España, 09-12-2016

Recursos naturales e intifada: petróleo, fosfatos y resistencia al colonialismo en el Sáhara Occidental (I)

sahara-mapaSáhara Occidental
Joanna Allan (22/9/2016)
El 28 de octubre de 2013, la compañía usamericana Kosmos, la escocesa Cairn Energy y la Oficina Nacional de Hidrocarburos y Minas de  Marruecos(ONHYM) anunciaron sus planes conjuntos para perforar en busca de petróleo en “uno de los últimos sistemas petrolíferos no explotados del Margen Atlántico” (Maxted 2013). Simon Thomson, director ejecutivo de Cairn Energy, comentó que la participación de su empresa en el acuerdo de arrendamiento se apoyaría en su “actual presencia estratégica en Marruecos” (Thomson 2013). Su error fundamental es que el bloque a explorar –Cabo Bojador Offshore– no está en absoluto en Marruecos sino en las costas del Sáhara Occidental, la última colonia en África.

Rico en recursos y de escasa población, el Sáhara Occidental, víctima desde 1975 de una ocupación marroquí brutal e ilegal, tiene una historia conformada en gran medida por sus inmensos recursos. De hecho, los recursos naturales han estado siempre en el centro del conflicto del Sáhara Occidental, y eran una demanda clave de los manifestantes antiespañoles a principios de la década de 1970.

España explotaba las ricas reservas de fosfatos del Sáhara Occidental y Marruecos continúa sacándole provecho a la riqueza natural del país. Este último hecho constituye una ilegalidad, ya que no se le reconoce a Marruecos internacionalmente la titularidad de la soberanía sobre el Sáhara Occidental y, efectivamente, una potencia ocupante no puede explotar legalmente los recursos naturales del país ocupado sin el consentimiento de la población indígena de este país.

Sostengo en este documento que ha sido sólo recientemente que la soberanía sobre estos recursos ha comenzado a ser parte importante de las exigencias de los activistas saharauis que resisten ante la ocupación marroquí. Como indico más abajo, los territorios ocupados tienen una larga historia de resistencia generalmente no violenta, pero el núcleo de esta resistencia, desde la invasión marroquí, giraba tradicionalmente en torno a los derechos humanos y la independencia. ¿Qué ha llevado, entonces, al reciente giro hacia los recursos naturales en las demandas de los manifestantes y cuáles son las implicaciones más amplias de este giro?

Este artículo se basa en veinte entrevistas individuales (grabadas), varias conversaciones y comunicaciones personales y dos grupos de discusión (uno de siete participantes, en Agadir, el 22 de abril de 2014, el otro con seis, en Marrakech, el 23 de abril de 2014) con saharauis, llevados a cabo en la zona ocupada de El Aaiún (Sáhara Occidental), en agosto de 2014, Rabat, Marrakech y Agadir (Marruecos), en abril y mayo de 2014 en Zaragoza (España), en noviembre de 2014, y en los  campamentos de refugiados saharauis que constituyen el Estado saharaui en el exilio, en diciembre de 2015, así como una entrevista por teléfono con un activista de la solidaridad (miembro fundador y expresidente del grupo solidario Western Sahara Resource Watch (WSRW), con sede en Europa) y en la observación de un taller de cuatro horas sobre recursos naturales destinado a 22 activistas saharauis y organizado por la Campaña saharaui Contra el Saqueo (SCAP, por sus siglas en inglés), en el campamento de Bojador (Argelia), en diciembre de 2015. Desde junio de 2015 soy presidenta de WSRW y mi participación como voluntaria data de 2009. Así pues, este artículo es también  fruto, en cierta medida, de mis experiencias personales.

Los entrevistados fueron seleccionados en su mayor parte a partir de su participación en campañas contra la explotación de los recursos naturales. Sin embargo, los grupos de discusión en las ciudades marroquíes estaban formados por activistas nacionalistas sin vínculo, necesariamente, con las campañas relativas a los recursos naturales. Del mismo modo, cinco entrevistas (con Nguia Haouasi, Soukaina Yaya, Hassana Aalia, Fatan Abaali y Hayat Rguibi) y una conversación personal (con Ali Salem Tamek) se llevaron a cabo con el fin de conocer las opiniones y experiencias de los activistas que trabajan dentro de la resistencia saharaui más amplia en los territorios ocupados, pero no necesariamente con una preocupación principal en los recursos. Una de ellas con el Representante Adjunto del Estado saharaui en el exilio en el Reino Unido, para conocer el punto de vista oficial del Polisario.

El estudio forma parte de un proyecto más amplio de tesis doctoral sobre género y resistencia en el Sáhara Occidental y Guinea Ecuatorial, financiado por la Universidad de Leeds.

En la primera parte del artículo, trazo el surgimiento del movimiento independentista saharaui ante la dominación colonial española y cómo el tema de la explotación de los recursos naturales se enmarca dentro de la lucha nacionalista. A continuación, analizo brevemente el movimiento de resistencia no violenta saharaui en la parte ocupada del Sáhara Occidental posterior a la colonización marroquí, y por qué sus demandas pasaron a un segundo plano “subterráneo” en un primer momento, para luego volver a surgir y centrarse en los derechos humanos, las demandas socioeconómicas y la independencia. En tercer lugar, me centro en la protesta de Gdeim Izik, cuando las demandas relacionadas con los recursos naturales volvieron expresamente de nuevo a escena. A continuación, analizo con mayor profundidad por qué la explotación de recursos naturales sólo ha resurgido como una demanda entre los activistas civiles en los últimos años, antes de analizar, por último, las implicaciones de este viraje.

El periodo colonial español y el descubrimiento de los fosfatos.

El periodo colonial español y el descubrimiento de los fosfatos.

El período colonial español y el descubrimiento de yacimientos de petróleo
Hoy, la riqueza natural del Sáhara Occidental está bajo control marroquí, en el que el rey Mohammed VI y los miembros del majzén (clase de la élite monárquica y aparato del estado marroquí), en muchos casos, se benefician personalmente de su explotación. Sin embargo, la explotación económica se remonta a los tiempos de la colonia española.

La colonización del Sáhara Occidental la llevaron a cabo un puñado de imperialistas y comerciantes españoles, seguido de un grupo de pequeños empresarios. De hecho, en un principio, el proyecto colonial español fue exclusivamente comercial (Munene 2008, 91). El objetivo era crear una serie de pequeños asentamientos fortificados a lo largo de la costa del Sáhara. El primero construido fue lo que luego se convertiría en la capital colonial, Villa Cisneros, hoy Dajla, en 1884-1885 (San Martín 2010, 26) Más tarde, se erigieron otras  construcciones en Tarfaya y La Güera en 1916 y 1920, respectivamente (Zunes y Mundy 2010, 100). Los españoles pudieron beneficiarse de las ricas pesquerías del Sáhara Occidental y del comercio con las tribus saharauis y otros viajeros a lo largo de la ruta tradicional de caravanas desde el Senegal [1].

Las expediciones geológicas privadas que terminaron en 1947, como más tarde los estudios llevados a cabo por encargo del gobierno entre 1952 y 1962, encontraron depósitos de petróleo en varios lugares tanto en tierra como en alta mar. Sin embargo, debido a los bajos precios, la baja calidad y la falta de infraestructura, no hubo inversiones empresariales (San Martín 2010, 51). El descubrimiento de las mayores reservas de fosfatos del mundo (elemento integral de la producción de fertilizantes agrícolas) resultó ser potencialmente lucrativo y, por lo tanto, el proyecto colonial se expandió hacia el interior. La compañía estatal minera española EMINSA (más tarde FOSBUCRAA) creó la mina Fos Bucraa, en 1968, que incluía una cinta transportadora de 96 kilómetros de longitud (la más larga de su tipo en el mundo) para el transporte de las riquezas hasta el océano Atlántico para la exportación.

Cuarenta y seis años después, Marruecos sigue explotando esta mina, con la que domina el mercado mundial de los fosfatos en un porcentaje de 85% de la producción total. Sólo en 2014, Fos Bucraa produjo alrededor de 2,1 millones de toneladas de fosfatos, con un valor estimado de 230 millones de dólares al año (Western Sahara Resource Watch 2015).

A pesar de que ya en la década de 1960, la ONU presionaba a España a favor de la  descolonización [2], la expansión del proyecto colonial atrajo más y más colonos españoles al Sáhara Occidental, reconocido ya como una provincia española. Gran parte de la población saharaui se hizo sedentaria. Muchos hombres trabajaban en la mina de fosfatos y hombres y mujeres en la industria de la pesca, donde proporcionaban mano de obra barata para la explotación de los recursos, a la vez que otros tenían puestos de trabajo en la administración colonial. No obstante, la población seguía segregada. De hecho, como era de esperar, la riqueza del territorio estaba dividida de manera desigual a favor de los españoles. Esta insatisfacción, junto con la crisis de las formas tradicionales de organización social basadas en el parentesco, permitió el surgimiento de un nuevo sentido de identidad colectiva. Tal como se descubrió con ocasión de un estudio de población de 1973, los saharauis ya no se identificaban por su linaje tribal. En cambio, como ellos mismos afirmaban en broma, todos los saharauis pertenecían ahora a la tribu tributaria de casta baja de los Zenagas y pagaban tributo a los españoles (San Martín 2010, 55).

Mientras tanto, el fervor revolucionario se extendía por todo el continente africano, y el Sáhara Occidental no escaparía a esta tendencia. Mohamed Basiri, un intelectual saharaui nacionalista moderado y muy versado en el panarabismo y en las corrientes socialistas y anticoloniales que recorrían África en ese momento, fomentaron la difusión de este discursos político entre la población saharaui. A medida que el sentido de identidad colectiva saharaui y el tipo de nacionalismo difundido por Basiri se difundían por el Sáhara Occidental, se sembraban las semillas de un movimiento pro independencia. Sin embargo, después de una gran manifestación, con participación de 5.000 saharauis, en la plaza Zemla de El Aaiún, el 17 de junio de 1970, varios líderes del movimiento fueron encarcelados o fusilados, y Basiri fue desaparecido. Esta violenta represión de un movimiento pacífico empujó a los nacionalistas saharauis hacia la lucha armada. En relación con estos acontecimientos, mujeres saharauis afirmaron ante lideresas españolas de la Sección Femenina franquista en el Sáhara que, «…el momento histórico fue el 17 de junio de 1970. Ya no podemos confiar en vosotros…” (Mateo 1974, 8). Poco después de la matanza e inspirado por la manifestación de Zemla y el grupo de Basiri Harakat Tahrir (Movimiento de Liberación), un grupo de jóvenes estudiantes universitarios saharauis que habían estado estudiando en Marruecos formaron el Frente para la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro (Polisario), liderado por el carismático El Uali Mustafa Sayed (comúnmente conocido como El Uali).

Con ello comenzó la lucha armada. En un primer momento, El Uali y sus compañeros recorrieron clandestinamente el territorio para reclutar partidarios, mientras activistas como Fátima Ghalia Leili comenzaron a formar a las mujeres en los métodos de acción directa (Entrevista con Soukaina Yaya, activista nacida en el período español, El Aaiún, 22 de agosto 2014). El Polisario y su ala femenina, Unión Nacional de Mujeres Saharauis (UNMS), llevaron a cabo el trabajo ideológico que Basiri había comenzado.

Joanna Allan

Joanna Allan

La ideología nacionalista del  Polisario se basó en el discurso revolucionario socialista, que hacía hincapié en la importancia del papel de las masas populares para el cambio revolucionario y el principio de que los intereses colectivos siempre deberían preceder a los del individuo. El Polisario planteaba una sociedad igualitaria y comunitaria, en la que se aboliría la esclavitud y la emancipación de la mujer sería uno de los objetivos (Allan 2010, 190).

El discurso nacionalista saharaui difundió una lectura de lo social que, a raíz de lo que Laclau y Mouffe han llamado la «lógica de la equivalencia», buscaba dividir el ámbito del discurso en dos bloques ideológicos opuestos que permitían negar el uno al otro, a la vez que “decontestaban” y hacían equivalentes en su conjunto una serie de discursos, conflictos y quejas más específicos (1987). La discriminación de los trabajadores saharauis en la mina de Bucraa,  la falta de acceso a oportunidades de educación y empleo para las mujeres saharauis, las barreras a la participación política de las nuevas generaciones de saharauis, la discriminación racial sufrida por los esclavos negros y los harratin (ex esclavos) quedaban homologadas y adquirían su significado en tanto que diferentes expresiones de una sola opresión: la del enemigo colonialista, primero España, más tarde Marruecos y Mauritania (Allan 2010, 190).

Notas
[1] El primer asentamiento fortificado de Villa Cisneros se estableció para la venta de vestimenta, alimentos, armas, espejos, barras de acero, asnos y caballos a los nómadas locales, a cambio de sus camellos, pieles de gacela, oro, goma arábiga y plumas de avestruz. Sin embargo, el comercio nunca tomó cuerpo debido a los repetidos ataques saharauis contra los españoles.

[2] La primera resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas en este asunto fue la número 2229 (XXI) de diciembre de 1966, que instaba a España a conceder la autodeterminación de los pueblos de los territorios de Sidi Ifni y Sáhara español.

Fuente:
Tlaxcala.

N. de la R.
Joanna es actualmente Presidente de Western Sahara Resource Watch, una red internacional de activistas y organizaciones en más de 40 países que trabajan en solidaridad con el pueblo saharaui para poner fin al saqueo de los territorios ocupados del Sáhara Occidental. Desde octubre de 2013, que ha sido una estudiante de doctorado de la Universidad de Leeds, donde enseña la historia española. Antes de esto, Joanna trabajó en Acción Nacional de Energía ( 2012-2013 ), Consorcio del Reino Unido sobre el SIDA y el Desarrollo.
La traducción es de S. Seguí-María Piedad Ossaba.
El texto ha sido editado por Fausto Giudice.


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