España, 06-12-2016

Recursos naturales e intifada: petróleo, fosfatos y resistencia al colonialismo en el Sáhara Occidental (II)

Recursos naturales e intifada: petróleo, fosfatos y resistencia al colonialismo en el Sáhara Occidental (II) Sello  colonial.

Recursos naturales e intifada: petróleo, fosfatos y resistencia al colonialismo en el Sáhara Occidental (II)
Sello colonial.

Sáhara Occidental
Joanna Allan (24/9/2016)
Combatiente saharaui, por Christine Spengler, 1976
Bajo España, la libertad respecto del yugo colonial se expresaba, en el discurso del Polisario, como independencia para el pueblo saharaui y soberanía sobre sus recursos naturales. Archivos españoles de la época indican cómo, en 1974, este tipo de discurso se hacía hegemónico entre la población saharaui. Un informe español sobre las opiniones políticas de las mujeres saharauis, por ejemplo, mostró que las mujeres estaban casi sin excepción a favor de la independencia y de la autodeterminación, y en contra de la integración con cualquier otro país y  a favor del Polisario. Las mujeres saharauis eran conscientes de ser “un pueblo rico, pero al que los españoles le arrebataban lo que era suyo”, (Mateo 1974, 20) y la frase “somos ricos y tenemos fosfatos” (Mateo 1974, 3), se recogió repetidamente por los investigadores españoles.

Dos acontecimientos ayudan a ilustrar con más detalle cómo la soberanía sobre los recursos naturales se volvió indisociable con el sueño de la independencia en el discurso nacionalista emergente.

En octubre de 1974, una alumna saharaui de 15 años de edad, reunió a todas sus compañeras de clase para planificar una protesta durante la pausa escolar en contra de la presencia española en el territorio. Las chicas se quejaban de que los españoles no habían hecho nada por el territorio, aparte de “descubrir los fosfatos…  y de llevárselos” (Mateo 1974, 9). En la noche del 19 del mismo mes, guerrilleros del Polisario sabotearon dos estaciones de la cinta transportadora de Bucraa, infligiéndole a España pérdidas económicas “muy importantes” (Mateo, 1974). A través de las ideas nacionalistas que sembró e hizo hegemónicas, el Polisario hizo de la riqueza natural del Sáhara Occidental una demanda clave de la resistencia saharaui contra los españoles.

Más adelante veremos cómo esta demanda resurgirá entre la resistencia civil no violenta durante la ocupación marroquí.

Hacia fines de 1974, bajo una creciente presión de la ONU en el exterior y del movimiento saharaui en el interior, España anunció su decisión de celebrar un referéndum de autodeterminación para el pueblo saharaui, y llevó a cabo un censo con este propósito. Sin embargo, Marruecos y Mauritania tenían otros objetivos, y reivindicaban la propiedad del Sáhara Occidental. Los dos países llevaron su reclamación a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en 1975, con el apoyo de todos los estados árabes, solicitando un dictamen que ayudara a consolidar legalmente su prevista ocupación del territorio. Sin embargo, la CIJ no emitió la opinión que Marruecos esperaba. La evidencia histórica “no establece ningún vínculo de soberanía territorial entre el territorio del Sáhara Occidental y el Reino de Marruecos y la entidad mauritana”. En cambio, mostraba que, en la época precolonial, el sultán de Marruecos no tenía control sobre el Sáhara Occidental, del mismo modo que tampoco reclamaba el control del territorio (Corte Internacional de Justicia, 1975).

Por lo tanto, la CIJ instó a la aplicación de la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General que instaba a la descolonización del Sáhara Occidental y, en particular, a la aplicación del principio de libre determinación mediante la expresión libre y auténtica de la voluntad de las poblaciones del territorio (Corte Internacional de Justicia de 1975).

Al día siguiente del aviso de la CIJ, el rey Hassan II anunció en la televisión marroquí que la Corte había fallado en su favor y que, por lo tanto llevaría una “pacífica” marcha verde de más de 300.000 civiles marroquíes al Sáhara Occidental. España, poco dispuesta a enfrentar una guerra impopular y costosa con Marruecos y Mauritania, y acobardada por la presión de USA, concedió a través de un acuerdo tripartito firmado el 14 de noviembre 1975 a dividir el Sáhara Occidental entre sus dos vecinos africanos. A cambio de este entreguismo, España recibiría el 35% de cualquier futura explotación de minerales, así como ciertos derechos sobre la pesca (Zunes y Mundy 2010, capítulo 1).

El Ulali

El Ulali

En noviembre de 1975, 350.000 civiles marroquíes marcharon a pie hacia las ciudades del Sáhara Occidental. Entretanto, el ejército marroquí entró en el territorio con tanques y aviones, y bombardearon con napalm y fósforo blanco a  grupos de saharauis que huían (más o menos la mitad de la población permaneció en la región del Sáhara Occidental, que sería ocupada) (San Martín 2010, 2). Estos civiles se dirigían a pie a Argelia, que les había ofrecido asilo en su Hamada: la parte más seca e inhóspita de su desierto, donde los refugiados saharauis permanecen hasta nuestros días. Fue aquí que el Polisario estableció su estado en el exilio, la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) proclamada originalmente en Bir Lehlu, en la parte liberada del Sáhara Occidental, el 27 de febrero de 1976.

Las fuerzas mauritanas pudieron ofrecer poca resistencia a las tácticas de guerrilla del Polisario, y Mauritania se retiró en 1979, firmando un acuerdo de paz con los saharauis, en un momento en que Marruecos había sido casi totalmente expulsado del territorio (más tarde, Mauritania reconocería la RASD). Sin embargo, por desgracia para el Polisario, durante la década siguiente la situación se modificó gracias a los aliados estratégicos de Marruecos –Arabia Saudí, Francia y USA– que ofrecieron apoyo financiero y militar, y el patrocinio para la construcción del muro militar activo más grande del mundo (Zunes y Mundy 2010, capítulo 1). De una longitud aproximada de 2.700 kilómetros, el “muro de la vergüenza” como lo llaman los saharauis, separa los territorios controlados por el Polisario de las zonas ocupadas por los marroquís, y está fuertemente reforzado por campos de minas (San Martín y Allan 2007).

Lo que colocó a Marruecos en una posición negociadora de fuerza, una vez que la ONU entró de nuevo en escena en un intento de establecer un alto el fuego, en 1991. Esta oferta se basaba en la promesa de un referéndum de autodeterminación para los saharauis. Sin embargo, esta votación fue bloqueada repetidamente por Marruecos, dejando empantanada la solución patrocinada por la ONU en el conflicto.  El Polisario, sin una opción militar realista frente a la superioridad militar marroquí y sus poderosos aliados occidentales (que no ha impedido crecientes llamados para un retorno a la guerra), ha continuado desde entonces en la vía política aparentemente estancada.

Mientras tanto, en los territorios ocupados ha emergido un movimiento no violento de la población cuya resistencia será el tema central de la próxima sección de este artículo.

Resistencia no violenta en el Sáhara Occidental ocupado: derechos humanos, reivindicaciones socioeconómicas e independencia
A principios de los años 1980, los actos de resistencia fueron en gran parte clandestinos. Las llamadas abiertas a la independencia y la soberanía sobre los recursos naturales que agobiaron a los españoles durante los últimos 18 meses en el territorio simplemente no eran pensables en medio del terror de la ocupación marroquí. Sin embargo, al margen de la esfera pública creció lo que James C. Scott calificó de “hidden transcript”, “transcripción oculta”, es decir que actos manifiestos de resistencia al ocupante se multiplicaban a puertas cerradas.

Los comunicados de radio del Polisario se escuchaban bajo mantas para amortiguar el sonido (Entrevista con Sultana Chaya, activista y presidenta de la Liga Saharaui de Recursos Naturales y Derechos Humanos (Liga Saharaui), 26.11.2014), se distribuían clandestinamente folletos pro-Polisario y se escondían en casas de seguridad, activistas buscados. Los saharauis más decididos organizaban lo que llamaban «operaciones», pintadas grafiteras y de la bandera de la RASD en las paredes de los edificios administrativos marroquíes, y sustitución de banderas marroquíes por banderas de la RASD (Comunicaciones personales con el ex desaparecido Malainin Lakhal, octubre de 2013).

James C. Scott sostiene que la resistencia pública y abierta (peticiones, huelgas, manifestaciones, etc.) es privilegio de las democracias liberales occidentales, mientras que las comunidades que no pueden protestar públicamente de forma segura usan lo que Scott califica de infrapolítica (transcripciones ocultas, actos cotidianos de resistencia y subculturas disidentes, como es el caso saharaui a principios de los años 1980) (1990).  La rebelión abierta y declarada solamente estallará entre una comunidad tan oprimida, sostiene Scott, cuando “la presión [de la indignación] aumente o cuando haya fallas en el “muro de contención” que la contiene”(1990, 197). Sin embargo, esta explicación no explica completamente el caso del Sáhara Occidental.

Combatiente del Frente Polisario

Combatiente del Frente Polisario

En 1987, cuando la represión marroquí estaba en su apogeo y las desapariciones de saharauis eran una moneda corriente y amenazante, activistas saharauis organizaron una importante protesta en pro de los derechos humanos, en El Aaiún, en un momento en que la ONU estaba de visita para comenzar a preparar el referéndum sobre el destino del territorio. Tal resistencia abierta, a pesar de la represión violenta inevitable que los manifestantes esperaban tener que enfrentar, ilustra cómo la necesidad estratégica de escenificar la resistencia ante un público externo (y con ello difundir además un discurso contrahegemónico desafiante de la hegemonía marroquí) es también importante en la explicación de por qué la resistencia se manifiesta en abierta y pública.

Mientras que, entre la invasión marroquí y 1987, la población civil saharaui en los territorios ocupados se basaba en tácticas de resistencia clandestinas y encubiertas que Scott calificaría de “armas de los pobres”, la visita de la ONU presentó una oportunidad política que los activistas trataron de capitalizar mediante el lanzamiento, por primera vez bajo la colonización de Marruecos, de una protesta abierta y masiva.

Docenas de organizadores y participantes en esta protesta de 1987 fueron desaparecidos con violencia, incluyendo a Aminatu Haidar, una de las lideresas oficiosas de la resistencia, que fue encarcelada y torturada durante cuatro años. Ella y otros 299 desaparecidos saharauis, incluyendo familias enteras en algunos casos –algunos de los cuales habían sido detenidos luego de la protesta de 1987 y otros desde los años 1970 y principios de los 80, pero todos los cuales habían sido detenidos incomunicados y sin juicio–  fueron puestos en libertad en 1991 coincidiendo con el cese del fuego (Departamento de Estado, USA 2003). La liberación de estos presos políticos contribuyó a inspirar una mayor resistencia entre una generación más joven de saharauis (Barca y Zunes 2009, 159). La llegada de la ONU en el territorio dio también a muchos activistas una mayor confianza para llevar a la escena pública sus actos de resistencia, al tener ahora puestos sobre ellos los ojos de la comunidad internacional, lo cual en sí mismo era una forma de protección (Comunicación personal con Malainin Lakhal, 13.5.2014).

Sin embargo, la realidad ha mostrado a los activistas saharauis que estaban equivocados. La MINURSO, la misión de la ONU en el territorio, tiene un aspecto muy inusual, ya que se trata de una misión de mantenimiento de la paz que no tiene un mandato para supervisar los derechos humanos. Cada mes de abril, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas vota la inclusión de la vigilancia de los derechos humanos en el mandato de la MINURSO y cada año Francia, el más fiel aliado de Marruecos, amenaza con vetar la votación, bloqueándola. De hecho, incluso cuando los saharauis son golpeados públicamente en la plaza frente al edificio de la ONU (que, por cierto, luce en su exterior una bandera marroquí pero no una bandera saharaui), el personal de las Naciones Unidas mira hacia otro lado. Algunos manifestantes saharauis contaron que al intentar buscar refugio en el edificio de la ONU fueron entregados a la policía marroquí por el personal de la MINURSO (Conversaciones con la activista política Hamza Lakhal, El Aaiún, agosto de 2014).

Las intifadas de principios de los años 1990 (mucho más pequeñas y cortas que las de 1999 y 2005, mejor estudiadas y documentadas, pero calificadas de intifadas por los saharauis), como la Intifada de las Tres Ciudades (Smara, Assa y El Aaiún) en 1991, exigían la libertad de los prisioneros políticos, protestaban contra la celebración de elecciones marroquíes en el Sáhara Occidental e incluso reclamaban la independencia [3]. Especialmente en lo relativo a esta última reivindicación, los levantamientos fueron duramente reprimidos y saldados con una serie de desapariciones forzadas y de penas de  decenas de años de prisión para los participantes.

Por esta razón, cuando tuvo lugar la intifada de 1999, inspirada por la liberación de varios presos políticos saharauis, considerados héroes, y por la oportunidad política percibida tras la muerte de Hassan II (Shelley 2004, 115), las demandas se centraron en los derechos humanos de estudiantes y trabajadores, dejando la más peligrosa reivindicación de independencia para la intifada siguiente de 2005 (M. Lakhal, com. pers., 13.5.2014). Esta última vio protestas explícitamente nacionalistas en todo el Sáhara Occidental y las áreas dominadas por los saharauis del sur de Marruecos, e incorporó a todos los sectores de la población, desde los niños de las escuelas hasta los ancianos (Stephan y Mundy 2006).

La posibilidad de cantidades comerciales de petróleo, amenaza sobre la lucha saharaui
Como se ilustra en este artículo, los recursos naturales del Sáhara Occidental han sido explotados por sus colonizadores desde finales del siglo XIX. El costo de mantener su ocupación del Sáhara Occidental está ampliamente amortizado por la capacidad marroquí de comercializar el pescado, los productos agrícolas, los fosfatos, la sal, la arena, y la energía eólica y solar de su colonia. Por ejemplo, toda la pesca en alta mar la realizan buques de pesca marroquís, y en relación a la pesca costera tradicional, muy pocas licencias se conceden a los saharauis (Grupo Parlamentario pluripartidista sobre el Sáhara Occidental, 2014). En Dajla, donde la pesca es la principal industria, sólo el 5% de los trabajadores son saharauis. La industria de los fosfatos emplea actualmente alrededor de 3.000 trabajadores, de los cuales sólo el 21% son saharauis (Grupo Parlamentario pluripartidista sobre el Sahara Occidental, 2014).

Estos últimos tienden a estar empleados en los trabajos peor pagados, como la limpieza (Entrevista personal con Sidi Breika, Representante Adjunto del Polisario en el Reino Unido, Londres, 31 de marzo de 2014) y, de hecho menos de 4% de los técnicos son saharauis. Todas las plantaciones de tomate son propiedad de la familia real de Marruecos y de poderosos conglomerados marroquíes o empresas multinacionales francesas. Ninguna es propiedad de los saharauis, ni tampoco de pequeños colonos marroquíes (Grupo Parlamentario pluripartidista sobre el Sáhara Occidental, 2014). Más al Este, los 165.000 refugiados saharauis que viven de la ayuda humanitaria en los campamentos de Argelia no reciben compensación alguna por la explotación de sus recursos naturales (ACNUR, 2015).

Joanna Allan

Joanna Allan

La potencial explotación de los yacimientos de petróleo descubiertos por los españoles en los años 1940 y 1950 aparece ahora como una amenaza en este territorio desértico y es el beneficio económico para Marruecos lo que oscurece el horizonte de las aspiraciones de independencia saharaui. La implementación de los contratos de explotación petrolera podría estar a punto de inflar drásticamente dicho beneficio. Los programas petroleros y gaseros ilegales de Marruecos actualmente conciernen seis bloques petroleros en aguas del Sáhara Occidental, cada uno de ellos atribuido a empresas por ONHYM (Western Sahara Resource Watch, 2013, 4). Dos empresas británicas, Teredo Oil Limited y Cairn Energy, son accionistas del Boujdour Offshore Shallow Block y del Cap Boujdour Offshore Bloc, respectivamente (Western Sahara Resource Watch, 2013, 4), mientras que la anglo-irlandesa San Leon inició la perforación en tierra, cerca de la ciudad de El Aaiún, en marzo de 2015.

Cairn Energy, con su socio Kosmos, trasladó su equipo de perforación para comenzar a perforar el bloque de Gargaa, de un potencial de mil millones de barriles, en diciembre de 2014. Sin embargo, la firma de los acuerdos de petróleo y gas coincide con una nueva etapa en la resistencia saharaui. La exigencia, tan destacada bajo el dominio español, de la soberanía sobre los recursos naturales surge una vez más, como se indica en la siguiente sección.

Notas:
[3] Para un análisis de la intifada de 1992 –de las Tres Ciudades– cf. Barona Castañeda (2015)
[4] Citado originalmente comos ‘Ahel essahra daau daau welkhaira ¯t illa yenba ¯‘u’ por Alice Wilson, a partir de un video de protestas filmado por Sahara Thawra. (Wilson 2013, 88).

Fuente:
Tlaxcala.

N. de la R.
Joanna es actualmente Presidente de Western Sahara Resource Watch, una red internacional de activistas y organizaciones en más de 40 países que trabajan en solidaridad con el pueblo saharaui para poner fin al saqueo de los territorios ocupados del Sáhara Occidental. Desde octubre de 2013, que ha sido una estudiante de doctorado de la Universidad de Leeds, donde enseña la historia española. Antes de esto, Joanna trabajó en Acción Nacional de Energía ( 2012-2013 ), Consorcio del Reino Unido sobre el SIDA y el Desarrollo.
La traducción es de S. Seguí-María Piedad Ossaba.
El texto ha sido editado por Fausto Giudice.


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