviética en 1919, seguidas por las republicas centroasiáticas socialistas entre 1927-1934, y la Turquía laica en 1930.

También debía saber que en el Irán del 1967, por ejemplo, las mujeres bajo la dirección de de las organizaciones feministas públicas y clandestinas, pero siempre laicas, consiguieron más derechos sociales, políticos y personales que las mujeres españolas en las mismas fechas. En 1968 la doctora Farrokhru Parsa (1922-1980) fue investida como ministra de Educación y Enseñanza y en 1975 se fundó el Ministerio de los Asuntos de la Mujer. Estos logros del movimiento feminista fueron el denominador común en los principales Estados de Oriente Próximo. Proceso que fue abortado a finales de aquella década con la aparición de los grupos religiosos apoyados por Francia, Gran Bretaña y EEUU en el espacio político, con el objetivo de expulsar a las fuerzas marxistas, liberales y nacionalistas, en las fronteras de la Unión Soviética.

Es cuando las agujas del relajo, milagrosamente, empiezan a girar en dirección contraria. La reciente historia de la humanidad ha demostrado que el laicismo es el paso imprescindible para el progreso social.

  1. 6. Cuando dedica libros a cómo los profetas y otros líderes religiosos trataban a sus esposas, recuerda el sermón de los  sacerdotes que enseñan a los hombres cómo tratar a sus esclavas sexuales.
  2. 7. Presentar la situación socio-económica y cultural de las mujeres del Norte de África como la de todas las mujeres de la totalidad de los 52 países musulmanes, desde Turquía e Irán hasta Indonesia y Bangladesh, pasando por Arabia Saudí y Tayikistán. Estamos de nuevo ante el ‘saco’ cosido por el ‘choque de civilizaciones’ que simplifica realidades extremadamente diversas, singulares y complejas ¡Como si existiera el mundo cristiano!
  3. 8. Términos como la ‘feminización de la pobreza’ (en Bangladesh o Pakistán, por ejemplo)  o ‘mujeres víctimas de las guerras’ de la área musulmana tiene poca o nula cabida en las denuncias de Mirnissi.

    Nazanin Armanian

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  4. 9. Tampoco trata el  totalitarismo de los sistemas político-sociales religiosos, que regularizan hasta el espacio más íntimo personal y privado de la vida de las personas, aunque éstas no sean creyentes. ¿Cómo se puede pedir luego que ellas luchen dentro de los estrechos márgenes que tiene ‘el rebaño’ dirigido por unos ‘pastores’ —además, siempre varones—, cuyos poderes emanan directamente del ‘más allá’?
  5. 10. Su empeño en rescatar a las figuras femeninas destacadas de los siglos pasados ocultadas por los historiadores; si bien es una gran labor, en el contexto que ella las presenta guarda la similitud con la táctica del capitalismo en crisis en destacar a los ‘emprendedores’: es posible la salvación (que será individual que no colectiva) y sólo hay que tener fuerza y un modelo a seguir. Se trata de un estéril voluntarismo pequeñoburgués condenado a la frustración, frente a la batalla organizada de los colectivos oprimidos conscientes de sus derechos.
  6. 11. Desliga la liberación de la mujer de la democratización económica-política de la sociedad, consolidando además, conceptos como ‘familia tradicional’ que son pilares de la sociedad patriarcal.

Las religiones son sistemas fantásticas de explicación simple de los fenómenos naturales y sociales, y querer presentarlas con nuevos ropajes y lenguaje moderno, apelando a “lo nuestro”  frente o contra lo foráneo, es justo lo que diferencia el tribalismo y el nacionalismo del internacionalismo de pertenecer a la ‘familia humana’ y considerar sus conquistas y sus derrotas, sus vergüenzas y sus valores supremos, como parte de la una única civilización  indivisible.

¿Saben por qué fracasan los ‘Feminismos’ religiosos?

N. de la R.
Este articulo, que también pueden ver en Público, se publica con la autorización de su autora, Nazanin Armanian.

 


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826